Reseñas

Las ovejas de Glennkill #Leonie Swann

FICHA TÉCNICA

Título original: Glennkill
Autor: Leonie Swann
Traductor: María José Díez y Diego Friera
Año de publicación: 2005
Páginas: 311
ISBN:  9788498380811
Saga: Las ovejas detectives (1)


SINOPSIS

En una colina cercana a la apacible y pintoresca aldea de Glennkill, un rebaño de ovejas rodea el cadáver de un hombre. Se trata de su pastor, George Glenn, que ha amanecido muerto en la hierba con una pala atravesándole el pecho. ¿Quién puede haberlo asesinado? ¿Y por qué? De inmediato, las rumiantes se reúnen y, una vez acordada la conveniencia de investigar, se ponen en marcha. Por fortuna para el lector, el pastor las ha dejado inusualmente preparadas, ya que su impulso indagador deriva de la costumbre de George de leerles un rato todas las noches: algunos cuentos de hadas, muchas novelas románticas y algún tratado de enfermedades del ganado lanar, e incluso parte de una novela policíaca. Aunque pronto quedará claro que no van a faltar sospechosos, descubrir al asesino no será tarea fácil, por lo que Miss Maple y sus espabiladas compañeras deberán hacer gala de la antigua sabiduría ovina, de sus afilados poderes de observación y de lo que aprendieron de los libros si quieren descifrar con éxito las enigmáticas claves del comportamiento de los humanos, esos seres extraños…


OPINIÓN PERSONAL

Esta fue la primera novela de la autora y no defrauda en absoluto. Había oído hablar de ella y con ese planteamiento me moría ganas de leerla. No solo es refrescante y entretenido, te ayuda a ver nuestros comportamientos humanos de una forma distinta, aprovechando que usa otra especie. En cierto modo, se puede comparar con lo que hace Edurardo Mendoza en Sin noticias de Gurb, aunque esta novela no es ni por asomo tan hilarante como lo es la del autor español. Como dice Rosa Montero en un artículo que hizo para El País titulado ¿Por qué no se me ocurrió escribir sobre ovejas?, no se limita a personificar las ovejas para crear una novela tierna o de humor, sinó que las protagonistas son ovejas reales, que actúan como se esperaría de estos animales y con una visión claramente ovejil de la vida. El misterio de la novela, quién ha asesinado a George, también está bien construido pero el relato se pierde tanto en los entresijos, aventuras y comportamientos del rebaño que el lector olvida que había un asesinato por resolver.

Las ovejas se presentan antes del inicio de la narración, como si de una obra de teatro se tratara y son personajes planos que no salen de sus manías y actitudes habituales.

Dramatis Oves por orden de aparición

MAUDE: tiene buen olfato y está orgullosa de ello.

SIR RITCHFIELD: el manso (macho que sirve de guía al rebaño); ya no es ningún jovencito, el oído le falla y tiene mala memoria, pero conserva su buena visión.

MISS MAPLE: la más lista del rebaño, tal vez la más lista de Glennkill y posiblemente incluso la más lista del mundo. Curiosa y terca, a veces se siente responsable.

HEIDE: traviesa y joven, no siempre piensa antes de hablar.

CLOUD: la más lanuda del rebaño.

MOPPLE THE WHALE: el memorioso: jamás olvida nada. Carnero merino muy gordo y de cuernos acaracolados, casi siempre tiene hambre.

OTHELLO: carnero de las islas Hébridas con cuatro cuernos y un pasado misterioso.

ZORA: enigmática y de cabeza negra, es la única hembra con cuernos del rebaño de George.

RAMSES: joven carnero con los cuernos aún bastante cortos.

LANE: la más rápida del rebaño, de pensamiento práctico.

SARA: una oveja madre.

UN CORDERO: no tiene nombre pero ha visto algo.

MELMOTH: hermano gemelo de Ritchfield, un carnero legendario desaparecido y reaparecido.

CORDELIA: le gustan las palabras peculiares.

MAISIE: ingenua y joven.

EL CORDERO DE INVIERNO: un agitador difícil.

WILLOW: la segunda oveja más taciturna del rebaño, cosa que nadie lamenta.

EL CARNERO DE GABRIEL: un macho muy raro.

FOSCO: se considera listo, y con razón.

Sin embargo, eso no supone para mí un aspecto negativo, puesto que no espero que una oveja sea profunda y con un comportamiento racional, por lo que si Mopple insiste continuamente en pastar y solo piensa en comida, no me sorprendre, sinó que lo atribuyo a su condición de oveja comilona y sonrío con ternura. Es verdad que las ovejas protagonistas experimentan una ligera evolución sencilla, ya que las aventuras que viven a través de la investigación les hacen ver el mundo de manera distinta.

