52 Retos·Marina·Relatos

#18 Llanto

Escribe un relato que involucre agua como elemento relevante de la historia.

La gota cayó mejilla abajo y resbaló hasta la barbilla, donde quedó temblorosa sin llegar a desprenderse, aferrándose a lo único que la mantenía lejos del temido y lejano suelo. Su destino fue inesperado y fatal cuando la palma de una mano derecha la arrastró sin piedad para acabar con ella contra un pantalón. La siguiente tuvo más suerte, pues la dueña de las fuentes de las que manaban las lágrimas había decidido no molestarse en secarse la cara y pudo resbalar lentamente para caer sin sonido sobre la cama, esparciéndose y murmurando un adiós inaudible.
Tardaría un buen rato aún en desaparecer, siendo huella obligada de un dolor desconocido. En el origen de todo la sangre salía disparada, bombeada con fuerza y cada vez a más velocidad, a medida que el aire que entraba y salía no lejos de allí aumentaba su ritmo. Las lágrimas, desgarradas de tristeza, se precipitaban a la muerte desde los enrojecidos ojos que parpadeaban con insistencia tratando de salvar a las temerarias gotas, llamándolas con muda desesperación. Más abajo, la nariz era víctima de una mucosidad inevitable y sorbía con fuerza, acompañando los ahogados sollozos que provenían de la irritada garganta, componiendo así una sinfonía común y por todos conocida. El llanto, en toda su esplendor, con todos sus elementos en triste armonía, la consumió por completo hasta acabar con sus fuerzas y recursos, hasta dejarla temblorosa sobre la cama, mojando con la mejilla la almohada y terminando con la corta y líquida vida de algunas lágrimas que aún permanecían en su rostro. El origen se relajó, como si de un suspiro se tratase, y la respiración volvió a su cauce hasta caer en la lentitud del sueño.

Marina R. Parpal
Reseñas

Asfixia #Chuck Palahniuk

FICHA TÉCNICA

Título original: Choke
Autor: Chuck Palahniuk
Traductor: Javier García Calvo
Año de publicación: 2001
Páginas: 304
ISBN: 9788483465639
Saga: No


SINOPSIS

Victor Mancini, un estudiante de medicina fracasado, ha diseñado un complejo plan para cubrir los gastos de la atención médica de su madre: fingir que se asfixia con un pedazo de comida en un restaurante para que la persona que acuda a «salvarlo» se sienta responsable de él durante el resto de su vida. Y le pase un cheque. Si se practica en varios centenares de restaurantes, la lluvia de dinero está garantizada. Entre una actuación y otra en los restaurantes, Victor también se gana la vida representando el papel de un campesino miserable en un parque temático dedicado a la América colonial del siglo XVIII, acude a un grupo de terapia para adictos al sexo (la mejor manera de conocer mujeres) y visita a su madre, cuya vena anárquica hizo de la infancia de Victor una auténtica locura. Un antihéroe en tiempos de insania, y una novela que confirma a Palahniuk como una de las voces más frescas y desopilantes de la narrativa norteamericana.


OPINIÓN PERSONAL

“Si vas a leer esto, no te preocupes.
Al cabo de un par de páginas ya no querrás estar aquí. Así que olvídalo. Aléjate. Lárgate mientras sigas entero.
Sálvate.
Seguro que hay algo mejor en la televisión. O, ya que tienes tanto tiempo libre, a lo mejor puedes hacer un cursillo nocturno. Hazte médico. Puedes hacer algo útil con tu vida. (…)
No te vas a volver más joven.
Al principio lo que se cuenta aquí te va a cabrear. Luego se volverá cada vez peor.”

Y tras un comienzo como este, que reta al lector de manera tan directa, lo único que puedes hacer es seguir leyendo. Así es el ser humano, si le dices que no haga eso, los hará con más ganas todavía. Y es con la naturaleza del ser humano con la que juega Chuck Palahniuk.

