Reseñas

Mecanoscrit del segon origen #Manuel de Pedrolo

FICHA TÉCNICA

Título original: Mecanoscrit dek segon origen
Autor: Manuel de Pedrolo
Año de publicación: 1974
Páginas: 256
ISBN: 9788492672356
Saga: No










SINOPSIS

Cuando Alba se tira al río para rescatar a Dídac, un chico mulato al que han empujado al agua otros chicos, se produce un ataque alienígena. Justo en ese instante en el que Alba y Dídac están bajo el agua, el mundo, tal y como lo han conocido hasta entonces, deja de existir. Cuando salen a la superficie, atónitos, descubren lo ocurrido y se van dando cuenta de que parecen ser los únicos supervivientes. Tras el shock inicial, la lucha por la supervivencia se impone. Hasta que ambos caerán en la cuenta de que de ellos depende la construcción de un nuevo mundo y el preservar aquello del pasado que se pueda conservar, como por ejemplo los libros.
Alba y Dídac se convertirán en los nuevos padres de la humanidad porque decidirán ser el origen en lugar del final.

OPINIÓN PERSONAL

Tengo que confesar que no sé si se puede considerar este libro como un clásico, pero es muy común que sea obligatorio en las escuelas. A mí no me tocó leerlo, pero como todo el mundo lo había hecho y todos los que lo habían leído me lo recomendaron, tuve que darle una oportunidad. Al principio la historia me estaba echando un poco hacia atrás, porque a fin de cuentas es un libro post-apocalíptico, y creía que sería igual que todos. Pero por suerte me equivocaba.

Una de las principales diferencias es que los protagonistas son niños, lo que marcará la manera en la que ven el mundo, tanto el actual derruido como el anterior. Me ha gustado la inocencia de los niños ante una situación de este calibre, porque aunque tengan que sobrevivir y buscar alimento y cobijo donde puedan, no dejan de ser críos. Aunque es cierto que había momentos que se me hacían repetitivos, como cuando tenían que ir en busca de comidas y demás elementos necesarios para la vida.

Hay una conversación que me encantó en la cual Dídac, el niño, pregunta por qué él es negro, y por qué los otros niños se burlan de él por su color de piel. Alba le responde que es a causa de la melanina, y que en el mundo que ello están creando ya no habrá racismo, porque a fin de cuentas ellos serán los padres del nuevo mundo, y pueden escoger sus reglas. Vale mucho la pena leer sus conversaciones, ver de que manera la sociedad les ha influenciado, y como pretenden desprenderse de ese condicionamiento.
Y me ha parecido genial la búsqueda de conocimiento que hacen durante toda la historia. Siempre están intentando aprender más, ya sea sobre Medicina, mecánica… Y deciden poner todos los libros y el arte en general que encuentren a buen recaudo, para la posteridad.
Otro punto a destacar es el realismo. Los alienígenas, por ejemplo, no son más que la excusa para explicar esta historia, aparecen en algún momento después de acabar con la humanidad, pero no tienen ningún peso importante en la historia. Algo que me ha encantado es que Alba tiene la regla, lo que no me había encontrado en prácticamente ninguna novela, en las que parece que la fisiología no se tiene en cuenta. La menstruación es algo normal, y no entiendo por qué no se habla de ella, ni siquiera en novelas de temática parecida donde puede llegar a ser un problema.
El final, aunque también realista, es descorazonador, pero tengo que confesar que ya me lo esperaba.
Me hubiera gustado una mayor presencia de los alienígenas, aunque fuera solo para que tuvieran más miedo, porque si creían ver algo en el cielo parecía que estaban vigilantes unos días, después ya se les pasaba. También es cierto que a lo largo de la novela pasan bastantes años, así que igual el miedo está presente pero no te lo muestra el autor.
Y como pasa tanto tiempo se puede ver la evolución de los personajes, como ven madurando hasta ser prácticamente adultos, se supone. Porque a fin de cuentas, al ser últimos supervivientes, deben ser los encargados de repoblar el mundo, y eso lo tienen claro desde el primer momento.

El año pasado se estrenó la película, la cual se titula “Segundo origen”, ya que de mecanoscrito tiene poco, en este caso. Y aunque no la he visto, he leído algunas críticas y no parece que haya gustado demasiado, que digamos.

En resumen, una novela post-apocalíptica que le da un giro al género, con más realismo y unos personajes geniales.


VALORACIÓN


¿Lo habéis leído o queréis hacerlo?

Relatos

#41 Reflejo

Escribe un relato sobre un personaje que tenga mucha fuerza de voluntad.
-Tú tienes una gran fuerza de voluntad. Te propongas lo que te propongas siempre lo haces, ocurra lo que ocurra, porque eres fuerte y decidida. Toda tú desprende energía. No necesitas hcaer nada para motivarte, venías así de fábrica. Cualquier dificultad huye asustada en cuanto te ve. Si quieres conseguir algo buscas la manera de conseguirlo, por complicado que sea. No te rindes, y eso es lo que más me gusta de ti. Vas a llegar muy lejos, lo sé. Serás aquello que tú desees, y nadie te lo impedirá. Ahora sal de aquí y cómete el mundo.
Me aparto del espejo y salgo del lavabo. Hoy va a ser un gran día.
Guillermo Domínguez
52 Retos·Relatos

#8 Diapedesis

Reescribe algo que escribiste hace tiempo, pero usa un narrador distinto.