Mi personaje favorito: Othello, el carnero negro de cuatro cuernos. Este es el único miembro del rebaño con un pasado que le da profundidad al personaje y condiciona su evolución y decisiones. Creo que por eso me ha gustado más que el resto, ya que veía más posibilidades de sorprender.
¿Y mi personaje favorito humano? George, aunque esté muerto desde el principio, siendo su asesinato el eje de la novela. A través de su rebaño y conversaciones que este oye entre los humanos, conocemos al amable pastor, con sus costumbres, su relación con las ovejas y con sus congéneres bípedos. Las ovejas lo aman tanto y luchan tanto por desenmascarar a su asesino que finalmente no puedes sino sentir su pérdida con gran dolor.

Un aspecto que destaco de la novela es el cura del pueblo, ya que las ovejas no comprenden el concepto de religión o fe, creen que se llama Dios, lo que lleva a algunas críticas sobre la religión, mencionadas por encima por las conclusiones que sacan las ovejas.

Zora es otra oveja que me ha gustado mucho, aunque su papel no sea determinante en la novela, tienen un carácter fuerte y sus reflexiones son profundas y distintas al resto del rebaño. Los pensamientos de esta oveja han sido mis favoritos.

Tengo que añadir que hay partes en las que se insiste demasiado en un mismo tema y se puede hacer un poco repetitivo, pero en general he disfrutado el libro y lo recomiendo como lectura amena. Además las descripciones que hace la autora del lugar, de las ovejas, de las personas… son maravillosas.

Cita que destaco:
Durante la noche, las hadas habían estado bailando en la hierba y dejado miles de gotas de agua. El mar lucía sus mejores galas: azul, claro y liso, y en el cielo se veían nubéculas lanosas. Según la leyenda, esas nubes eran ovejas que un buen día se habían aventurado más allá del acantilado, ovejas elegidas que seguían pastando en el cielo y nunca eran esquiladas. En cualquier caso, eran una buena señal.

En resumen, una novela original y divertida que revoluciona la novela negra, si es que se puede incluir en ese género.


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52 Retos·Guille·Relatos

#10 Axel

Escribe sobre un recuerdo de tu niñez.

Es lo que pasa con los recuerdos de niñez, que cada uno tiene su propia versión, y acabas sin saber si lo que estás contando es lo que realmente pasó o está influenciado por la memoria de los demás. De este recuerdo en particular conservo una fotografía, por lo que más o menos puedo recurrir a ella cada vez que dude si es real o no. Ojalá pudiéramos hacer lo mismo con todo lo demás.
Mi hermano Axel acababa de nacer, por lo que todos en la familia estábamos muy contentos (y los que dormíamos en la misma casa que él un poco cansados). Ese día se estaba echando la siesta cuando yo, en mi papel de hermano mayor protector y sin poder dormir por su culpa, decidí echarle un vistazo. Entré en su habitación y me asomé a su cuna, y lo vi allí tan tranquilo, que algo tenía que hacer para romper la paz de la escena. Miré alrededor y lo único que encontré que pudiera usar fue un pequeño peluche de conejo, que le acababan de comprar. Lo cogí de la estantería y, poco a poco, fui acercándoselo a la cuna, preparado para salir corriendo en caso de que se despertara de pronto y rompiera a llorar. Y conseguí colocárselo al lado,

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Reseñas

Casi un objeto #José Saramago

FICHA TÉCNICA

Título original: Objecto Quase
Autor: José Saramago
Traductor: Eduardo Nadal Herrero
Año de publicación: 1978
Páginas: 208
ISBN:  9788466316330
Saga: No


SINOPSIS

Colección de siete cuentos, cuyo eje principal son objetos, un auto, una silla, un barco. En “Silla”, una carcoma va royendo el asiento de Salazar hasta que cae la dictadura. “Embargo” nos cuenta la ocupación de un hombre por un automóvil, mientras la gasolina va acabándose y la muerte se cierne sobre ambos. En “Reflujo”, un único cementerio va absorbiendo todos los demás, hasta la muerte del monarca. En “Cosas” el autor imagina una ciudad sometida a una dictadura absoluta. Un último ser fantástico, mitad hombre y mitad caballo, se esconde desde hace siglo en las sombras de “Centauro”. Y “Desquite” es una parábola en la que un muchacho se lanza a un río sabiendo que en la otra orilla lo espera una chica desnuda.


OPINIÓN PERSONAL

Mediante siete relatos Saramago nos va enseñando diferentes historias centradas en diversos objetos (bueno, y un centauro). Cada relato es un mundo: algunos son sublimes mientras que otros se hacen bastante pesados en algunos momentos.

“Silla”, por ejemplo, es bastante lento, pero me ha gustado el hecho de que, mediante una simple silla que cae, sea capaz de mostrar un momento tan importante para la historia de Portugal, como es la caída de su dictador Salazar. Conocía muy poco de esta figura histórica, por lo que este relato me ha servido para conocer más del pasado del país vecino.

Con “Reflujo” he tenido una especie de déjà vu, ya que es muy parecido a Las intermitencias de la muerte, del mismo autor. Los dos hablan de la muerte en un país, aunque de maneras diferentes, pero no he podido evitar pensar que una de las historias le sirvió como inspiración para la otra.

