52 Retos·Relatos

#32 Cicatrices

Escribe un relato sobre las marcas que deja la vida en la piel.

Salgo de la ducha y me seco con cuidado. Me planto delante del espejo, girando mi cuerpo pero intentando dejar la cabeza en la misma posición. Los moratones de la espalda parecen que están mejorando. Me los acaricio con suavidad, recordando las pelotas de goma que los provocaron. Mientras miro el resto del cuerpo (los brazos ya no duelen tanto, pero siguen quedando marcas rojas, sobre todo en el derecho) una gota de sangre me cae por la mejilla. Cojo un papel y me lo aguanto en la brecha de la cabeza, que se acaba de abrir.
Y viendo el aspecto tan deplorable que tengo, me pregunto si vale la pena todo esto.
La lucha continua parece que no tiene consecuencias más allá de las heridas que quedan en nuestro bando. Nuestra piel se rompe, se vuelve morada y duele. Duele mucho. Las pancartas se rompen en mil pedazos delante de nuestras narices, y no podemos hacer nada para evitarlo. Con más deberes que derechos, nos alzamos cada día en busca de justicia, de igualdad y de compasión. Solo recibimos golpes e insultos.
No puedo más. Llevo tanto tiempo así que cada vez que veo un trozo de piel sin heridas me embarga la alegría. Y cada vez estoy menos alegre.
Sigo observando mi cuerpo desnudo y entre tanta sangre coagulada veo una mancha marrón en la pantorrilla, hacía tiempo que no la veía. Es mi mancha de nacimiento. Si la vida ya nos deja marcas sin que hagamos nada, ¿por qué hemos de avergonzarnos de las que nosotros consigamos por el camino? Cada cicatriz, cada moraton es una señal de esta lucha. Y seguiré luchando.

Guillermo Domínguez
Reseñas

Ante todo, no hagas daño #Henry Marsh

FICHA TÉCNICA

Título original: Do no harm

Autor: Henry Marsh
Traducción: Patricia Antón de Vez
Año de publicación: 2016
Páginas: 352
ISBN: 9788498387209
Saga: No









SINOPSIS


A punto de poner fin a una dilatada carrera plena de éxitos y reconocimiento, Henry Marsh —uno de los neurocirujanos más eminentes de Gran Bretaña— ha querido exponer a los ojos del mundo la esencia de una de las especialidades médicas más difíciles, delicadas y fascinantes que existen.

A los mandos de un microscopio ultrapotente y un catéter de alta precisión, el doctor Marsh se abre camino por los intersticios del cerebro. Con frecuencia, de su pericia y de su pulso dependen que un paciente recupere la visión o acabe en una silla de ruedas. Hay días en los que salva vidas, pero también hay jornadas nefastas en las que un pequeño error o una cadena de infortunios lo hacen sentirse el ser más desdichado sobre la faz de la Tierra.

Mucho más cercano a una confesión personal que a una autobiografía complaciente con el autor, este libro —cuyo título se inspira en el juramento hipocrático— supone un auténtico alarde de valentía y de honestidad intelectual, un relato vibrante y luminoso que logra remover nuestros sentimientos más profundos y ensanchar nuestro umbral de sabiduría y compasión.


OPINIÓN PERSONAL


Esta vez voy a empezar hablando del autor, porque a fin de cuentas esto no es más que una autobiografía de su carrera como neurocirujano. Henry Marsh tiene 65 años, está recién jubilado, y a tenido más de 15.000 pacientes. Es uno de los médicos más reconocidos de su especialización, y se decantó por esta cuando estuvo presente en una operación de aneurisma cerebral siendo interno. Ha operado con éxito a muchas personas, pero también ha tenido muchos fallos. Si hay algo que se ve en este libro es la gran humanidad del autor, y que, desde luego, no tiene pelos en la lengua.

En este libro ha escrito anécdotas de todo tipo (una de las cuales dicen que hizo llorar al propio David Cameron), desde sus muchas operaciones con sus consecuencias, sus viajes a otros países y sus propias enfermedades y las de su familia. El libro está dividido en diversos capítulos que suelen tener el nombre de una enfermedad por título, que son los hilos mediante los que explica sus historias. Estas historias tienen multitud de detalles, gracias a que desde los 13 años ha estado escribiendo un diario, lo que enriquece mucho la narración.

Por si os lo estáis preguntando, sí, hay mucho lenguaje médico, pero suele estar explicado, si es necesario para entender mejor lo que explica. Debajo de cada título también viene la descripción de la enfermedad de la que va a hablar. Si contáis con una base de este lenguaje lo entenderéis mucho mejor, pero no creo que os impida disfrutar del libro.

