52 Retos·Guille·Relatos·Sin categoría

#23 Aula

Comienza un relato con: “Nada, no le queda nada”.


Nada, no le queda nada. El padre vuelve a mirar el pequeño armario sin encontrar ningún antipirético, otra vez. Se maldice por no haber comprado desde la última vez y vuelve al comedor, donde el niño está estirado en el sofá, tiritando.

-Lo siento, Adel, no queda ningún medicamento. Ahora le enviaré un mensaje a tu madre, a ver si puede comprar algo de camino. Si llega pronto…

-Papá, no pienses esas cosas de mamá. Seguro que está trabajando. 

-¿Qué?

-Nada, da igual…

La profesora había llamado a su padre por la tarde, cuando vio que el niño estaba tiritando aun con la chaqueta puesta. Temía que si se quedaba mucho rato allí los demás niños se contagiaran y acabaran todos con una pasa. Otra más. Dos semanas antes había habido gastroenteritis para todo el mundo, incluso para la profesora. Poco después el padre lo fue a buscar y se lo llevó a casa.

Adel está mirando los dibujos envuelto en su manta favorita cuando llega su madre, que sí ha traído los medicamentos. Parte una pastilla por la mitad y el niño se toma las dos con el vaso con sus dibujos favoritos estampados. Después de cenar un poco se va a la cama pronto, ya con mejor cara. Está esperando que al día siguiente pueda ir a clase, porque va a ir el papá de Lidia a hablarles de cómo es su trabajo de doctor.

Su padre le despierta y le toma la temperatura, esta vez dando uno valores normales. Le pregunta si se encuentra bien y el pequeño dice que sí, mostrándole todos los dientes (incluso los que ya le habían caído) en señal de buena fe.

La profesora mira el reloj embelesada, esperando a sus alumnos. Nada más llegar le ha llamado Marcos diciendo que no puede ir, que Lidia está con fiebre desde ayer por la noche. Pero eso ahora no es lo más importante… Esa mañana al mirar el calendario ha visto la fecha y se ha echado a llorar. Tras tomarse un antidepresivo se ha vestido y ha ido directa a la escuela.
-Vamos, profe, no estés triste. Seguro que él está en el cielo.
Ella se gira y ve a Alberto con cara triste, mirándola a los ojos. Siempre es el primero en llegar, vive a tan solo dos manzanas de las escuela y sus padres le tienen que dejar pronto antes de ir a trabajar.
-¿Qué has dicho, Alberto?
-Me ha oído bien, profe.
El niño se gira y se sienta en su pupitre, en la tercera fila. Poco a poco van entrando los demás niños, pero faltan muchos, la pasa ya se ha extendido. La profesora se queda mirando a Alberto, que está hablando con Adel, su compañero de pupitre, y se ríen de cosas que no puede oír bien. Está convencida que Marcos se ha ido de la lengua y le ha dicho a los demás padres lo de su marido. En cuanto acaben las clases va a tener una charla con él.
Espera un par de minutos más a ver si llega algún otro alumno, pero la puerta no se vuelve a abrir.
-Bueno, niños, como podéis ver Lidia no ha podido venir, está malita, así que su padre tampoco puede venir a darnos la charla. Esperemos que Lidia se cure pronto para que…
-¿Para que pueda volver a acostarse con su padre? Sigue leyendo “#23 Aula”

52 Retos·Guille·Relatos

#34 Turista

Escribe un relato de un animal como protagonista que actúa de narrador contando las costumbres raras que tienen los humanos.
Me parece que incluso puedo oler los astros. Mi nariz no deja de sentir cosas que no había percibido en mi vida. Incluso con esta correa en el cuello me siento más libre que nunca en esta tierra tan maravillosa. Aunque debo decir que la vista no es demasiado buena, todo está en blanco y negro, espero que mejoren la calidad con el tiempo.
Voy paseando junto al guía cuando uno de ellos se para delante de nosotros. Le da la mano a mi “amo” y empiezan a discutir sobre el tiempo y política. Yo le miro embelesado, viendo como mueve las manos caóticamente mientras suelta alguna que otra gota saliva de la boca de la emoción. El hombre agacha un momento la cabeza y me ve observándole.
-Qué perro tan bueno tienes. No sé cómo lo has hecho pero siempre te obedece. ¡Ojalá mis hijos fueran iguales!
Y empieza a soltar ruidos raros por la boca mientras cierra los ojos y parece que le dan espasmos. Cuando deja de hacer eso se agacha y acaricia mi pelaje, al que aún no me he acostumbrado.