El relato “Cosas” es, para mí, el mejor. Nos muestra una sociedad distópica, en la que la sociedad está divida por clases que se diferencian por la letra que esté dibujada en la palma de la mano. El objetivo de la población es el de subir de “letra”, así ser considerados superiores. Incluso se denuncian unos a otros para conseguir ese objetivo. Y de pronto los objetos empiezan a rebelarse contra las personas: una puerta que golpea en la mano a los que la abren, un sofá que tiene fiebre, edificios enteros que desaparecen… Me ha parecido magnífico, como los humanos son prácticamente objetos, todos copias de los demás, que obedecen a un gobierno que les engaña mediante los medios de comunicación. Aunque solo sea por este relato, merece la pena leer el libro entero.

El relato “La isla” también me ha gustado mucho, con una moraleja clara que busca la reflexión personal. Y el castillo con sus múltiples puertas me ha parecido curioso, como la crítica a la burocracia que conllevan esas puertas.

“Embargo” me ha parecido interesante, pero es casi como una introducción a “Cosas”, porque el conflicto es el mismo: un objeto que se rebela contra su dueño. También muestra como se comporta el ser humano en situaciones de crisis, como es el caso de una falta de gasolina, y como todos los conductores se vuelven locos por conseguir lo poco que quede. “Centauro” me ha parecido muy lento, y con un final bastante esperado, aunque tiene momentos interesantes, como cuando se encuentra con una figura literaria española muy importante, Y por último, “Desquite” es tan corto, que prácticamente no vale la pena hablar de él, porque tampoco me ha transmitido demasiado.

“Todo hombre es una isla […] es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros.”

En resumen, un conjunto de relatos que vale la pena leer, aunque solo sea por algunos de ellos, que realmente son geniales.


VALORACIÓN


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Divagaciones

Decálogo del joven escritor

El otro día leí un artículo llamado “The middle of things: Advice for young writers” en la revista The New Yorker. El artículo, escrito por Andrew Solomon, es un discurso adaptado que el autor pronunció en los Whiting Writer’s Awards y trata de dar algunos consejos a los jóvenes escritores, usando como punto de referencia las ya conocidas recomendaciones que aparecen en Cartas a un joven poeta de Rainer Maria Rilke. 
El columnista basa su argumentación en la importancia del punto medio de las cosas, puesto que considera que ese punto es menos emocionante que el principio y menos dramático que el final. También recuerda al lector que no hay una madureza significativa sin que haya existido un principio igual de significativo. Sin embargo, después de haber recomendado no pedir consejo a los más expermientados y, sobretodo, que estos no ofrezcan consejos, añade una afimación tan obvia como cierta (que a menudo olvidamos): “Mientras que toda la gente mayor ha sido joven, nadie joven ha sido viejo”. Es entonces cuando se refiere a Cartas a un joven poeta, ya que se trata de la expresión última de la sabiduría poética intergeneracional y usa los mandatos que de ahí se extraen para elaborar su discurso. 

What I’d really like, in fact, is to be young and middle-aged, and perhaps even very old, all at the same time—and to be dark- and fair-skinned, deaf and hearing, gay and straight, male and female. I can’t do that in life, but I can do it in writing, and so can you. Never forget that the truest luxury is imagination, and that being a writer gives you the leeway to exploit all of the imagination’s curious intricacies, to be what you were, what you are, what you will be, and what everyone else is or was or will be, too.

Andrew Solomon 
Con motivo del Día Mundial de la Poesía, el pasado 20 de marzo, he elaborado un Decálogo del joven escritor a partir de los consejos que aparecen en el artículo mencionado:
1. Lee lo menos posible las críticas literarias.
Como recomienda Rilke, hay que entrar en uno mismo antes de salir a preguntar opinión y consejo. 

2. Ten paciencia con todo aquello que permanece sin resolver en tu corazón.
Ama las preguntas, no busques respuestas, pues estas hay que vivirlas. Ahora, como jóvenes escritores, nos toca vivir las preguntas y, quizás, en un futuro lejano, viviremos las respuestas. La creencia de que las preguntas son valiosas, tengan o no respuesta, es cosa de un escritor maduro. Hoy en día no nos queda más remedio que vivir las preguntas, pues las posibles respuestas se han multiplicado.

3. Usa las cosas que te envuelven para expresarte. 
Usa también las imágenes de tus sueños y los objetos de tu memoria. Si tu vida diaria parece pobre, no la culpes: cúlpate a ti mismo. Para un creador no hay nada poco importante o pobre. 

4. El trabajo del escritor es poner palabras a lo intangible.
El escritor debe ser capaz de describir aquello que parece imposible de describir, debe usar el lenguaje para encubrir las experiencias más volátiles, lo que solo se percibe con el corazón.

5. Pregúntate: ¿Debo escibir? 
Si respondes con un sencillo ”debo”, entonces construye tu vida en base a eso. Los escritores estamos en este camino porque lo vemos como la única posibilidad.

6. La dificultad en sí misma es lo que hace el esfuerzo tan gratificante.
Debemos entender la dificultad como parte de la meta. Puede sonar masoquista, pero lo es tanto como el enlazar palabras con la experiencia es una fuente tanto de dolor como de placer.