Nos muestra la parte más denigrante, pervertida y olvidada de la sociedad para crear una novela que te hará pensar. Antes de empezarlo había leído alguna critica diciendo que superaba con creces a El club de la lucha y, aunque no puedo decir que sea cierto (al menos según mi opinión), veo el por qué de esta comparación, más allá de que compartan autor. Y en este libro también encontramos un giro final inesperado que te destripa todo lo que habías pensado hasta el momento y eso es algo que siempre me encanta.
El libro es un conjunto de chistes completamente negros y verdes, unidos con un protagonista asqueroso y alguna reflexión, y algún que otro flashback mostrándote la dura infancia del protagonista. Y es por eso que es tan buena. Nada más entrar en el mundo de este libro el autor ya te advierte, y a medida que la trama avanza te vas dando cuenta de que es mucho más. Hay momentos tan absurdos que no puedes evitar reírte, y es cuando aprovecha Palahniuk para meterte una gran cita o un pensamiento filosófico. Y sigues leyendo y mientras empeora todo (se vuelve más asqueroso si cabe) también empieza a mejorar, mostrándote esperanza donde no creías encontrarla.
El final es tan diferente a como empieza que me he quedado un par de minutos meditando (lo he acabado hace unos 15 minutos escasos). Así que no tengáis ideas preestablecidas cuando vayáis (si decidís hacerlo) a leer este libro, pues el autor os romperá la mente y será vuestra tarea reconstruirla de nuevo.
Aunque quizá sea esa la intención.
Es un gran libro que, según mi opinión, merece recibir una oportunidad, y alguna más cuando creáis que la trama no llega a ningún parte o es demasiado asquerosa. Porque sí que llega a alguna parte, aunque seguirá siendo asquerosa, pero ahí reside su encanto.

Aquí os dejo fragmentos del mismo capítulo, que me ha encantado:

“Con el mundo entero dividido en propiedades privadas, con límites de velocidad, zonas, impuestos y regulaciones, con todo el mundo sometidos a exámenes, registrado, con dirección conocida y figurando en los registros. Nadie había dejado mucho espacio para la aventura, salvo tal vez la que uno podía comprar. (…)
Las mismas leyes que nos mantienen a salvo nos condenan al aburrimiento.
Sin acceso al caos verdadero, nunca lograremos la paz verdadera.
A menos que todo empeore, nada puede mejorar.”

“Lo irreal es más poderoso que lo real.”

“Porque solamente duran las ideas intangibles, los conceptos, las creencias y las fantasías. La piedra se resquebraja. La madera se pudre. La gente, en fin, muere.
Pero las cosas tan frágiles como un pensamiento, un sueño, una leyenda, pueden continuar para siempre.
Si puedes cambiar la manera en que piensa la gente, le decía. La forma en que se ven a sí mismos. La forma en que ven el mundo. Si lo haces, puedes cambiar la forma en que la gente vive su vida. Y esa es la única cosa duradera que puedes crear.”

Definitivamente este no es un libro para todo el mundo. A muchos os repugnará, y eso quiere decir que tenéis alma. Pero si decidís empezarlo y llegar hasta su final, dudo mucho que os defraude, pues es una novela que te hace pensar y te acaba mostrando que la esperanza es lo último que se pierde, junto a las adicciones y los traumas.


VALORACIÓN


¿Lo habéis leído o queréis hacerlo? ¿Qué opináis?


Divagaciones

¿Qué quieres ser de mayor?