Hay historias realmente deprimentes, en las que reconoce sus muchos fallos a lo largo de los años. “Una lápida más en ese cementerio que, según dijo en cierta ocasión el especialista francés Leroche, todo cirujano lleva en su interior”. Por suerte también habla de algunos de sus éxitos, lo que suaviza un poco la experiencia.

También habla bastante de su familia, desde la muerte su madre (una refugiada alemana) hasta el tumor cerebral que sufrió su hijo. El capítulo de su madre es uno de los más bellos y tristes que he leído en mucho tiempo. Reflexiona sobre la muerte, como se va apagando la vida de una persona poco a poco, hasta que se vuelve irreconocible, sobre la existencia o no del alma… “Y debo confiar en vivir ahora de tal manera que, al igual que mi madre, sea capaz de morir sin tener que arrepentirme de nada.” (Estaba releyendo este capítulo para escribir la reseña y, si por mi fuera, os lo pondría entero por aquí, porque de verdad que es algo precioso).

Otro aspecto que me ha gustado ha sido la crítica que le hace al sistema sanitario británico, a la que ataca en diversas ocasiones (que, por lo que habla, se asemeja bastante al nuestro…). La falta de camas está presenta en prácticamente cada capítulo, y parece que es un problema que está demasiado extendido en la sanidad en general. También explica una reunión para demostrar la efectividad de un fármaco y la propuesta de incluirlo en la lista de medicamentos del Sistema de Salud Pública. Reconozco que este capítulo se hace un poco pesado, pero es interesante ver como se escogen los medicamentos que acabaremos tomando nosotros.

Me ha faltado que hablara un poco más del “problema cerebro-mente” (que es un tema que me apasiona), poder entender como se almacena todo lo que somos nosotros en ese trozo de tejido, sangre y proteínas. Marsh dice que muchas veces, cuando penetra en el cráneo de sus pacientes, se pregunta por estas cosas, pero prefiere centrarse en la operación y no pensar en algo tan complejo.

La verdad es que este libro me ha dejado más claros mis planes de futuro. Estoy estudiando Medicina y cada vez tengo más ganas de especializarme en algo relacionado con la mente, porque me encanta todo lo relacionado con ella. Si estáis en el mundo de la sanidad, desde cualquiera de sus ramas, os recomiendo aún más encarecidamente que lo leáis.


En definitiva, una gran autobiografía que hará las delicias de aquellos a los que les guste la Medicina o se dediquen a ella, pero que es totalmente recomendada para todo el mundo.


VALORACIÓN



¿Lo habéis leído o queréis hacerlo?
52 Retos·Guille·Relatos

#37 Desfile

Escribe una historia con los siguientes elementos: orejas, bufanda, sonajero y guirnalda.

Al principio de todo solo había oscuridad. Poco a poco se fue iluminando su mundo, hasta que irrumpió en llanto. Los doctores dijeron que estaba todo bien, era un bebé perfectamente sano, así que en cuanto su madre se hubo recuperado, se llevaron al nuevo miembro de la familia a casa. Allí le recibió toda la familia con besos y regalos. La casa se llenó de

(alguien me coge de la mano y me la aprieta con cariño)
ositos de peluche, ropa enana y sonajeros de todos los colores. Tras muchas noches en vela, el bebé fue creciendo, aprendiendo a hablar, gatear, andar… Después llegó la guardería, y más tarde la escuela. Allí hizo sus primeros amigos. Llegada del nuevo bebé a casa, un hermanito.

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Reseñas

El cazador de sueños #Stephen King

FICHA TÉCNICA

Título original: Dreamcatcher

Autor: Stephen King
Traducción: Jofre Homedes
Año de publicación: 2001
Páginas: 779
ISBN: 9788497591508
Saga: No









SINOPSIS


Había una vez cuatro chicos, compañeros en todo, que decidieron proteger a un chico indefenso atormentado por el tirano del colegio. Su acción marcó un cambio decisivo en sus vidas. Un cambio tan grande, que tardarían veinticinco años en entender su importancia…
Ahora son adultos, con más problemas y más desilusiones, pero una vez al año se reúnen para cazar en los bosques de Maine. Este año, un desconocido entra en su cabaña y, aturdido y confuso, balbucea frases incomprensibles sobre extrañas luces en el cielo.
En poco tiempo, los cuatro amigos se encuentran en medio de una lucha terrorífica contra seres de otro mundo. La única posibilidad de salvación radica en encontrar a aquel amigo del pasado, el que sabía cazar sueños y que sabrá también frustrar los sueños de los invasores…
Una obra maestra del terror y una historia de ternura y amistad profunda.