To be an artist means: not to calculate and count; to grow and ripen like a tree which does not hurry the flow of its sap and stands at ease in the spring gales without fearing that no summer may follow. It will come. But it comes only to those who are patient, who are simply there in their vast, quiet tranquility, as if eternity lay before them.

Rainer Maria Rilke 
7. Solo viviendo en el mundo, adquieres la habilidad de representarlo.

8. Intenta no dejar que tus palabras superen tu experiencia.

9. Nunca supongas que lo gracioso es lo contrario a lo serio.
No hay que caer en la estricta formalidad, pero tampoco hay que abusar del estilo cómico. Esta norma es aplicable a todos los géneros. La solución recae en acercarse al punto medio, persigue la ilusión del inicio sin perder de vista la realidad.

10. Recuerda que escribir cosas las hace reales.
El lenguaje es el nexo de la humanidad, es donde reside nuestro conocimiento y nuestra esperanza. Recuerda también que es casi imposible odiar a alguien cuya historia conoces y, por encima de todo, no olvides que escribir tiene un propósito moral.

La reflexión final del artículo me ha maravillado. Después de hacer un recorrido por los mejores pasajes de Rilke, aportando su propia voz de la experiencia, nos lleva al futuro. ¿Qué nos deparará a los jóvenes escritores el futuro? ¿Cuál será nuestra realidad? Bien, él no tiene la respuesta, pero de lo que está seguro es de que la literatura es lo que tenemos para defender nuestra libertad y lo que da sustento a nuestra esperanza.

Nota: El articulista también crítica la tendencia a simplificar, a reducir, y lo considera un error. Puesto que yo ya lo he cometido, te invito a ti a no hacerlo y a leer su artículo completo para comprender lo que aquí te he dejado entrever. 
52 Retos·Relatos