Aquí tenéis el relato original: Postrimería.

Es estupendo mi trabajo. Constituye un placer especial llevar a las personas hasta su destino final. Antes de que alguien suba apuesto conmigo mismo cómo reaccionará el siguiente pasajero, si es que lo relaciona todo antes de que sea demasiado tarde. Los pasajeros van y vienen, todos con la misma cara de desconcierto. Hasta que descubren la verdad.
A parte de gustarme, sé que lo hago es necesario para la sociedad. Imagínate un mundo en el que nadie muriera, o que al morir sus almas se quedaran donde están. Los cementerios se llenarían de almas en pena que atormentarían a todo aquel que pasara por allí. Igual sería hasta divertido. Pero no, el sistema ya está bien como está, gracias.

Lo que no llego a entender es el miedo que le tienen todos a la muerte. Si supieran que se iban a encontrar a alguien como yo seguro que harían cola para que les llevara. Ahora en serio, no se dan cuenta de que ese miedo les limita en todo los sentidos. Si vieran esa muerte como el fin de una etapa, no como el monstruo debajo de la cama, intentarían vivir la vida al máximo, hacer todo lo que quisieran antes de que fuera demasiado tarde.

Ayer llevé a un señor que se lo tomó bastante bien. Le costó un poco pillarlo todo, pero al menos no me montó una escena. No había sido demasiado bueno en su vida, otro más para la lista, así que le tuve que llevar por el camino largo. Me gustaría saber qué es lo que ven en el otro lado. Pero yo solo hago los viajes de ida, nunca los traigo de vuelta, así que no les puedo preguntar. Ni siquiera sé exactamente lo que hacen allí, nunca me han dejado entrar. “No tienes el rango necesario” dicen. Una mierda los rangos, ni que los necesitara. Yo ya soy feliz siendo chofer, no quiero más trabajo ni responsabilidades. Llevo mucho tiempo en este puesto, ya me he acostumbrado y dudo que pueda cambiar a estas alturas. Pensándolo bien, ni siquiera me acuerdo de cuándo empecé. Hace demasiado tiempo… ¿Puede que haya estado siempre aquí? ¿Pude escoger en algún momento? Igual mi vida (me hace gracia usar esta palabra) ha sido escogida por mí. Tantas preguntas y no sé a quién hacérselas. Puedo preguntarles a mis compañeros después del turno, pero dudo que sepan algo.

Miro arriba y veo unas alas enormes sobrevolando la ciudad. Otra misión para los Cazadores. Me gustaría ver como trabajan, qué hacen con los espíritus vengativos. Aunque seguramente me echarían la culpa a mí por no haberme llevado a todos en su momento. ¡Ni que fuera tan fácil! No puedo obligar a nadie a aceptar su destino e ir a la otra vida, eso tendrían que saberlo.

Una señora está levantando el pulgar, será mejor que la recoja, así que os dejó. Espero que al menos me deje propina.

Guillermo Domínguez


(Si has pillado la referencia de las primeras frases, tienes todos mis respetos.)

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Relatos

Postrimería

Este relato lo escribí hace mucho tiempo, fue de los primeros relatos “en serio” que hice, así que le tengo un cariño especial. Es el primero ambientado en el mundo que he creado y que ha sentado las bases a la mayoría de relatos posteriores. Espero que lo disfrutéis.