Ya hemos dejado atrás las navidades y con ellas las interminables comidas familiares y los temas que se repiten cada año. Que si la corrupción (“son todos unos ladrones, pero, ¿qué podemos hacer?”), que si los amores, que si la universidad… Y siempre, sea la festividad que sea, con la parte de la familia que haya tocado ese día, siempre preguntan el típico “¿qué quieres ser de mayor?”
Yo siempre he sido muy indeciso (solo hay que comentar que escogí mi carrera cuando habían salido las notas, aunque ya la había considerado con anterioridad) y esa pregunta siempre me ha cabreado. Muy poca gente tiene clara su visión de futuro desde un primer momento (afortunados o no, eso ya es opinión de cada uno), los demás vivimos una constante lucha interna para decidir nuestro destino.
Una persona no debe ser simplificada a su trabajo o carencia de este, por eso veo una estupidez que siempre se pregunte lo mismo. Porque a parte de la mera curiosidad también se esconde una opinión acerca de lo que se responda. Si quieres hacer arte, no tienes futuro, si quieres hacer Psicología no tienes salidas, si vas a hacer Medicina, que cómo puedes aguantarlo (“¿tú ya sabes dónde te has metido?” Sí, mamá, lo sé perfectamente). No se dan cuenta que con esto lo único que consiguen es hacernos más indecisos, porque por mucho que lo tengamos muy claro, estos comentarios nos desestabilizan. Deja de lado los prejuicios que te vaya soltando la gente, que por mucho que sean familiares o amigos, solo te perjudicaran.
Yo estoy estudiando primero de Medicina y siempre que lo comento no paro de recibir comentarios sobre lo difícil que es, que cómo lo aguanto, qué especialidad quiero hacer… Estoy en primero, señores, ¡dejenme vivir! 
Vivimos en una sociedad en la que toda la vida de una persona está basada en el trabajo. Tanta educación no es para ese mismo propósito, el de educarnos, sino para que seamos eficientes en un futuro no demasiado lejano. Siempre hay excepciones, os encontraréis muchos profesores que quieren que aprendáis en sus clases, más allá del hecho de que si aprendéis sacaréis mejores notas. Os voy a contar un ejemplo de todo lo contrario: yo hice el bachillerato de ciencias, pero en la Selectividad (esa palabra tan temida, de la cual va a depender toda tu vida, ¿no? Si sacas malas notas no vales nada, o eso les gusta que creamos) hice el examen de matemáticas de ciencias sociales, porque ya llevaban unos cuantos años teniendo errores los del científico. Y, claro, el profesor de mates del científico se enfadó mucho, porque la nota no constaba en su expediente, y desde entonces siempre que nos ve nos lo echa en cara.
Esta clase de profesores, a los que solo les importan sus propias notas, ¿qué hacen con su vida? Si les da igual si aprendemos o no, si crecemos como personas en sus clases, ¿por qué se han metido en ese trabajo?
Si tú mismo te preguntas qué quieres ser de mayor, quiero que sepas que nadie va a responder por ti, y si lo hacen, es que no te quieren tanto como dicen. Tienes que buscarte tu propio futuro, créate tu camino y síguelo hasta el final, aunque tengas que hacer todos los desvíos necesarios. Tómate tu tiempo para admirar el paisaje, disfruta del momento, y ten siempre presente cual es tu intención en la vida, aquello que más deseas y por lo que estás dispuesto a luchar con uñas y dientes para conseguirlo. De vez en cuando cuestiónate todo lo que haces, para saber si sigue siendo aquello que quieres. Imagínate como será tu vida en 10 años, y si no estás luchando por cómo quieres que sea, tendrás que cambiar algo. No tengas miedo de equivocarte, mientras creas que estás haciendo lo correcto. Lucha por tus sueños, pues nadie más lo hará por ti.
Pero ante todo no pares de disfrutar de la vida, llénala de buenas conversaciones y buenos libros. Abre tu mente en todo momento, pues podrás ver el mundo con ojos nuevos cada día.

Si tú no trabajas por tus sueños, alguien te contratará para que trabajes por los suyos.” Steve Jobs

Guillermo Domínguez
52 Retos·Relatos

#7 Crónica de un Acosador de Famosos

Escribe una historia ficticia sobre un encuentro con una celebridad en un restaurante.