#19 Relato desechado

Escribe una historia de ciencia ficción mostrando cómo te imaginas el futuro.
Una señora mayor le abrió la puerta, y al verle allí plantado sonrió, le abrazó y le dijo que no esperaba la visita. Le hizo pasar al comedor y lo sentó en el sofá, se ausentó un momento y trajo dos tazas de té, lo que le hizo cuestionarse si de verdad era inesperada la visita.
-¿Cómo te va el trabajo, hijo? -preguntó la señora, mientras encendía la pantalla con un movimiento rápido con la mano enguantada-.
-Pues muy bien, creo que me van a ascender, soy de los agentes que más criminales ha atrapado en los últimos dos meses -comentó lleno de orgullo, mientras bebía aquel té que le recordaba a su infancia y veía la pantalla que ocupaba casi toda la pared-. Hace tan solo dos semanas metí en la cárcel a un grupo de manifestantes radicales que se sentaban delante del Parlamento y gritaban a los políticos.
-Que miedo… ¡Suerte que tenemos a un gran policía como tú para parar a esa panda de desalmados! El otro día vi en la tele que unos asquerosos habían secuestrado al hijo de un gran empresario, ¿es eso cierto?
-Desgraciadamente sí, y he sido encargado del caso. Llevo unos días bastantes ajetreados, pateándome la ciudad en busca de alguna pista. He interrogado a todos los socios del padre y revisado todas las cámaras de seguridad posibles. Lo peor es que tengo la sospecha de que se lo han llevado a las afueras…
-¡Dios mío! Y no tendrás que ir allí, ¿verdad?
-Me temo que no me queda otra, si no encuentro rápido al niño la familia denunciará a todo el departamento por ineptos.
-Bueno, pero ten muchísimo cuidado, no queremos que los habitantes del exterior te hagan daño…
-Tranquila mamá, que no me pasará nada, tendré refuerzos en todo momento. Y si me los encuentro les haré pagar lo que le hicieron a mamá.
La mujer se levantó de su asiento y se acercó a la estantería, donde se encontraba un marco holográfico que mostraba al policía de joven siendo abrazado por dos mujeres. La madre miró a la mujer de la derecha, y una tímida lágrima empezó a asomarse entre sus ojos. Rápidamente su hijo la abrazó y le prometió que tendría cuidado. Antes de poder asegurarle que todo iría bien, su mano derecha empezó a vibrar, y se la llevo a la oreja. Su compañera le avisó de que fuera rápidamente a la comisaría, pues tenían nueva información sobre el caso.
Unos pasos resonaron en el pasillo, y el niño se alejó hacia la pared. Tras un ruido metálico, se abrió la puerta, y apareció un hombre con un plato en la mano. El niño le miró a la cara, y vio que  no se trataba de su compañero, el cual estaba dispuesto a matarle. Empezó a chillar, moviendo las cadenas que lo aprisionaban a la cama.
-Me da igual que chilles, sabes tan bien como yo que aquí nadie va a salvarte. ¿Tienes hambre, Jim? Porque si quieres comer la sopa tendrás que darme tu guante.
-¡No! -el niño se apretó más todavía contra la pared, agitando el guante en el aire, esperando que el secuestrador se acobardara, temiendo sufrir el mismo destino que su compañero-.
Aquel guante era lo único que podría salvarle, con él su padre le encontraría, y conseguiría sacarle de aquella maldita cabaña. Por mucho que aquellos hombres le habían insistido que en la afueras no había comunicación posible con la ciudad, seguía manteniendo la esperanza.
-Venga va, si no me lo das a mí tendré que llamar a Kot, y estoy seguro de que no quieres eso. Mete tu código o lo que haga falta y dámelo.
Al ver que el chaval no se inmutaba, se dirigió a la puerta, pero rápidamente oyó teclear a sus espaldas, y una voz robótica anunció que se había desactivado el guante. El niño se acercó y se lo entregó. Era un modelo nuevo en forma de garra, basado en el personaje de algunos dibujos o algo por el estilo. Cuando lo habían secuestrado a la puerta de su colegio le habían conectado rápidamente un chip para que no se pudiera conectar a la red y avisar a nadie. Ahora tan solo le servía para hacer bonito y arañar, tal y como había hecho con Kot, que aún estaba en el piso de arriba limpiándose las heridas. Observó su propio guante, un simple modelo de color negro, formal y con el que podía pasar desapercibido. Aún no podía creerse que en ese pequeño trozo de tela cabían tantos circuitos, haciendo posible toda la relación con el mundo.  Con eso ya podrían reclamarle a su padre el rescate, o eso esperaban. Cerró la puerta, mientras oía al niño sorber su comida rápidamente, sin siquiera saborearla. 
De repente sonó un grito en el piso de arriba, y subió las escaleras corriendo. No le dio tiempo a ver su compañero muerto, alguien le cogió por la espalda y le rompió el cuello.
Al llegar a la comisaría, su compañera Férula le avisó de que acaban de encontrar la furgoneta de los secuestradores aparcada al lado de una cabaña a unos kilómetros al este de la ciudad. Según ella, el dron había podido enviar la localización a pesar de la mala cobertura, gracias a las ventajas de la policía, pero había sido abatido en el viaje de vuelta.
-Prepárate, Heracles, en 20 minutos salimos hacia allí.
Heracles Dubois cogió su arma de emergencias y se la colocó en la cadera, pues ya tenía la pistolera ocupada. Antes de subir al coche, se aseguró de conocer todo el reglamento sobre los salvajes. No había visto a ninguno aún, pero sabía lo peligrosos que eran. Hacía 13 años habían atrapado a su madre Gloria y la habían asesinado. La encontraron una semana más tarde en el límite de la ciudad, con una carta escrita con letra arcaica, que retaba a cualquiera a acercarse a la frontera, y sufriría el mismo final. Nadie sabía cómo era posible que Gloria hubiera salido de la ciudad. Los medios de comunicación supusieron que había sido a causa de la proximidad del periódico independiente en el que trabaja al límite. Algún salvaje la habría visto rondar su territorio y habría acabado con ella sin más miramientos. Típico de los salvajes.
Era por eso que había decidido hacerse policía, no quería que los crímenes como ese volvieran a cometerse.
