52 Retos·Guille·Relatos

#48 Castigo

Escribe un relato sobre un personaje que lleva más de una semana sin dormir.
 
La reja que me separa del pasillo se abre, despertándome. Por ella entra un guardia, me coge del brazo y me lleva prácticamente a rastras por el largo pasillo. A los lados veo a los demás presos, algunos de ellos fingiendo que están dormidos y otros riéndose de que esta vez me toca a mí, aunque saben perfectamente que el siguiente puede ser cualquiera de ellos.
Otro guardia espera a que lleguemos para abrir la puerta de la sala, en la que me meten y me dejan encerrado. Allí dentro solo hay una silla y, enfrente, una gran pantalla que ya se está encendiendo. Como cada vez que entro aquí, me siento, como si una fuerza me impulsara a ello. Y la película empieza.
Esta vez trata de una familia en su casa de las afueras. El padre está leyendo el periódico, mientras la mujer está cocinando un pastel de chocolate mientras escucha la radio. Parecen felices… De repente pican a la puerta y parece como si estuviera allí dentro de la pantalla. Casi puedo tocar el jarrón del recibidor. El padre se levanta de su sillón y abre la puerta, donde se encuentra a dos agentes de policía, que se identifican y le preguntan si pueden entrar.
La mujer entra en la sala de estar y se sienta junto a su marido en el sofá, secándose las manos, que se acaba de lavar. Mirándoles a los ojos, el policía que parece más mayor les dice que su hijo ha sido secuestrado. Una señora ha visto como dos hombres de negro con pasamontañas cogían a un niño en medio de la calle y lo metían en una furgoneta. Después de ser informados del hecho por la señora, habían ido al colegio más cercano a hablar con los profesores y algunos alumnos, hasta descubrir que el niño secuestrado era su hijo.