Al recobrar la consciencia le sobrevino un intenso dolor de cabeza, por lo que tuvo que seguir tumbado en el suelo con los ojos cerrados durante un tiempo. Cuando el dolor remitió un poco, abrió los ojos y empezó a erguirse muy despacio. Al final consiguió ponerse de pie, pero aún tenía que apoyarse en la silla que tenía más cerca. Entonces se preguntó qué le había pasado. Lo único de lo que se acordaba era que había notado un dolor muy fuerte en el brazo izquierdo, y por eso pensó que le estaba dando un ataque al corazón, pero al ver que ya no notaba ese dolor descartó la idea. No recordaba haberse desmayado, y comprobó su reloj para ver si había estado inconsciente durante mucho tiempo, pero entonces vio que se había roto al caerse, y que marcaba las 12:11
Decidió ir a un hospital, pues no sabía lo que le había pasado, pero no quiso llamar a una ambulancia. Ya había estado en una de ellas cuando era pequeño, cuando a su padre le había dado un ataque de corazón. Uno de verdad, pensó. Y ese fue el último vehículo en el que se montó su padre. Así que decidió coger un taxi, pues no estaba muy seguro de si se volvería a desmayar o no, y prefería que si eso pasaba, no fuera él el conductor.
En cuanto salió de su casa, miró hacia ambos lados de la calle, y vio que a su izquierda, a lo lejos, había un taxi dirigiéndose hacia donde él estaba. Levantó el pulgar y el taxi se paró justo delante suyo. Al abrir la puerta, un extraño olor, como a azufre, salió del vehículo. El hombre arrugó la nariz y el taxista se dio cuenta.
-Perdone, pero es que el motor no anda muy fino últimamente, pero no se preocupe, no hay ningún peligro. ¿A dónde le llevo, caballero? –preguntó el taxista, poniendo el taxímetro en marcha-.
-Al hospital, por favor. Y si se puede dar un poco de prisa, mejor –dijo el hombre mientras bajaba la ventanilla, aunque sin ningún resultado, el olor persistía-.
-Eso está hecho.
El coche se puso en marcha, y se metieron entre las calles de la ciudad. El hombre se dio cuenta de que aún tenía el reloj, y, por curiosidad, le preguntó al taxista la hora.
-Pues son las doce y diez, más o menos, hace un rato he escuchado el reloj de la iglesia, ¿no lo ha oído?
-¿Está usted seguro de que son las doce y diez? En mi reloj pone lo mismo y está roto…
-Pues igual el mío también está roto. –dijo el taxista, con una extraña sonrisa, como si se estuviera riendo de él y no intentara esconderlo-. Qué casualidad, ¿eh?
-Pues la verdad es que sí…
El hombre se quedó pensativo, mirando por la ventana. Nunca le habían gustado las casualidades de este tipo, porque le recordaban a su madre y sus sermones, diciéndole que todo era por culpa del destino y tal y cual. Su madre había sido una fanática desde que él había nacido, pero poco después de que su padre muriera, todo había empeorado. Ella había entrado en una secta, una de esas que te hacen pagar por quitarte el demonio de dentro. Tras mucho esfuerzo (y dinero perdido por parte de su madre), la había convencido de que ese no era el camino que tenía que tomar, y al final consiguió que saliera de allí. Desde entonces empezó a odiar a las religiones y todo lo que tuviera que ver con ellas.
-Perdone, -dijo el taxista, mirándole desde el retrovisor- ¿le podría hacer una pregunta? Es que su cara me es familiar y no sabría decirle por qué… ¿Ha salido en televisión recientemente o algo por el estilo?
-Sí, bueno… Aunque preferiría no hablar del tema…
-¡Ah, ya lo recuerdo! Usted es aquel banquero que estafó a todas esas familias, ¿me equivoco?
-¡Yo no estafé a nadie! –exclamó el pasajero indignado-.
Hacía un par de semanas había ocupado todas las portadas de los periódicos y todos los telenoticias habían estado hablando de él. Era otro de los muchos casos de corrupción de bancos que estafaban a sus clientes. Le habían puesto una denuncia, pero su abogado había conseguido que retrasaran el juicio. Todo el mundo le miraba mal por la calle, e incluso había recibido algunas notas amenazantes.
-Ya, eso dicen todos… ¿Usted cree que está bien todo eso? Les ha arruinado la vida a muchísimas familias, todo el mundo en esta ciudad le odia. ¿Qué dice su mujer de todo esto?
-Estoy divorciado. Y si cree que me voy a desmoronar o algo por el estilo no sabe usted con quién…
-Normal que esté divorciado, ¿cómo pudo aguantar su mujer todo lo que ha hecho usted?
-¡El divorcio no tuvo nada que ver con esto de lo que se me acusa! –exclamó el hombre, enfadándose cada vez más con ese tipo-.
-Pero tenga usted seguro que su mujer tiene que estar ahora mismo la mar de contenta sabiendo que se divorció a tiempo.
-¡¿Pero usted quien se ha creído que es para hablarme de este modo?! ¡Pare ahora mismo el taxi!
-Vamos hombre, ¡si era una broma! Y además, quedan solo un par de minutos para llegar. Y tranquilo que ya no le digo nada más.
-Eso espero…
El hombre, molesto, se recolocó en su sitio y volvió a mirar por la ventana. Entonces se dio cuenta de que no conocía ninguna de esas calles, parecía como si estuviera en una ciudad diferente. También vio a gente sola, algunos estaban paseando y otros solo estaban sentados, pero todos tenían algo en común, tenían la mirada perdida.
-¿Está usted seguro de que este es el camino correcto hacia el hospital?
-Pues claro, lo que pasa es que esta zona es muy poco conocida, incluso para los que llevan toda la vida en la ciudad. Sobre todo para esos… Usted no se preocupe, que ya casi llegamos a su destino.
De golpe, vio que la luz del sol se volvía roja. No sabía si esto había sido gradual y no se había dado cuenta o es que había ocurrido de repente. Parecía como si el sol se estuviera poniendo, como si ya hubiera llegado el atardecer, pero, aunque no sabía la hora exacta, no podía ser mucho más tarde de la una en punto. Todo se volvió rojo, los edificios, el cielo, incluso un taxi que pasó a su lado. Lo único que logró ver del taxi fue una chica en el asiento trasero llorando desconsolada, tapándose la cara con las manos. Y, como todo lo demás, también era de color rojo.
– Podría poner el aire acondicionado? Es que estoy un poco mareado y hace mucha calor… -al hombre le daba vueltas la cabeza, sabía que algo no estaba bien del todo, pero no lograba comprender el qué. Llevaba desde que se había despertado con esa sensación extraña, pero ahora había aumentado-.
-Bueno, ya te acostumbrarás, por esta parte de la ciudad siempre hace un calor de mil demonios. –y se empezó a reír, sin que el pasajero entendiera la gracia-.
Y fue entonces cuando logró encajarlo todo, el porqué de todas las cosas raras que le habían estado pasando durante el día. Empezó a sudar y se irguió en el asiento, con una mueca de miedo en el rostro.
-Parece que ya lo has comprendido, ¿o no? Has tardado más de lo que esperaba, un hombre de negocios como tú tendría que ser más inteligente… Incluso esa chica que ha pasado hace un momento lo ha conseguido antes que tú, lo malo es que ella se lo ha tomado de peor manera…
-¿Eres la M…?
-¡No! Tan solo soy un mensajero, no te preocupes. Yo solo llevo a la gente de un lado a otro de la “ciudad”. Antes solíamos llevar a la gente como tú en barca, pero claro, eso es ahora un poco más difícil, y más estando en una gran ciudad como esta.
-¿Y dónde me llevas ahora?
-¿Tú donde crees? Viendo tu historial solo puedes ir a un sitio, y por mucho que no creas en estas cosas tú también tienes que ir allí.
-¿Y toda esa gente que parecía perdida? ¿Quiénes son?
-Son aquellos que no han encontrado su “taxi”, los que no quieren comprender esto que tú has hecho hace un momento. Ellos se encuentran en un punto medio, pero tarde o temprano cruzaran ese túnel que ves allí al fondo. Así que descansa ahora que puedes que cuando lo cruces empezará tu verdadero tormento.
El hombre se volvió a colocar en su sitio, pensativo, intentando asimilarlo todo. Le hubiera gustado tener más tiempo o haber retrocedido en él e intentar cambiar todos los errores que había cometido durante toda su vida, y así haber cambiado también la situación en la que estaba ahora…
-Ya, eso es lo que quiere todo el mundo, pero así es la vida, o más bien dicho, la muerte.
Y con estas palabras entraron en el túnel, el hombre intentó mirar un momento hacia atrás, echar un último vistazo a todo lo que dejaba por el camino, pero cuando entraron todo se volvió negro.
Guillermo Domínguez
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52 Retos·Relatos