Entró en el parking junto a su compañera y alzó la mano derecha. Acto seguido se oyó un pitido a unos metros de distancia. Subió y al tocar el volante el coche se elevó unos centímetros del suelo, a la espera de direcciones. Heracles dijo las coordenadas en voz alta y el coche salió impulsado hacia su destino. Una retahíla de coches policiales les siguieron, para asegurarse de que el chico estuviera sano y salvo.
En cuanto salieron de la ciudad empezaron a ponerse nerviosos, muy poca gente había entrado a las afueras y había conseguido salir con vida, según todos los medios de comunicación. Los arbustos muertos y la tierra yerma personificaban la desolación que había producido la guerra. Tras años de sangrientas batalla entre países cuyos nombres ya estaban siendo olvidados solo unas pocas ciudades habían sobrevivido a lo largo del globo. Poca comunicación había entre ellas a partir de entonces, creían que si no se relacionaban no habría motivo para volver a luchar, cosa que acabaría definitivamente con la raza humana, pronosticaban los científicos. Y así fue como se formaron las ciudades-estado, rodeadas de tierras baldías a las que huían aquellos en desacuerdo con el gobierno de su ciudad o que habían sido desterrados por diversos crímenes. Habían formado sus propios poblados, alejados de la civilización que los había repudiado, o de la que ellos repudiaban. En seguida empezaron a nacer niños que habían vivido toda su vida sin ninguna regla más allá de las de la vida salvaje, lo que los volvía peligrosos e inestables bajo los ojos de la gente civilizada. No era de extrañar que gente así cometiera crímenes atroces, ¿pero qué podían hacer? No podían traerles a la ciudad, porque podrían generar aún más caos del que provocaban viviendo allí. Matarles a todos no era una opción, era ese mismo crimen del que se estaban quejando. Así que los dejaron vivir en paz, pero pusieron guardias a lo largo del perímetro de la civilización. A veces incluso había gente que por su propio pie viajaba hasta el desierto para enseñar a aquellos salvajes, a educarles bajo las normas morales de la sociedad, aunque no se sabía de ninguno que hubiera vuelto a casa…
Pronto llegaron a la cabaña, y tras una ojeada rápida se dieron cuenta de que algo raro había pasado: había sangre por el suelo, y ni rastro del niño, pero en cambio la furgoneta seguía aparcada allí. Lo único que se veía eran unas huellas que se dirigían hacia el horizonte. Todos los agentes volvieron a sus vehículos, y siguieron las huellas hasta que el terreno se hizo tan irregular que tenían miedo de que levitaran unos coches contra los otros, teniendo un accidente y habiéndose de quedar allí hasta que viniera alguien a salvarles. Heracles alzó la vista y se dio cuenta de que tras unas dunas podía verse la silueta de un poblado, enmarcado por el sol que empezaba a esconderse.
Algunos policías se quedaron en los vehículos, avisando a sus superiores por radio, indicándoles donde se encontraban y la situación que tenían en manos. Los demás se dirigieron hacia el pueblo salvaje.
Aquel resquicio de civilización se encontraba más lejos de lo que esperaban, y no llegaron hasta que se había hecho completamente de noche. Con sigilo fueron entrando en el poblado, y vieron como un gran grupo estaban rodeando una hoguera. Aguzando la vista Férula pudo ver al niño, sentado en el regazo de una salvaje que parecía estar embarazada. El chico parecía estar escuchando a los miembros de esa tribu encandilado. La arena que flotaba por el ambiente hizo estornudar a uno de los agentes, lo que avisó a todos los habitantes de su presencia. En un abrir y cerrar de ojos los salvajes huyeron a sus casas, sin que les diera tiempo de amenazarles con la pistola. Los únicos que no pudieron huir fueron la mujer embarazada y el niño, porque no eran lo suficientemente rápidos. 
Todos apuntaron a la futura madre y le ordenaron que soltara al chico. Esta lo hizo de inmediato, y corrió hacia la cabaña más cercana, donde no se volvió a oír ningún ruido más. Heracles guardó su arma y se acercó lentamente hacia el niño.
-Tranquilo, Jim, hemos venido a rescatarte,
Extendió su mano, pero el chico se apartó de ella, y fue corriendo hacia la misma casa en la que había entrado la muchacha. El agente lo siguió y, amablemente, lo apartó de la puerta que no paraba de aporrear. Lo cogió en brazos a pesar de lo que pesaba y lo llevó hacia los demás agentes, mientras este se revolvía.
-No te preocupes, Jim, enseguida estarás en tu casa con tu familia, todo volverá a la normalidad. Estos salvajes son unos asesinos, ¡no puedes quedarte a vivir con ellos!
-¡Pero me han salvado! -exclamó el niño, al borde las lágrimas y la cara completamente roja-. Quiero quedarme con ellos, no me llevéis a casa, por favor.
-Lo siento, pero ese es nuestro trabajo.
Volvieron a sus vehículos, que estaban tal y como los habían dejado (nadie había venido en su ayuda), y regresaron a la ciudad. Durante todo el trayecto Jim no paró de patalear y quejarse de que quería volver. Nadie podía entender cómo prefería quedarse en medio de la nada con una panda de asesinos a sangre fría, que a la mínima de cambio lo habían abandonado.
Entregaron al niño a sus padres, que lo abrazaron y se lo llevaron a casa. A través de unas conversaciones que habían podido conseguir descubrieron que el culpable había sido el principal socio de la empresa del padre, y que tenía planeado utilizar el dinero para comprar la compañía al completo.
Llevaron a Jim al psicólogo, que acusó ese comportamiento a estrés post-traumático. Intentó escaparse un par de veces, pero después de que lo atraparan la segunda vez, se resignó y dejó de pelear. Volvió a ser un niño normal, que vivía entre los cuidados de los mayordomos y demás miembros del servicio de su casa.
Todo acabó de manera feliz, pero había algo raro dentro de Heracles, una idea. Seguía preguntándose cómo un niño que tenía todos los lujos del mundo odiaba esa vida de tal modo… ¿Había algo de malo en la sociedad? ¿O era solo un caso aislado?
Nunca lo sabría, así que él también se resignó y volvió a su vida de siempre. Disfrutó de su ascenso, invitó a su madre a cenar y dejó de pensar en el tema. Al fin y al cabo, si de verdad fuera importante, la televisión hubiera hablado de ello.
Guillermo Domínguez
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#AbrimosValaritas