-¿La coca cola la quiere grande?
-Si, por favor.
-Pues son 23,35€
-Aquí tiene -dijo, entregándole un par de billetes y toda la calderilla que llevaba en la cartera-.
Tras recoger el cambio cada uno cogió su bandeja, y se dirigieron hacia la parte de arriba del restaurante. Allí empezaron a comer, discutiendo sobre política, literatura y demás temas serios cuando ella se calló de pronto y se quedó toda pálida.
-No te gires, pero ahí detrás está Patrick King.
Sus instintos más primarios incitaron a David a girarse, pues quería comprobar con sus propios ojos si era cierto que uno de sus autores favoritos estaba en el mismo restaurante que ellos. Así que poco a poco, con disimulo, giró la cabeza, analizando mesa por mesa, hasta que, al lado de la puerta de los servicios, le vio. Lo primero en lo que se fijó fue en su barba, tan larga como la representaban en las fotos. 
Allí estaba, el escritor de Crónica de un Asesino de Archiduques. ¡Había imaginado tantas veces ese momento que no se lo podía creer! Desde el momento que había leído la primera parte, El Pseudónimo del Aire, había querido conocer a ese hombre, agradecerle por unos libros tan bien escritos. Incluso había escrito un relato en el que lo conocía, pero cambiando los nombres, no fuera que creyeran que era un fan acosador/psicópata o algo por el estilo.
Aunque no solo quería felicitarle por su carrera de escritor, pues también tenía algún reproche que hacerle.
Estuvieron un rato discutiendo sobre qué hacer. Ella quería abordarlo directamente, sin miramientos, mientras que él creía que la mejor táctica sería fingir que iban al lavabo y se lo encontraban de golpe.
Tras comprobar que los argumentos de Rita eran más inteligentes (y que sabía jugar mejor a piedra-papel-tijeras), decidieron seguir su plan.
Así que se levantaron de sus asientos y fueron directos hacia él. Cuando estaban delante le querían preguntar tantas cosas que los nervios les dejaron mudos. Tras estar delante suyo durante un minuto (en el que él siguió comiendo su hamburguesa como si nada) fueron a darse la vuelta, humillados.
-¿Queréis que os firme un libro o algo?
Les estaba hablando a ellos. 
-Claro, señor… -empezó a decir David-.
-¡Quiero que publiques el maldito libro, barbudo cabrón! Llevo años esperando, ¡AÑOS! No me vengas ahora a decir que si quiero que me firmes. Lo que me estás haciendo sufrir no es normal. Eres un pedazo de escritor, pero te estas riendo de todos tus fans. No juegues con nuestros sentimientos, ¿vale? ¡Es que encima lo tienes escrito! Si no te apetece escribir más pues lo publicas tal cual, porque ya lo tienes, estoy segura. Y por si no fuera poco, te dedicas a escribir otras cosas, como para hacernos más amena la espera… Que publiques ya el libro, ¡coño! 
Y salieron de allí tan contentos, con el libro bajo los brazos y una sonrisa en sus labios.
Todo esto lo escribo desde el despacho del jefe de seguridad del súper mercado. Nos ha dejado un momento mientras pone una denuncia o algo por el estilo. Parece ser que acosar a un cliente (y más si es famoso) no está bien visto… ¡Gentuza!
Guillermo Domínguez
52 Retos·Marina·Relatos

#17 Bipa

Escribe una entrada de diario para tu personaje ficticio favorito.

Querido diario: Hola, diario:
El imbécil de Aer sigue igual que siempre. Ahora va y me regala un diario. Es el colmo. Lo ha hecho con materiales que ha ido encontrando, según me ha dicho, pero estoy segura que le ha robado el papel a su madre y que la encuadernación la ha hecho con pieles de mi padre. ¿Cuando aprenderá? No sé qué tiene en la cabeza este chico. Admito que le habrá costado mucho esfuerzo hacer este diario que, además, es verdad que es precioso: ha dibujado unas figuras que se supone que somos nosotros mirando la espeluznante estrella pálida que tanto admira. Aunque siempre me produce escalofríos verla lejos en el firmamento, en el dibujo no se ve reflejado su resplendor y eso me deja pensar que el dibujo es bonito e incluso… ¿tierno? De todas formas, es una pérdida de tiempo.
Pronto se irán los adultos más fuertes a cazar en los túneles y los que aún no tenemos edad suficiente tendremos que ocuparnos de todo. Y Aer vagando y mirando dibujos extraños, recogiendo cuarzo y soñando tonterías, cuando debería estar cuidando un rebaño o ayudando en alguno de los huertos o… cualquier cosa que no sea eso. Me parece vergonzoso que su madre no se imponga un poco, aunque la pobre nunca se recuperó, ya lo sé… Bueno, no voy a seguir por ahí porque si Aer lee esto solo alimentará sus fantasías. Lo voy a tener que esconder bien. Por si acaso: Aer, si lees esto que te quede claro que me parece una tontería. Ale, ya está. No sé si quiera porqué he empezado a escribir. Creo que necesitaba desahogarme, ya que él no quiere escucharme. Y no voy a tirar algo que ha gastado tantos recursos de las Cuevas. No sé por qué Aer se empeña en perseguirme y hacerme partícipe de sus estupideces. Todas las chicas de nuestra edad lo miran suspirando y se estremecen con solo una de sus sonrisas soñadoras. Todas desearían hablar con él, recibir toda esa atención que me dedica solo a mí, sinceramente, creo que solo para molestarme. Este chico es de lo más molesto que hay, creo que si no va con alguna de esas incomprensibles adolescentes (sé que se supone que yo también lo soy, pero no me gusta considerarme así, yo sé dónde tengo la cabeza) es porque entonces sería fácil y yo viviría tranquila. En fin, parece que mi padre se ha vuelto a dormir en la butaca, iré a taparlo para que no coja frío y después a dormir, que ya me he entretenido bastante y mañana me espera el rebaño listo para marchar.