#13 Thule (Luces del norte)

Usa el título de tu libro favorito cuando era pequeño/a como inspiración para tu siguiente historia. Escribe una historia que no se asemeje a la original.

Las campanadas de la iglesia le devolvieron a la realidad. Ya eran las cinco, y debía salir corriendo a recoger a su hermana del colegio. Se despidió de la bibliotecaria, que se lamentó de que ese día no pudiera coger ningún libro.
En la puerta del colegio estaba esperando su hermana, sentada en las escaleras, acompañada por su profesora. Will, mientras recuperaba el aliento, saludó a la pequeña Sofie, que le apartó la mirada, incómoda.
-Puedes entrar un momento, ¿Will?
La profesora Shipp había sido su maestra cuando tenía la edad de Sofie, y siempre había pensado que era una gran persona, siempre se preocupaba por sus alumnos. Por eso se alegró mucho de que también diera clases a su hermana.
-Claro, señorita.
Entraron en su despacho, lleno de fotografías de diversas clases que había tenido a lo largo de sus numerosos años de experiencia. También había algunas de ella con gente famosa, como diversos grandes empresarios, el alcalde de Thule e incluso algún senador, todos ellos exalumnos. Había pasado tantas horas allí (muchas de ellas debidas a su mal comportamiento) a lo largo de los años que ya se conocía todos los detalles. Estaba seguro que él no constaría en su “muro de las celebridades” en un futuro próximo.
-Bueno Will, quería hablar contigo porque tu hermana hoy se ha metido en una pelea.
De tal palo tal astilla dicen… ¿Y cómo se dice si un hermano copia a otro?
-Pero por algún motivo habrá sido, ¿no? Dudo mucho que Sofie se haya metido en ninguna pelea por puro entretenimiento.
-Tienes razón, en eso no se parece nada a su hermano… El desencadenante ha sido un comentario sobre otro niño sobre ti.
Sabía que debía sentirse avergonzado por la situación, que debía decir que hablaría con su hermana y que no volvería a pasar. Pero el orgullo le impidió hacer nada de eso. No se podía creer que su hermana hubiera salido en su defensa, no la creía capaz de hacer algo así. Will se despidió de su antigua maestra, asegurándole que hablaría con ella, aunque sabía que esa conversación nunca tendría lugar.

Al otro lado de los árboles ya se podía ver su cabaña. Sofie iba directa hacia allí, pero el se paró un momento. Al darse cuenta de que no la seguía dio media vuelta.
-¿Qué haces?
-Nada, solo estaba viendo lo mayor que te habías hecho.
Y era verdad: hacía nada estaba llorando agarrada al marco de la puerta de la entrada porque no quería empezar el colegio, y ahora se dedicaba a defender a su hermano delante de todo el mundo.
-¿Estás seguro?
Sofie tiró su mochila al lado de un árbol, y antes de que él pudiera darse cuenta, le lanzó una bola de nieve el pecho. Empezó a reírse, pero no por mucho tiempo. Su hermano le devolvió el ataque, y estuvieron así un buen rato, jugando como críos hasta que acabaron los dos tirados en el suelo, agotados.