Gracias a Twitter el otro día descubrimos que durante los meses de marzo y abril se estará haciendo una relectura conjunta de El Nombre del Viento. Y, siendo una de nuestras novelas favoritas, no nos pudimos resistir (a pesar de nuestro nombre).
Empezó el pasado viernes 18, y hasta el 10 de abril iremos leyendo cuatro capítulos por día, tal y como marca el calendario del evento. No sabemos si lo conseguiremos, porque la tentación con este libro es demasiado fuerte, pero os invitamos a todos a participar con nosotros y a comentar la lectura mediante el hashtag #AbrimosValaritas.
¡Nos está haciendo mucha ilusión releer esta magnífica novela! A ver si así se nos hace más rápida la espera hasta la publicación de Las Puertas de Piedra
“Viajé, amé, perdí, confíe y me traicionaron.”

52 Retos·Marina·Relatos

#28 Pandora

Escribe un relato en el cual el personaje principal se despierta con una llave agarrada en su mano. Céntrate en cómo llegó a tener esa llave y qué abre.
El sol le quemaba la piel y atravesaba sus párpados, despertándola del profundo sueño. Abrió los ojos con dificultad y esperó a acostumbrarse a la luz. Todo era brillante y cálido. La brisa salada acariciaba su cuerpo desnudo y la espuma de las débiles olas le besaba los dedos de la mano que tenía más alejada de sí. Alzó el brazo para cubrirse la mirada y la arena rascó suavemente su costado cuando se giró. Se dio cuenta de que agarraba algo con la otra mano. La abrió lentamente y trató de identificar el objeto. Una llave. Dorada y pequeña, muy adornada. De repente, oyó una voz atronadora en la lejanía y cerró la mano de golpe, escondiendo el único objeto que poseía.
-Pandora, has sido modelada por Hefesto, Afrodita te ha hecho bella, Hera te ha otorgado feminidad, Hermes te ha dotado de habla y yo te he dado la vida -retumbó Zeus desde los cielos -. Eres nuestra venganza para los hombres por haber robado el fuego. Te casarás con Epimeteo y le entregarás esta caja como presente. Deberás pedirle que no la abra. Lo hará, los hombres son cobardes ante lo desconocido y orgullosos de su fingida valentía. Si no la abre, lo harás tú y de ella saldrán todos los males -Pandora advirtió que entre la arena se adivinaba una bella y colorida caja. La desenterró aún escondiendo la llave, pues enseguida descubrió que la caja se abría con un resorte y no con el dorado objeto -. Ahora, ve, Pandora, cumple tu cometido.
-Ellos te han creado, Pandora, deja que yo cubra tu cuerpo -replicó una segunda voz, más suave y femenina que Zeus, se trataba de Atenea. Un vestido de seda púrpura la envolvió y el caótico cabello quedó recogido en un elaborado peinado. Tenía un cinturón plateado que le ceñía el ropaje y allí escondió la llave, fingiendo que trataba de alisarse la falda. No sabía qué abría, pero estaba claro que Zeus no sabía de su existencia. Cogió la caja y echó a andar, entre la vegetación se veía humo, debían de ser los humanos.
Caminó durante horas, sintiendo los pies doloridos y los músculos tensos. Finalmente llegó a la ciudad. Los guardias de las puertas le franquearon el paso sin preguntar, admirados por su belleza. A pesar del cansancio y el dolor avanzó con paso firme, cruzando toda la ciudad hasta el palacio y portando en alto la hermosa caja. Los hombres se apartaban a su paso, mirándola atónitos y reverenciando su caminar. Cuando llegó a la puerta del palacio, Epimeteo ya había sido advertido de la bella presencia que había causado tanto alboroto. Él mismo quedó maravillado y se arrodilló ante la mujer.
-¿Eres Epimeteo, hermano de Prometeo, el que robó el fuego de los dioses? -preguntó con su dulce y cálida voz Pandora. El hombre afirmó serlo, esperando obtener el respeto y admiración de la mujer. Pandora solo asintió y le ofreció la primorosamente labrada caja -Los dioses me han hecho para ti y te ofrecen esta caja como señal de paz. No debes abrirla jamás, pues contiene secretos divinos que no puedes comprender y acabarían con los hombres que tanto has protegido. Yo seré tu esposa y los dioses te perdonaran.
Epimeteo cogió la caja y la observó de arriba a bajo y recoveco a recoveco. Pero no pudo adivinar qué había en su interior. Sin embargo, Prometeo le había advertido que los dioses le querían mal y decidió mantenerla cerrada. Pandora sonrió y el gesto iluminó la ciudad entera y deslumbró a todos cuantos allí se encontraban.
-Me casaré contigo, quiero el perdón de los dioses -aseguró Epimeteo. Pandora asintió de nuevo.
-Y así será, pues yo solo existo para ser la llave de la paz -mintió otra vez la mujer. Nadie lo notó.
Se retiró entonces Pandora al templo de Zeus, donde habitaba parte de él y no había nadie, pues no eran muchos los que ofrecían ofrendas a ese dios.
-Pandora, has cumplido tu cometido -dijo con calma la divinidad.
-Él no ha abierto la caja.
-Oh, lo hará, no sufras. Como te dije, si no lo hace, será tu responsabilidad y el día de la boda harás salir todos los males.
-Dime, Zeus, ¿por qué castigar a los hombres de tan cruel manera?