Bipa. Yo.
Marina R. Parpal
Reseñas

El ángel más tonto del mundo #Christopher Moore

FICHA TÉCNICA

Título original: El ángel más tonto del mundo
Autor: Christopher Moore
Año de publicación: 2004
Páginas: 226
ISBN: 9788498002782
Saga: No


SINOPSIS


Advertencia del autor:
Si adquiere este libro en calidad de regalo para su abuelita o un crío, debería ser consciente de que contiene palabrotas y suculentas descripciones de canibalismo, así como actos sexuales entre cuarentones. No me echen la culpa. Se lo advertí.

Falta una semana para Navidad, pero no todo el mundo es feliz en el pueblecito de Pine Cove (California). El pequeño Joshua Barker necesita con urgencia un milagro navideño. Y no es que esté moribundo, ni que su perro se haya escapado de casa: es que Josh ha visto cómo a Santa Claus le abrían la cabeza con una pala. Ahora solo anhela una cosa: que el viejo barbudo regrese de entre los muertos. Lo que no puede imaginar es que alguien esté escuchando sus plegarias… Aunque no destaque por ser, precisamente, el más listo de los ángeles.


OPINIÓN PERSONAL

No, no es precisamente el más listo de los ángeles. Como indica el libro, es de lo más tonto. Sin embargo, aunque parezca que el arcángel Raziel va a ser el protagonista de este relato, personaje hilarante que nos guiará a través de la Navidad en Pine Cove, este aparece más bien poco, dejando que sean los propios pueblerinos los que construyan la historia a través de sus ocurrencias, manías y personalidades un tanto… peculiares.

Aunque cuando lo empecé, esperando reírme a carcajadas desde el minuto 0, me dejó más bien fría, pensando que el humor residía en obscenidades y personajes malhablados (el autor hace bien con su advertencia, pues no le regalaría este libro a mi abuela), en seguida empecé a conocer a cada uno de los protagonistas de este “cuento de terror navideño” y a reírme disimuladamente en el tren. El humor que Christopher Moore consigue crear con esta historia es interno, me sentía como cuando ríes con tus amigos de bromas que un extraño no podría comprender porque no os conoce lo suficiente. En 226 páginas llegas a conocer las vidas del grupito navideño del pueblo (sin olvidar ese otro grupo que no gozan de tan buena salud), entendiendo porqué hacen lo qué hacen y dicen lo qué dicen.
¿Mis personajes favoritos? Sin duda, Theo, el alguacil hippie y Kendra, la Nena Guerrera de Allende de la Frontera (o Molly). Esta pareja crea una dinámica que me ha hecho reír a carcajadas. ¿Y Raziel, el ángel idiota? Pues anda por ahí, en un segundo plano, haciendo de las suyas y tratando de complacer a Josh y llevar a cabo el milagro de Navidad encargado. Si queréis saber si lo consigue, tendréis que leer el libro hasta el final. Ah, el final… Después de saber cómo esos peculiares personajes han llegado hasta sus situaciones actuales (amorosas, sobretodo) te preguntas: ¿Y qué será de ellos? ¡Tranquilos! El autor pensó lo mismo y escribió un relato posterior a la novela que se situa un año después de la cena de Navidad y donde descubrimos qué sucedió después del paso de Raziel por Pine Cove (el relato aparece al final de la publicación y tiene 30 páginas). 
Este libro me ha dejado con muy buen sabor de boca y aunque mientras lo leía iba diciendo “es demasiado absurdo, no hace ni gracia” en seguida descubrí que ese absurdo puede conmigo y es lo que ha hecho que puntúe con un 4/5 la historia. Lo recomiendo mucho y por mi parte voy a leer más a este autor.


VALORACIÓN


¿Lo habéis leído o queréis hacerlo? ¿Qué opináis?