En cuanto Will abrió la puerta, Sofie se fue disparada hacia su habitación, la que se había vuelto su pequeño santuario durante toda su vida. Lo que hiciera allí dentro, solo ella lo sabía, aunque se intuía, por las voces que a veces escuchaba. No estaba sola, o al menos eso creía su hermana. Sabía que aún no había superado la pérdida de su madre, ni siquiera sabía si él la había superado. ¿Lo llegaría a hacer algún día?
Will cruzó el recibidor, dejó la gorra con el poco dinero que había podido conseguir en la mesa de la cocina, pero no sin antes coger un par de monedas y guardárselas en el bolsillo trasero del pantalón. Quería a su padre, pero sabía perfectamente que una parte del dinero que ganaban iba destinado a comprar su bebida. Creía entenderle, pero no por ello odiaba esa adicción y lo que le hacía hacer. Desde que había empezado a pedir dinero por el pueblo se había guardado un porcentaje de las ganancias, por si acaso algo pasaba con Sofie o el mismo tuviera cualquier problema.
Se dirigió a la sala de estar, donde podía escuchar el absurdo programa que sonaba en la radio y al que se había enganchado su padre. Atravesó la puerta y se encontró a su padre con los ojos cerrados y la boca abierta, con un vaso de lo que supuso que era whisky en la mano. Ya prácticamente formaba un apéndice con su cuerpo, nunca se despegaba de alguna lata, vaso o algo que pudiera contener cualquier tipo de alcohol. En el suelo, al lado del sofá, estaba la botella prácticamente vacía. La chimenea estaba apagada, pero suponía que dentro de poco su padre se levantaría gritando que se encargaran sus hijos de encenderla.
-Papa te he dejado la gorra en la cocina, cuando quieras puedes ir a cogerla.
Fue otra vez a la cocina, y se puso a lavar los platos. Oyó como su padre daba un fuerte ronquido y se despertaba del susto. Intentó no reír, porque sabía que odiaba cuando se reían de él, pero no pudo evitar la sonrisa que ya se estaba formando en sus labios. Su padre fue lentamente hasta allí, dejó la botella en la mesa y se paró para contar las pocas monedas que aún estaban en la gorra.
-¿Qué es esto?
-Papá -empezó a decir mientras dejaba el plato en la pica y se secaba las manos en los pantalones-, hoy no había nadie. Ya sabes que cuando empieza el invierno nadie pasa por esa calle.
-¿Y no se te ha ocurrido moverte de sitio?
-La última vez que lo hice me pillaste y me dijiste que como volviera a hacerlo no entraría más en esta casa.
-Ese día te estabas escaqueando. ¿No puedes tener más iniciativa? ¡Joder!
Lanzó el vaso contra la pared, llenando el suelo de cristales y whisky. Will dio un salto hacia atrás asustado, y se chocó contra la puerta, haciendo rebotar las monedas contra ella.
-¿Qué tienes hay detrás? -dijo el padre en tono frío-.
Will sacó el poco dinero que se había guardado, y lo dejó lentamente sobre la mesa, junto al resto de monedas.
-Papá, te lo puedo explicar. Este dinero me lo ha dado la profesora Sipp. Sabe que dentro de poco es el cumpleaños de Sofie, y quería que le comprara algo de su parte.
-¿Por qué me mientes? Una profesora no da dinero a sus alumnos. Y me lo tendrías que haber consultado a mí primero. Seguro que tienes más, ¡ya me lo puedes estar dando!
-Es lo único que tengo, te lo juro.
El padre se acercó con el puño en alto, amenazante, y cuando se colocó delante de Will este siguió quieto, aguardando el golpe que tanto creía merecerse. Pero entonces algo dentro de él decidió rebelarse, cansado de las palizas que había sufrido durante tantos años. Se apartó en el último momento, cuando el puño de su padre estaba a punto de acertar en su pómulo.
-¿Te crees muy valiente? ¡Ven aquí antes de que me enfade aún más!
Pero no estaba dispuesto a ceder, no después de haber conseguido plantarle cara, aunque solo fuera apartándose. Cogió la botella de whisky de la mesa y con un limpio golpe, la rompió por la mitad, cayéndole el líquido tan preciado por su padre por toda la mano.
-¡Te voy a matar, crio estúpido!
El padre se adelantó y le propinó una patada en la espinilla. Pero no soltó la botella. Will se lanzó hacia él, dirigiendo el filo hacia su estómago, pero su padre se giró hacia la derecha y le pegó un puñetazo en la mandíbula. Entre las lágrimas que caían por sus mejillas consiguió salir de la cocina corriendo, intentando escapar. Pero su padre era más rápido, y le cogió por el cuello. Le dio media vuelta y lo alzó en el aire. Entonces Will levanto su improvisada arma y se la clavó en el antebrazo, cayendo rápidamente al suelo. El grito de dolor hizo que Sofie decidiera salir de su habitación, asustada por lo que podría estar pasando.
-¡Escóndete, Sofie! No salgas hasta que yo te lo diga.
La sangre empezó a gotear por el suelo, y su padre le miró con la cara desencajada del dolor. Gracias al frenesí del momento, el niño pudo esquivar la bofetada que iba directa a su mejilla, en la que aún se estaban secando las lágrimas. Esto hizo cabrear aún más a su padre.
Will entró en la sala de estar y tiró al suelo una de las sillas, justo cuando su padre entraba también en la habitación. Este se tropezó y cayó al suelo, golpeándose la cabeza. Aprovechando el momento, Will cogió la escopeta que descansaba sobre la chimenea, tirando las fotos de la repisa. Pesaba más de lo que creía, y apuntó al pecho de su padre. Estaba temblando, sabía que no podría aguantar el arma mucho más tiempo. Su padre se levantó poco a poco, confiado de que su hijo nunca apretaría el gatillo.
-Eres un cobarde, como tu madre, ¿qué pretendes hacer con eso? Dámela antes de que te hagas daño tú solito.
Cogió el cañón de la escopeta y estiró de ella, a la espera de que decidiera soltarla. Pero Will la había cogido con tanta fuerza que al estirar su padre de ella apretó el gatillo sin querer. Cayó de espaldas contra el sofá, se chocó con él y acabó en suelo, donde empezaba a formarse un pequeño charco de sangre. Will siguió quieto, sujetando con todas sus fuerzas el arma, hasta que un grito detrás suyo le hizo moverse. Sofie estaba en el último escalón, con los pantalones del pijama mojados.
-Sofie, te he dicho que te quedes arriba -dijo mientras corría hacia ella y la abrazaba. Su hermana no podía apartar la vista de su padre, que aún intentaba arrastrarse-.
-¿Se va a poner bien?
-No lo sé. Pero no podemos quedarnos aquí. Sube a tu cuarto, cámbiate de ropa y guarda toda la que puedas en una mochila.
-¿Dónde nos vamos? No podemos irnos de aquí, hay que ayudar a papá.
-Tú sube y haz lo que te digo, ya nos preocuparemos de papá más tarde.
Ella subió las escaleras, pero aún estaba mirando a la sala de estar. Will fue hacia allí y vio que su padre ya no se movía. Había intentado cogerse a una silla para levantarse, pero ahora estaba desplomado y sin vida en un charco cada vez más grande. Subió él también a su habitación y se guardó todo lo que pudo en una mochila. Tiró todos sus calcetines al suelo y metió la mano el cajón, donde había guardado todas las monedas. Se lo metió en el bolsillo y fue a la habitación de su padre, donde sabía que también habría algo de dinero. Rebuscó por toda la habitación, pero no encontró nada.
-Está detrás de la foto de mamá, lo vi una vez cuando era pequeña.
Sofie estaba apoyada en la puerta, con su mochila de clase a las espaldas. Cogió la fotografía de la mesilla de noche y la rompió. Se guardó tanto la imagen como los billetes que había detrás, más de los que creía que su padre podía tener.
Antes de salir de la casa, Will encendió la chimenea, sacó un tocón con cuidado y lo dejó en el suelo de madera. Esperaba que, cuando la gente viera el fuego, este atrajera su atención y ellos pudieran escapar. Seguía sin saber dónde irían, pero podrían llegar a la parada de tren en media hora, subirse al primer tren que vieran y rezar para que ningún revisor los pillara. Y si lo hacía, esperaba que fuera lo suficientemente lejos para que pudieran seguir a partir de allí. Sería un camino largo, pero al menos estaba juntos.