OPINIÓN PERSONAL


Como supongo que ya sabéis, Stephen “Tito” King es uno de mis autores favoritos. Tiene libros magníficos y unos cuantos bodrios, apero creo que este libro se merece una categoría media. Es entretenido, pero le falta algo, no me ha llegado a convencer.

El libro se basa en todas las leyendas urbanas sobre alienígenas, tanto luces en el cielo, como abducciones y hombrecillos grises que hemos visto en infinidad de películas. La verdad es que le ha sabido dar una vuelta de tuerca a estos seres, dándoles una complejidad algo (que no mucho) superior a los típicos aliens de ficción. Aunque como antagonistas dejan que desear.

Los protagonistas están bien creados, algo en lo que King suele destacar, y la primera parte del libro (un prólogo de 50 páginas) nos sirve para ir conociéndoles a ellos y sus problemas. Cada uno tiene su propia voz, algo que nos recuerda el autor en todo momento, por cierto. Durante todo el libro hay diversos flashbacks que nos llevan a su infancia (también visto anteriormente en otros libros suyos, como It, que medio libro es flashback).

Una parte de la novela se desarrola en Derry (mi pueblo ficticio favorito del universo que ha creado, por cierto), donde ocurrieron los hechos de It, Insomnia y más relatos. Algo que me ha faltado es una continuidad con ese universo, solo se menciona la gran tormenta del 85 y los niños desaparecidos (ambos se narran en It). Sin hacer ningún spoiler, debo confesar que hubo una frase que me puso los pelos de gallina, porque no me la esperaba, y que los que hayáis leído algo de él reconoceréis.

Al haber sido el creador del “resplandor” (no solo del libro, sino del poder en sí) parece que se dedica a ponérselo a todos sus personajes. Hay que reconocer que en este libro tiene sentido, pero hay muchos Deus ex machina debido a la telepatía y poderes mentales similares. Y no, no es spoiler porque sale en las primeras páginas.

Como dice la sinopsis, es una historia de ternura y amistad, y esto es completamente cierto. Mediante los flashbacks que he comentado antes y la relación entre ellos consigue conmover en algunos momentos clave. Lo que falta en la novela es la “obra maestra del terror”, porque de esto no hay absolutamente nada. Hay algún momento de tensión y algo de gore, pero poco más, no se puede comparar con otros libros suyos que sí son obras maestras del género.

Tampoco me ha gustado demasiado el final. Hasta llegar a él hay unos capítulos muy lentos, en los que no pasa nada, y de pronto todo se acelera y se acaba enseguida, que casi no te da tiempo a llorar a los muertos (es King, muertos no faltan nunca).


En definitiva, un libro entretenido pero que no llega al nivel de los grandes libros del autor.


VALORACIÓN



¿Lo habéis leído o queréis hacerlo?
52 Retos·Relatos

#33 Duelo

Piensa en una palabra que no suelas utilizar y búscala en Google imágenes. Escribe una historia sobre la tercera imagen.

(He hecho un poco de trampa, porque para que fuera más sorpresa he escogido una palabra al azar del diccionario, que ha sido FUMAR.)


Estoy fumando en el balcón cuando cae la primera bomba. Los aviones pasan por encima de mí, riéndose de todos aquellos a los que han dejado aquí abajo. Las columnas de humo se elevan sobre la ciudad, emborronando la vista de los supervivientes, que chocan entre ellos asustados. O eso creo. Me quedo aquí parado, sin poder creer que haya llegado este momento. Mientras trato de asimilarlo, mi cigarro se cae en el jardín del vecino, que dudo mucho que se queje ahora mismo. Las alarmas resuenan sin descanso, aunque a mí me recuerdan a caballos galopando.
Agarro la barandilla hasta que se me quedan los nudillos en blanco, le pego una patada a la silla, intentando liberar todo lo que siento. Esos cabrones están acabando con la ciudad en la que me he criado. Ojalá tuviera alguno entre mis manos. 
Le doy un puñetazo a los ladrillos de la pared, y cuando veo la sangre entre mis dedos caigo al suelo. Junto las manos, que se quedan enganchadas, y rezo al Dios en el que nunca he creído. Le pido que me deje más tiempo, que yo podré arreglar este desastre. A cambio seguiré rezando cada noche, y donaré lo poco que tengo a la Iglesia, le digo. Es un trato justo, ¿no? Pues nadie me responde.
He luchado demasiado tiempo para pararlo, y no ha servido de nada. Todas las pancartas, todos los gritos y puños alzados y todas las firmas no han servido para nada, viendo como al final todo se reduce a polvo, a cenizas. A nada. Se acerca el fin del mundo, según las últimas noticias. Después de esto solo quedaran ruinas y lisiados, intentando alargar una sociedad moribunda desde hace tiempo. 
¿De qué sirve nada de lo que hacemos, si al final acabaremos muriendo? Mi arte desparecerá en cuanto arda este trozo de mundo, todo el esfuerzo en crear algo que perdure ha sido en vano. Porque la tinta correrá como correrá mi sangre. 
Entro en mi habitación y del cajón saco todos mis textos. Entre ellos encuentro una vieja revista, donde se puede leer el único relato que me han publicado. “Héroe de guerra”. Qué estupidez. No hay héroes en este mundo, como tampoco hay villanos. Solo existe gente, que intenta hacer lo mejor para sí mismo o, si lo creen oportuno, para los demás. Nadie está exento de fallos.
¿Por qué se me ocurren todas estas reflexiones antes de morir? Tendría que estar llamando a mis seres queridos, decirles exactamente eso, que les quiero, y sentarme a esperar el final. Supongo que mi mente luchará hasta el último momento.
Vuelvo a mirar mis textos y entonces me doy cuenta. No ha servido de nada, pero al menos he hecho algo. No me he limitado a sobrevivir como hace la mayoría. He creado algo a partir de nada, que no habrá cambiado las cosas, porque una persona sola es muy difícil que lo haga. Pero no me he rendido, de la misma manera que no lo estoy haciendo, aunque veo un avión que se dirige hacia esta parte de la ciudad. He creado hasta el final, y eso me basta. Además, las ideas son lo último que muere.
Dicen que la destrucción es una forma de creación, ¿no? Pues menuda están creando estos hijos de puta.