-Aceptaron el fuego.
-¿Eso es todo?
Zeus calló.
Fue entonces Pandora al templo de Apolo.
-Apolo, tú que entre otras muchas virtudes posees la razón, ¿debería castigar a los hombres? ¿No son ellos inocentes de lo que pudo hacer Epimeteo?
-Pandora, la de todos los dones, ¿qué don te otorgué yo?
-No puedo saberlo, Zeus nunca me lo dijo.
Una risa ronca y grave resonó en las vacías aunque decoradas paredes del templo.
-Zeus no lo sabe todo. No conoce la existencia de la llave que te di, ¿verdad?
-¿Qué abre?
Con la misma risa oxidada, Apolo la dejó allí sola.
Pandora, más desconcertada ahora que entonces, volvió al lado de su futuro marido, preguntándose por qué debía entregar su vida y juventud a ese hombre. Era el deseo de Zeus. Más bien su capricho, pues ya había comprobado lo débiles que eran los razonamientos del dios más poderoso del Olimpo.
Cuatro días y cuatro noches pasaron hasta la boda y Epimeteo aún conservaba la caja en un pedestal, bien cerrada. Y Pandora cuatro veces vio sin poder dormir la Luna sonriente en la ventana, mientras decidía el destino de los hombres. No fue capaz de culparlos, mas su temor a los dioses era grande. La llave seguía en su cinturón y no había encontrado ningún objeto que encajara con ella.
Llegó al fin la esperada boda y Epimeteo hizo colocar la caja del Olimpo en el centro de la ceremonia, pues era lo más bello que poseía y deseaba que todos lo admiraran y le envidiaran. Pandora no pudo dejar de mirar de soslayo el divino presente, temblando toda entera. Había tomado una decisión. Si los dioses querían vengarse de Epimeteo y Prometeo, que lo hicieran, pero no debían pagarlo todos los hombres, que solo trataban de sobrevivir y hacer la vida en la tierra más llevadera. La habían tratado bien y la habían amado enseguida, eran gentiles y divertidos. Los dioses se habían aprovechado de ella, dejándola a su suerte en la playa, sin molestarse si quiera a crearle un cuerpo más fuerte o acercarla a la ciudad. Mataría a Epimeteo y liberaría a los hombres. Sonrío. Epimeteo supuso que era de amor y le sonrío de vuelta.
Cuando la ceremonia hubo llegado a su fin y su matrimonio fue una realidad, todos lo celebraron y el vino y los exquisitos manjares empezaron a servirse.
-Parad. Antes de empezar el festejo -interrumpió Epimeteo con gesto decidido. Todos callaron y lo miraron, ligeramente decepcionados por su orden -, quiero hacer algo. Ya que los dioses me han ofrecido un hermoso y tierno regalo -señaló con la cabeza a la temblorosa mujer que lo acompañaba -voy a aceptar su segundo presente. Pandora dijo que contenía secretos divinos y yo los quiero poseer -murmullos de desaprobación -. Oigo vuestras quejas, ¿es que no deseáis que vuestro líder pueda combatir la furia de los dioses?
-No podrás comprenderlos -replicó Pandora. Frunció el ceño y a Epimeteo le dio un vuelco el corazón. Pero se recompuso. Pareció ofendido por la acusación de su reciente esposa.
-¿Osas desafiarme? ¿Crees que el hombre que entregó el fuego a los hombres no puede soportar enfrentarse una vez más a los dioses?
Ignorando las peticiones de obedecer las órdenes divinas, se acercó a la caja. Pandora, que esperaba cometer el asesinato cuando todos se hubieran marchado, sacó su daga y acabó con Epimeteo. Jadeaba y el silencio reinaba en la sala. Todos contenían la respiración, la odiarían, no lo entenderían, pero sabía que había hecho bien, pues a veces es necesario y forzoso que un hombre muera por un pueblo, pero nunca debe morir todo un pueblo por un solo hombre.
Un aleteo y un zumbido de malignos insectos le hizo apartar la mirada de la sangrienta empuñadura plateada. Había llegado demasiado tarde. Los espíritus del mal revoloteaban y traían la enfermedad, la muerte y el dolor a todos los hombres. El rostro de Pandora se tornó blanco y las rodillas empezaron a temblarle, las lágrimas le resbalaban barbilla abajo. Había perdido.
-Pandora -susurró una voz aterciopelada en su nuca. Se giró y no vio a nadie. Apolo -. Escúchame. Te di el don del equilibrio, por eso sabía que tomarías la decisión correcta y aplicarías la justicia necesaria.
-Ha sido en vano -sollozó -. Un hombre ha muerto y ahora los males poseen nuestras vidas.
-Te di otra cosa en caso que fracasaras.
-¿La llave?
La voz rió.
-Sí. La llave. Mira dentro de la caja.
Lo hizo y dentro había otra caja, sencilla y pequeña, pero robusta. Había una diminuta cerradura dorada. Pandora usó la llave para activar el mecanismo y abrir la cajita. Un revoloteo suave se posó en su hombro.
-Es la esperanza, Pandora. La esperanza hará que los hombres no se rindan ante el mal, el dolor y el sufrimiento, les dará fuerzas para seguir adelante y no desistir. Y tú eres su portadora. Deberás llevar esperanza a todos los hombres para compensar los males que les has entregado.
-Yo he tratado de evitarlo -ya no lloraba, pero su voz era trémula -. Epimeteo ha sido quien ha cometido el error.
-La historia no lo recordará así. Ve, Pandora, reparte esperanza.

Marina R. Parpal