Se pararon un instante en la cima de un pequeño montículo cubierto de nieve, tiritando de frío. Desde la distancia pudieron observar el baile de las llamas que se iba expandiendo por lo que hasta ese momento había sido su hogar. El fuego les había borrado los recuerdos del pasado, y la nieve les obligaba a seguir su camino y centrarse en su presente. Lo que pasara con su futuro solo el tiempo lo diría.
Guillermo Domínguez


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Reseñas

El hombre en el castillo #Philip K. Dick

FICHA TÉCNICA

Título original: The man in the high castle

Autor: Philip K. Dick
Traducción: Manuel Figueroa
Año de publicación: 1961
Páginas: 262
ISBN: 9788445075616
Saga: No










SINOPSIS


El Hombre en el Castillo nos sumerge en un mundo alternativo en el cual el Eje ha derrotado a los Aliados en la segunda guerra mundial y los Estados Unidos han sido invadidos y divididos entre los vencedores. Mientras los nazis se han anexionado la costa atlántica, donde han instaurado un régimen de terror, la costa pacífica permanece en manos japonesas. En esta América invadida, los nativos son ciudadanos de segunda clase a pesar de que su cultura es admirada por los vencedores, hasta el punto de que uno de los mejores negocios es la venta de auténticas antigüedades americanas, como relojes de Mickey Mouse o chapas de Coca-Cola.


OPINIÓN PERSONAL


¿Alguna vez os habéis preguntado por todos aquellos pequeños detalles que os han llevado al punto dónde estáis? Porque muchos de ellos ni siquiera los habéis escogido, pero marcan vuestras vidas. ¿Y si hubierais ido a otra escuela? ¿Y si hubierais nacido en otro país? ¿Y si, por un conjunto de detalles, los nazis y los japoneses hubieran ganado la Segunda Guerra Mundial? Esta es la premisa de la historia, que se va tejiendo mediante diversas historias que se relacionan entre ellas.

