52 Retos·Guille·Relatos

#49 M.

Escribe un relato sobre una novia que tiene dudas antes de su boda. Describe la tarta y los invitados.
Int. habitación día
(Habitación de hotel bien iluminada. En la cama está puesta la ropa de calle de la novia. Ella se está mirando en el espejo. El vestido es largo sin cola y únicamente con una manga de encaje, la derecha. En la nuca se puede ver un tatuaje que quiere representar una M en un circulo. En el cuello tiene un collar con una piedra verde engarzada. El velo está sobre la mesa, al lado del maquillaje. Mientras gira sobre si misma para verse desde diferentes ángulos entra Melaena.)
MELAENA (mirándola de arriba abajo): Hola, preciosa. ¿Por casualidad no conocerás la canción de la nalga?
ELISABETH (aguantando la risa): Pues me parece que no.
MELAENA: ¿Te la toco?

(Las dos ríen y se dan dos besos. Melaena también le mira el vestido desde diferentes ángulos. Aparta la ropa que está en la cama, deja su bolso a un lado y se sienta. Va vestida de dama de honor, con un vestido verde que resalta sus ojos de color almendra.)

MELAENA: Te lo dije cuando lo compramos y te lo digo ahora: estás preciosa.
ELISABETH: Gracias, pero eso ya lo sabía. (Le guiña un ojo) Y ya veo que al final has arreglado el vestido que te di, ¿no?
MELAENA: Ya sé que la novia tiene que ser la más guapa, pero no hace falta dejar ciegos a todos con este vestido para que te voten reina del baile.
(Melaena coge su bolso y de él saca un tupper. Dentro se pueden ver dos trozos de pastel de nata con frambuesa.)
MELAENA: ¿Quieres un poco? Lo robé de las muestras del otro día, pero creo que aún se puede comer. Además es el que encargaste, así vas abriendo el estomago para luego.
ELISABETH: No, gracias. Tengo el estómago cerrado, y eso tiene pinta de empezar a moverse en cualquier momento. Lo llamaré Bobby.
MELAENA: Qué exagerada. Como se nota que te casas y tienes que mantener la figura. (Prueba un poco y lo escupe en el tupper. Va un momento al lavabo donde se enjuaga la boca) Creo que Bobby está enfermo. Pues mira que ayer Zak y yo comimos un poco en la cama y no nos pasó nada.
ELISABETH (distraída): Qué suerte la tuya.
(Mira al espejo y al reloj repetidamente.)
MELAENA: Por cierto, acuerdate de no tirarme el ramo. Zak lleva meses intentado declararse y solo le faltaría eso para que se lanzara del todo. Y yo aún no estoy preparada. Estos hombres, para ellos todo es “culo veo, culo quiero”. Si tu querido Víctor se hubiera guardado el anillo… (Se da cuenta de que su amiga se ha quedado con la mirada pérdida) ¿Estas bien?
ELISABETH (da un pequeño sobresalto y mira a Melaena. Se sienta encima de su la ropa): No lo sé. Supongo que es normal, pero cada vez me están entrando más dudas. Siento que una vez entre en esa iglesia mi vida quedará sellada para siempre. Tu y yo sabemos que de esta familia no se puede escapar fácilmente. Pero si te casas con alguien de ellos ya es imposible. Por mucho que no quiera me tendré que quedar con Víctor para siempre.
MELAENA: No digas chorradas, Víctor te quiere. Además el no es legalmente de la familia, así que por mucho que los demás quisieran que te quedaras, él te dejaría marchar. Joder, si hasta te está buscando un buen local para abrir esa galería de arte que tanto querías, si eso no es amor ya me dirás tú qué es.
ELISABETH: Lo sé, pero no puedo quitarme esta sensación de encima. Además, estoy harta de tener que subsistir con las limosnas de los demás. Quiero ser independiente por una vez en la vida, y saber que lo que he conseguido ha sido gracias a mi propio esfuerzo. Y odio a la mayoría de gente a la que he invitado, no son más que viejos aprovechados y jefes del crimen y que seguro que me odian a mí. ¿Qué hago yo con gente como esa?
MELAENA: Primero: tú tampoco eres una santa, que te has pasado más de una noche en el calabozo y bien merecidas. Y segundo: no todos te odian. Nos tienes a Zak y a mí. Y sobre todo a Víctor. Y si esto sale mal siempre puedes volver con tu familia, seguro que lo entenderán.
ELISABETH: Tú no les conoces. Hace años que no les veo, y la última conversación que tuve con mi hermano no fue muy familiar que digamos. (Se acaricia el brazo izquierdo con suavidad, como si aún le doliera.) Si supieran que al final me he casado, y encima con un hombre, seguro que estarían de celebración. Y por mucho que me dejaran volver a casa, seguirían sin aceptarme. No pienso volver a un sitio así.
MELAENA: Siento haber sacado el tema… Venga va, anímate. Siempre podemos coger los cuadros de tu galería, fugarnos y vendérselos a unos cubanos viejos y ricos. (Intentando poner acento cubano) Mamasita, déjeme ver ese cuadrito.
ELISABETH (sonriendo): Lo haces de pena, Mel.
MELAENA: Yo por lo menos lo intento.
(Elisabeth se toca el collar. Flashback de Víctor regalándoselo. Ella le dice “te quiero” y se van cogidos de la mano.)
ELISABETH: Bueno, creo que ya va siendo hora de que me maquille en serio, que hoy tiene que ser el día más feliz de mi vida y voy a llegar tarde.
MELAENA: Así se habla, hermana. Déjame que te ayude.
(Melaena le pasa el pintalabios y ella se los pinta. Van haciendo broma hasta que alguien llama a la puerta para decir que ya es la hora. Elisabeth respira hondo y sale.)
Guillermo Domínguez

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