52 Retos·Relatos

#26 Felina

Escribe un relato con un diálogo o frase que escuches esta semana. Imagina el contexto de esa conversación.

-Hola, soy Elisabeth. Te he estado esperando.
Cuando me giré vi a una chica delante de mí, con una sonrisa tímida en la boca. Estaba allí de pie, entre las estanterías llenas de libros de segunda mano.
-Perdona, ¿te conozco?
-No creo, pero yo a ti sí. Solo quería darte este libro. Adiós.
Tras decir esto me entregó un libro envuelto en papel de regalo, dio media vuelta y se fue de allí, dejándome con todas las preguntas en la boca. 
Cuando llegué a casa abrí el libro y empecé a leerlo, en busca de alguna respuesta sobre lo que acababa de pasar. “El sueño del caracol”. No era más que un libro de autosuperación, en la que un hombre aburrido tiene cada noche un sueño en el que se ve a sí mismo en una galería de arte. El hombre empieza a obsesionarse con los cuadros que ve, no para de pensar en ellos en todo momento. Incluso pierde su trabajo porque está constantemente distraído. Así que decide pintarlos él mismo, recordando su pasión por la pintura cuando era joven. Cuando los acaba le entra un ataque de rabia hacia los lienzos y sale a la calle para lanzarlos a la basura, por todo el daño que han producido en su vida. Pero entonces se encuentra una mujer en la calle que se los quiere comprar, pues logra ver entre las pinceladas un gran talento. Después de una pequeña discusión en la que el protagonista está dispuesto a destruir las pinturas, acaba vendiéndolas, así al menos saca algo de provecho de la situación. Unas semanas más tarde siente la necesidad de volver a verlas, pues nota un vacío en su interior. Es entonces cuando entra a la galería de arte en la que están expuestas, y se da cuenta de que ese era precisamente su sueño.
Moraleja: sigue tus sueños, incluso en el sentido más literal.
Y es en la última página en la que encontré un número de teléfono. Sabiendo a quién me iba a encontrar en la otra línea, decidí llamar. 
-Parece que se acabó la espera.
Después de hablar durante un rato acabamos quedando en la cafetería que está enfrente de la librería en la que nos vimos por primera vez. Allí ella me contó que estaba estudiando Historia del Arte, y que durante una visita rápida a la librería después de las clases me había visto mirar esa misma novela. No sabía exactamente cómo fue, quizá fue en la mirada o en la manera de moverme, pero supo que necesitaba ayuda. Así que decidió comprármelo, a la espera de volver a verme y poder entregármelo en mano. 
Tras esa charla empezamos a quedar cada martes, y poco a poco intimamos. Fue cuestión de tiempo que empezáramos a salir. Ahora que lo pienso quizá fue incluso demasiado pronto… 
Un día, cuando habíamos salido de la inauguración de una nueva librería, le expliqué lo que le había pasado a mi antigua novia. Me costó mucho explicarle su muerte, no lo había hablado con tanta profundidad con nadie. Iba a declararme el día en que fue atropellada por un camión. Fue por culpa de eso que me vio deprimido y me regaló el libro, supongo.
Solíamos ir a museos, donde ella me lo explicaba todo de cada cuadro. Me contó que su sueño era ser la dueña de una pequeña galería de arte en el centro, de ahí que le llamara la atención El sueño del caracol. Se la veía tan emocionada, tan alegre mientras me hablaba de los contrastes y la historia detrás de cada cuadro que me enamoré de ella. En aquel momento pasé página, superé la muerte de Casandra y me lancé a los brazos de Elisabeth. 
Yo también le expliqué mis sueños, esperanzas en la vida… Había perdido mi trabajo en una gran empresa de investigación bioquímica, en la que estaba muy contento. Tras semanas buscando trabajo había conseguido un puesto en otra empresa, esta vez alimenticia, controlando y diseñando nuevos productos. Odiaba mi trabajo, pero las deudas se acumulaban. Mi sueño desde que era pequeño, y que había motivado mis estudios, era ser científico, para poder mejorar la calidad de vida de la humanidad. 
Un mes después ella vivía más en mi piso que en el suyo (en el cual solo había estado una vez), así que decidí que podría mudarse conmigo. Fue una decisión demasiado precipitada, de la cual ahora me arrepiento, pero estaba ciego. Viví unos meses muy felices, en los que los problemas del mundo exterior dejaron de importarme. 