Aunque ya había oído hablar de este libro, fue a raíz de la serie que me entraron más ganas de leerlo, y ya que conozco la versión original y la adaptación, voy a hablaros de las dos, porque son MUY diferentes. (Hay que decir que como la serie me dejó con unos cuantos cliffhangers corrí hacia la biblioteca a conseguir el libro, a ver si así me quitaba algunos interrogantes de encima, y me llevé una decepción en este sentido.)

El libro, por su parte, solo nos muestra la sociedad japonesa, en la que viven la mayoría personajes, y la Zona Neutral, mientras que de la alemana solo se habla, y eso que tiene una gran importancia en la trama. Se nos presentan unos personajes muy diferentes entre sí (un ministro japonés, el cónsul alemán en San Francisco, un vendedor de antigüedades, un trabajador de una fábrica…) pero que se relacionan entre sí y van formando la trama poco a poco. Los personajes me han gustado más en la serie, me han parecido más interesantes y en algunos casos lo único que tenían en común es el nombre.

La historia me ha dejado un poco frío, porque, aunque la sociedad se describe a la perfección mediante los actos de los personajes, estos actos en sí son bastante aburridos y lentos, y no es hasta más de la mitad que parece que avanza un poco la trama. Algo que tampoco me ha gustado es que hay una gran cantidad de palabras y frases en alemán, que ha hecho que me costara seguir la historia en algún momento. La represión está muy presente, cualquier error que cometan los personajes les puede llevar a la misera, y esto es algo que repiten mucho. Y si buscáis ciencia ficción al ver que es de Dick, os vais a llevar un chasco: lo único que hay son naves espaciales y la conquista de los planetas por parte de los alemanes, pero que solo se nombra un par de veces.

La serie en cambio sí que muestra las dos sociedades, tiene más protagonistas y la historia, según mi opinión, es más interesante. Hay una trama de la serie que me pareció muy secundaria y de relleno y que es una de las principales en el libro, por ejemplo. Pero no consigue enseñar tanto la sociedad como me hubiera gustado.

Un elemento muy presente en la novela es el I Ching, o El libro de los Cambios, un “oraculo” chino mediante el cual consiguen respuestas a las preguntas que le plantean. Muchas de las decisiones que toman los personajes son influenciadas por este libro. Incluso el propio autor confiesa que le preguntaba al libro para saber por dónde iba a tirar el argumento, y le culpó de algunos aspectos de la trama que no le habían gustado.

Otro libro muy importante para la historia es La langosta se ha posado, en el que se explica cómo ganaron los Aliados la guerra, en vez del Eje. Este recurso está representado en la serie por un conjunto de cintas (por lo que se mantiene la relación con el medio en el que lo miras) que muestran esos otros mundos. Aunque en el libro es importante, en la serie las cintas lo son aún más, siendo el pilar central de diversas tramas. Me ha gustado mucho cómo ha jugado con este elemento, cómo hace reflexionar a los personajes cuando lo leen, los debates que tienen entre ellos… Metaficción pura y dura.

También hay otro punto de diferencia y es que en el libro hay muchísimos datos históricos. Para aquellos que os guste la historia y conozcáis los detalles de lo que ocurrió en realidad os gustará ver hasta qué punto se diferencia la realidad de la ficción. A mí la verdad es que no me interesa demasiado la historia, así que no he sabido decir lo que era real y lo que no.

En resumen, aunque me ha gustado más la serie (perdón a todos los lectores, no volverá a ocurrir), creo que todo el mundo debe leer el libro, aunque solo sea por imaginarse y preguntarse aquellas preguntas a las que me he referido al principio.

“Vivían en un mundo psicótico. Los locos estaban en el poder. ¿Desde cuándo? ¿Y cuántos se daban cuenta?” 

“En otros mundos quizá era diferente. Mejor, con el bien y el mal como alternativas bien claras, no esa oscura confusión, esas mezclas;  y no había herramienta capaz de separar las partes. No tenían ese mundo ideal que ellos hubiesen querido, donde la moralidad es fácil de alcanzar porque el conocimiento es fácil de alcanzar. Donde es posible hacer el bien sin esfuerzo porque lo obvio se ve enseguida.”

En definitiva, una novela histórica aunque no sea de la historia que nosotros conocemos, y que gustará sobre todo a aquellos que les interese este período histórico.


VALORACIÓN



¿Lo habéis leído o queréis hacerlo?
52 Retos·Relatos

#49 M.

Escribe un relato sobre una novia que tiene dudas antes de su boda. Describe la tarta y los invitados.
Int. habitación día
(Habitación de hotel bien iluminada. En la cama está puesta la ropa de calle de la novia. Ella se está mirando en el espejo. El vestido es largo sin cola y únicamente con una manga de encaje, la derecha. En la nuca se puede ver un tatuaje que quiere representar una M en un circulo. En el cuello tiene un collar con una piedra verde engarzada. El velo está sobre la mesa, al lado del maquillaje. Mientras gira sobre si misma para verse desde diferentes ángulos entra Melaena.)
MELAENA (mirándola de arriba abajo): Hola, preciosa. ¿Por casualidad no conocerás la canción de la nalga?
ELISABETH (aguantando la risa): Pues me parece que no.
MELAENA: ¿Te la toco?
(Las dos ríen y se dan dos besos. Melaena también le mira el vestido desde diferentes ángulos. Aparta la ropa que está en la cama, deja su bolso a un lado y se sienta. Va vestida de dama de honor, con un vestido verde que resalta sus ojos de color almendra.)