Guillermo Domínguez
Divagaciones·Resistiendo

Alicia en el País de las Curiosidades Literarias

Hace 200 años se vivió un invierno en verano, y no me refiero a un capítulo de Phineas y Ferb. Debido a la erupción del volcán Tambora, en Indonesia, en 1815, hubo una serie de cambios climáticos que afectaron a gran parte del planeta. Y por eso el 1816 fue el llamado “año sin verano”. Este hecho hizo que una joven Mary Shelley fuera con su marido Percy a visitar a su amigo Lord Byron, que les retó, junto a John Polidori, su médico habitual, a escribir una historia de fantasmas. Solo lo consiguió el médico, pero pocos días después tuvo un sueño que acabó convirtiéndose en la novela que conocemos actualmente como Frankenstein.
Así que, aprovechando que se cumplen 200 años de esto, hemos decido buscar más anécdotas literarias:

  • El maravilloso archivador de Oz: el origen del nombre de éste mundo fantástico es, cuanto menos, curioso. El autor, Frank Baum, estaba mirando un archivador que iba de la O a la Z cuando se le ocurrió. Vamos, que se ha llamado Oz como podría haber sido Ad o incluso Hñ.

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52 Retos·Relatos

#17 Diké

Escribe una entrada de diario para tu personaje ficticio favorito.
Querido diario,
Estoy agotada. Hoy solo he tenido un juicio, pero ha sido muy intenso, así que ahora lo justo sería tener un descanso. Pero primero me apetecía hablarte.
He tenido que juzgar al alcalde de la ciudad por corrupción, ya puedes imaginarte lo estresante que ha sido. Los periodistas llevaban acampados desde ayer en el juzgado, a la espera de un primer plano del arrepentido político. Se le acusaba de utilizar dinero público para construir parkings de bicicletas, lo que le llevó a conseguir el puesto de director de la Asociación de Ciudades Ciclistas. Sí, eso existe.
Toda su campaña se centró en la reducción de la contaminación, por lo que todos sus votantes vieron con buenos ojos estos parkings. Según sus comunicados, todos estaban llenos, su estrategia había sido exitosa, y la ciudad entera le aplaudió. Pero un día un par de amigos decidieron utilizar uno de estos parkings, y se dieron cuenta de que estaba completamente vacío. Ante su sorpresa fueron revisando uno a uno estos lugares y solo encontraron un par de bicicletas en toda la ciudad.  Los dos jóvenes estuvieron investigando con las actas y los presupuestos del ayuntamiento, hasta encontrar pruebas suficientes para denunciar al alcalde.
El juicio ha sido muy lento, sobre todo a causa del abogado defensor, que no paraba de utilizar su labia para convencer a os presentes de la inocencia de su cliente. Por suerte el jurado tenía dos dedos de frente y no se ha dejado amilanar. Así que Antanas Zapata ha sido declarado culpable, y se le ha impuesto una pena de 10 años de prisión.
Me encanta cuando los culpables son declarados como tal, y se les impone una sentencia justa. No por ser político ni tener mucho dinero deben ser juzgados diferentes a la población “normal”, si es que existe tal cosa. Nadie debería ser inmune a la Justicia (o sea, a mí).

Lástima que sea ficción…
Guillermo Domínguez

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