El padre abraza a su mujer, y los dos empiezan a llorar y a preguntar entre sollozos qué iba a hacer la policía. El agente joven les dice que ya ha empezado una investigación, pero que aún no tienen demasiadas pistas. Por lo que parece, no es el primer secuestro que ha habido en la zona recientemente. “¡Arturo!” exclama sin cesar la madre, entre los brazos de su marido. Y ya no puedo aguantar más y empiezo a reír. ¿Se creen que estas imágenes me afectan? He visto cosas mucho peores, salidas de las peores pesadillas de cualquier loco. Una familia llorando… ¡Ja!
De pronto la escena cambia y veo a los padres por la calle, con un montón de papeles, que empiezan a enganchar en farolas, paredes e incluso a ponerlas en los coches. Cuando la madre cuelga uno en una farola puedo ver lo que han imprimido: se ve la cara de un niño de unos 5 o 6 años (aunque sé que ahora tiene, o tenía, 7) con una corona. Supongo que en ese momento estaba celebrando su cumpleaños o algo así. “Nuestro hijo ha sido secuestrado, si tienen alguna pista de su paradero, por favor llamen al siguiente número.” Miro la foto del niño a los ojos, y aún puedo verme a mí mismo tapándole la boca con un pañuelo impregnado de cloroformo.
Siguen apareciendo imágenes de los padres llorando, desesperados, siempre con un teléfono en la mano, esperando que los secuestradores pidiesen un rescate. Toda la familia junta, compartiendo su pena. Patético. Si yo tuviera un hijo que hubiera sido secuestrado saldría a la calle con una pistola y no volvería hasta haberlo encontrado. Lástima que Jenny y yo no hubiéramos llegado tan lejos… Ahora ya es demasiado tarde.
La pantalla se va oscureciendo y oigo como la puerta se abre detrás de mí. Sin necesidad de que cojan o me griten, salgo de la sala de “cine” y acompaño al guardia hasta la celda 221, la mía. Entro y me estiro en el camastro incomodo, esperando que vuelva a tocarme el turno de nuevo, pues aparte de eso no hay nada más que hacer en este lugar.
Lo peor de todo son las noches. Aunque no hay ninguna ventana en este sitio (o al menos yo no las he visto), supongo que ha anochecido, pues ya no se llevan a ningún pobre diablo a la sala de proyecciones. Y ahí está el problema: los presos tienen tiempo para pensar en sus pecados y, por alguna razón que desconozco, se dedican a gritarlos, como si el mero hecho de reconocer sus errores les restara años de condena. ¿Cuánto tiempo hace que estoy aquí? Parecen meses, pero el tiempo es relativo. Si tenemos en cuenta que se llevan a los presos a la sala de proyecciones una vez al día, debo de llevar diez aquí.
“Si me dejáis salir, devolveré todo el dinero que timé.”
“¡Sí! Yo la maté. Todo esto es culpa. ¡Necesito volver!”
Cada uno de los que grita se refiere a este lugar de una manera diferente. Los más típicos son “manicomio”, “cárcel”, “infierno”… Había uno que incluso decía que esta era una nave nodriza alienígena, y le pedía a unos hombrecillos verdes que lo sacaran de aquí. ¡Ja! Suerte que ya se lo llevaron hace días, creo.
No puedo dormir en esta celda. No sé si es por el griterío de la gente o por el sentimiento de culpa que cada vez va a más. Y parece que a los demás les pasa lo mismo. Igual es por este lugar. Miro la pared intentando no pensar en nada, pero las imágenes que me han proyectado han calado más de lo que creía. Me doy la vuelta y cierro los ojos, aunque sé que no me va a servir de nada.
Lo que parece que son días pasan, y mis proyecciones cambian. Ya he visto de nuevo a la familia de aquel niño y la de otros tantos como él. Me vi a mi mismo de joven, robando un pequeño estanco de forma muy violenta. Y al dependiente, como cambió su vida después de ese día: entro en depresión, tuvo que cerrar la tienda y ahora va al psicólogo cada semana. Todo eso por mi culpa.
Ya no culpo a mi primo, el que me propuso la idea del atraco, convenciéndome que el señor era mayor y que no opondría resistencia. Yo necesitaba el dinero, aunque ahora me doy cuenta que eso no es excusa.
Pero lo que me enseñaron “ayer” sí que me rompió el corazón.
Cuando entré a la sala ya estaba puesta la película, y en ella solo se podía ver a un bebé en su cuna llorando. Al poco rato aparecía una mujer rubia, de espaldas, que lo cogía y lo mecía en sus brazos. Y cuando se dio la vuelta vi que era Jenny. Estuve un rato mirándola, sin entender nada. No ha pasado tanto tiempo desde que la dejé, creo. Y no estaba embarazada en ese momento, me lo habría dicho.
Entonces se oyó una voz detrás y entró el padre en escena. Si no fuera por alguna cana de más, habría creído que me habían puesto un espejo delante. Mi yo de la pantalla cogía al bebé, “Umo”, le llamaba. El nombre de su padre.
No pude aguantarlo más y rompí a llorar. Me estaban mostrando cómo habría sido mi futuro si no hubiera cometido ningún crimen, ¿era eso?
La puerta se abrió detrás de mí y los guardias me dijeron que tenía que salir. Pero yo no quería. Tenía que seguir viendo aquel vídeo, aunque me doliera. El ” ¿qué hubiera pasado si…?” siempre es una tortura. Pues imagínate poder verla, observar la felicidad que podrías haber sentido si no hubieras cometido un error estúpido tras otro.
Entonces los guardas entraron y me cogieron por los brazos, sacándome por la fuerza de allí. Yo me resistí, hasta que me golpearon en la cabeza y caí inerte. Mientras me llevaban a la celda recobre un momento la conciencia, lo suficiente para poder escuchar a los guardias decir que estaba mejorando, y que dentro de poco ya podrían liberarme, pero que la jefa tendría que dar su veredicto. Quiero pensar que eso fue lo que oí de verdad, que no fue solo imaginaciones producidas por el golpe o algo por estilo.
Es extraño como ha cambiado mi vida (¡Ja!) desde que aquel taxi me llevó hasta aquí. Estúpido policía… Un tiro un poco más a la derecha y podrían haberme metido en una cárcel de verdad. Y la forma como me miraba, parecía conocerme de algo, pero sigo sin saber de qué. Aún me quedaba mucha vida por delante, podría haber cambiado, pero…
Los guardias se acercan, creo que esta vez me toca a mí otra vez. Solo quiero volver a ver a Jenny y a mi hijo ser felices.
Es lo único que pido.
 Guillermo Domínguez

Licencia Creative Commons

2 comentarios sobre “#48 Castigo

  1. Un relato impactante… el principio te atrapa en el sentido de querer saber más sobre el personaje, por qué está allí, si nos mostrará un lado casi loco o más bien humano pese a su situación… y el final está a la altura, algo que a veces cuesta conseguir cuando has creado un clímax y no sabes cómo concluir (a mí me pasa constantemente…)

    ¡Buen trabajo! Me ha gustado 🙂

    Me gusta

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