MELAENA: Te lo dije cuando lo compramos y te lo digo ahora: estás preciosa. 
ELISABETH: Gracias, pero eso ya lo sabía. (Le guiña un ojo) Y ya veo que al final has arreglado el vestido que te di, ¿no?
MELAENA: Ya sé que la novia tiene que ser la más guapa, pero no hace falta dejar ciegos a todos con este vestido para que te voten reina del baile. 
(Melaena coge su bolso y de él saca un tupper. Dentro se pueden ver dos trozos de pastel de nata con frambuesa.)
MELAENA: ¿Quieres un poco? Lo robé de las muestras del otro día, pero creo que aún se puede comer. Además es el que encargaste, así vas abriendo el estomago para luego.
ELISABETH: No, gracias. Tengo el estómago cerrado, y eso tiene pinta de empezar a moverse en cualquier momento. Lo llamaré Bobby.
MELAENA: Qué exagerada. Como se nota que te casas y tienes que mantener la figura. (Prueba un poco y lo escupe en el tupper. Va un momento al lavabo donde se enjuaga la boca) Creo que Bobby está enfermo. Pues mira que ayer Zak y yo comimos un poco en la cama y no nos pasó nada.
ELISABETH (distraída): Qué suerte la tuya. 
(Mira al espejo y al reloj repetidamente.)
MELAENA: Por cierto, acuerdate de no tirarme el ramo. Zak lleva meses intentado declararse y solo le faltaría eso para que se lanzara del todo. Y yo aún no estoy preparada. Estos hombres, para ellos todo es “culo veo, culo quiero”. Si tu querido Víctor se hubiera guardado el anillo… (Se da cuenta de que su amiga se ha quedado con la mirada pérdida) ¿Estas bien?
ELISABETH (da un pequeño sobresalto y mira a Melaena. Se sienta encima de su la ropa): No lo sé. Supongo que es normal, pero cada vez me están entrando más dudas. Siento que una vez entre en esa iglesia mi vida quedará sellada para siempre. Tu y yo sabemos que de esta familia no se puede escapar fácilmente. Pero si te casas con alguien de ellos ya es imposible. Por mucho que no quiera me tendré que quedar con Víctor para siempre.
MELAENA: No digas chorradas, Víctor te quiere. Además el no es legalmente de la familia, así que por mucho que los demás quisieran que te quedaras, él te dejaría marchar. Joder, si hasta te está buscando un buen local para abrir esa galería de arte que tanto querías, si eso no es amor ya me dirás tú qué es.
ELISABETH: Lo sé, pero no puedo quitarme esta sensación de encima. Además, estoy harta de tener que subsistir con las limosnas de los demás. Quiero ser independiente por una vez en la vida, y saber que lo que he conseguido ha sido gracias a mi propio esfuerzo. Y odio a la mayoría de gente a la que he invitado, no son más que viejos aprovechados y jefes del crimen y que seguro que me odian a mí. ¿Qué hago yo con gente como esa? 
MELAENA: Primero: tú tampoco eres una santa, que te has pasado más de una noche en el calabozo y bien merecidas. Y segundo: no todos te odian. Nos tienes a Zak y a mí. Y sobre todo a Víctor. Y si esto sale mal siempre puedes volver con tu familia, seguro que lo entenderán.
ELISABETH: Tú no les conoces. Hace años que no les veo, y la última conversación que tuve con mi hermano no fue muy familiar que digamos. (Se acaricia el brazo izquierdo con suavidad, como si aún le doliera.) Si supieran que al final me he casado, y encima con un hombre, seguro que estarían de celebración. Y por mucho que me dejaran volver a casa, seguirían sin aceptarme. No pienso volver a un sitio así.
MELAENA: Siento haber sacado el tema… Venga va, anímate. Siempre podemos coger los cuadros de tu galería, fugarnos y vendérselos a unos cubanos viejos y ricos. (Intentando poner acento cubano) Mamasita, déjeme ver ese cuadrito.
ELISABETH (sonriendo): Lo haces de pena, Mel. 
MELAENA: Yo por lo menos lo intento.
(Elisabeth se toca el collar. Flashback de Víctor regalándoselo. Ella le dice “te quiero” y se van cogidos de la mano.)
ELISABETH: Bueno, creo que ya va siendo hora de que me maquille en serio, que hoy tiene que ser el día más feliz de mi vida y voy a llegar tarde. 
MELAENA: Así se habla, hermana. Déjame que te ayude.
(Melaena le pasa el pintalabios y ella se los pinta. Van haciendo broma hasta que alguien llama a la puerta para decir que ya es la hora. Elisabeth respira hondo y sale.)
Guillermo Domínguez

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