Quiero pensar que ya sospechaba que algo iba mal, pues había cosas que no encajaban. Nunca me hablaba de su familia, por ejemplo.
Un día, mientras paseábamos a la salida del Museo de Arte Contemporáneo nos encontramos a una chica de unos 15 o 16 años, a la que abrazó como si hiciera tiempo que no veía. Era bastante bajita, con el pelo rizado y rubio, y tenía un collar con una piedra morada en el centro. Estuvieron hablando sobre sus “proyectos”, y sobre que hacía tiempo que no se veían por la academia de inglés (primera noticia de que Elisabeth iba a una). Helena, pues así se llamaba la chica, dijo que llevaba unos meses sin ir, porque había encontrado otra academia mejor y más barata, que un día tenían que quedar para hablarlo. ¿Qué motivos tenia para sospechar que nada de eso era cierto?
Fue por esa época en la que empezaron a desaparecerme cosas del piso. Primero fue algún disco viejo, libros que no hacían más que acumular polvo… Hasta que un día me desapareció una antigua radio que me había regalado mi padre cuando era pequeño. Le pregunté si sabía dónde estaba, y me contestó que la había vendido, tal y como habíamos acordado. Tras discutir un buen rato (no había podido vender algo tan importante para mí, y menos que no me acordara de haberlo hablado) ella acabó dándome el dinero, creyendo que eso lo iba a solucionar todo. 
A partir de ese día empecé a sospechar de ella. Noté que tenía comportamientos o manías “inusuales”, por decirlo de alguna manera: a veces salía al balcón en medio de la noche para hablar con alguien por teléfono, giraba la cara cuando veía pasar algún agente de policía cerca… Antes creía que eran estupideces (me había comentado en alguna ocasión que durante la adolescencia había participado demasiado activamente en manifestaciones, lo que le habían llevado a tener encontronazos con la policía y alguna noche en el calabozo), pero su manera de ser empezó a resultarme cada vez más extraña.
Entonces un día, mientras estaba trabajando en un nuevo producto que iba a lanzar al mercado la compañía ella me envió un mensaje diciendo que quedábamos en el parque de las afueras de la ciudad, pues teníamos que hablar. Estaba seguro de qué quería hablarme, así que fui allí directamente, en el montículo donde nos gustaba sentarnos y ver el atardecer. El sol se escondió tras las montañas, y ella no venía. La llamé muchas veces, pero solo me contestaba una voz mecánica indicándome que dejara un mensaje después de la señal. Me cansé de esperar y fui hacia mi piso, esperando encontrarla allí, en el sofá, maldiciéndose por haberlo olvidado o algo por el estilo.
Ni siquiera estaba el sofá. Todos mis muebles, mis posesiones, todo había desaparecido. Busqué habitación por habitación, pero no quedaba nada. Lo único que encontré entre las paredes vacías de mi casa fue un libro. Me agache para cogerlo y allí estaba, El sueño del caracol. Llamé a la policía y ellos me comentaron que no era la primera vez que pasaba, muchos hombres ya habían denunciado a esa supuesta “Elisabeth” (ya dudaba hasta de su nombre…). 
La policía, tras inspeccionarlo todo, se fue, dejándome solo en esa casa vacía, con la única compañía del libro que había empezado esa desgracia. Lo alcé a la altura de mis ojos, pensando en cómo había cambiado mi vida ese estúpido trozo de papel, cuando de pronto cayó una carta de entre las últimas páginas.
Querido John, 
La mayor cualidad del ser humano es la potencia. Todos nosotros tenemos potencial para ser y crear lo que queramos. Pienso que simplificar la naturaleza humana en “buena” o “mala” ha sido siempre un error, con solo mirar la historia podemos ver ejemplos de los dos tipos. El ser humano puede crear o destruir, pero solo si se lo propone. Todas las limitaciones que nos ha creado la sociedad nos impiden llegar a ese potencial, y cada uno de nosotros debe encontrar la manera ser libre.
Y al desaparecer todas las distracciones que te impedían luchar por tus sueños, te he dado esa posibilidad. Lo que hagas a partir de ahora ya no es de mi incumbencia, pero solo espero que sepas aprovecharlo de la manera adecuada.
Deseo lo mejor para ti,
María

Guillermo Domínguez