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Reseñas

22/11/63 #Stephen King

FICHA TÉCNICA

Título original: 11/22/63
Autor: Stephen King
Traductor: Gabriel Dols Gallardo y José Óscar Hernández Sendín
Año de publicación: 2011
Páginas: 852
ISBN:  978-84-9032-128-7
Saga: No


SINOPSIS

El 22 de noviembre de1963 tres disparos resonaron en Dallas. Murió el presidente Kennedy, y el mundo cambió. ¿Qué harías tú si pudieras impedirlo? En esta novela brillante, Stephen King acompaña al lector en un viaje maravilloso al pasado y en un intento de cambiar lo que pasó. Durante casi 900 páginas nos ofrece un impecable retrato social, político y cultural del final de los años 50 y principios de los 60; un mundo marcado por coches enormes, Elvis Presley y el humo de los cigarrillos que flota por todas partes.Todo empieza con Jake Epping, profesor de inglés en el instituto de Lisbon Falls, Maine, que se gana un sueldo extra con clases nocturnas para adultos. Un día les pide a sus estudiantes que escriban sobre un acontecimiento que les haya cambiado la vida, y una de estas redacciones le impactará profundamente: la historia cruenta de una noche de hace cincuenta años cuando el padre de Harry Dunning volvió a casa para matar a su madre, hermano y hermana con un martillo.Al leer esta redacción algo cambia en Jake; su vida, igual que aquel día en Dallas de 1963, cambia por completo en tan solo un instante. Poco después su amigo Al, propietario de un diner en su barrio, le descubre un secreto: en el almacén hay una puerta que conduce al pasado, a un día en particular del año 1958. Y Al le pide a Jake que le ayude con una misión que le obsesiona: impedir el asesinato de Kennedy.Y así comienza la nueva vida de Jake como George Amberson, en un mundo muy diferente. En él, George se enamorará mientras sigue el rastro de Lee Harvey Oswald hacia un momento histórico que quizás ahora nunca se produzca.Un viaje al pasado nunca ha sido tan creíble, ni tan terrorífico.

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#3 Atlas

Imagina que eres un superhéroe con una gran fobia a la oscuridad, escribe un relato de superación.

 

 
“Levanta ya, llegarás tarde.”
Abro los ojos y una débil luz azul ilumina la habitación. Miro el reloj y veo que ya debería estar de camino, así que me levanto de la cama, revuelta de mis movimientos nocturnos, y apago la pequeña bombilla que me acompaña todas las noches. Abro el armario y, tras un compartimiento secreto, saco mi traje rojo con la capa dorada. Me lo pongo pero cada vez me va más pequeño, tendré que pedirles que me lo arreglen. Esto de los bombones es una maravilla, ojalá pudiera comer todos los que quisiera sin que hubiera consecuencias… Les diré que aprendan a hacerlos. Al final tendré que hacer una lista de cosas que decirles.
Me pongo el antifaz y salgo por la ventana. Absorbo toda la energía que puedo de los fotones que acarician mi cara y de un salto atravieso media ciudad. Aterrizo en uno de los edificios que rodean el ayuntamiento, desde el que puedo ver el gentío con pancartas con mi cara y mensajes de amor. En medio del escenario está la alcaldesa hablando sobre todas mis hazañas y lo heroico que soy. A su lado está Talon Gal, a la que ya le hicieron esta celebración hace dos años o así.
-Pero no hace falta decir nada más -empieza a decir la alcaldesa, aunque no estoy tan de acuerdo-, porque todos sabemos que sin él esta ciudad está perdida. La pregunta ahora es: ¿dónde está Atlas?
Aún recuerdo mi primera misión, en la que salvé el día atrapando la gran bola del mundo que cayó de las oficinas del periódico de la ciudad. Pero basta de retrospección, esa es mi señal. Absorbo un poco más de energía y doy un saltito hasta el escenario. El público estalla en aplausos y gritos de alegría. Incluso algún sujetador vuela hasta mis pies. Les saludo, alcaldesa y Talon incluidas (aunque desde la última vez que nos vimos las cosas están un poco tensas), y me pongo ante el micrófono.
-Hola, ciudadanos de Atos. ¿Estáis pasando una buena mañana? -más gritos y objetos voladores-.
Dos agentes de seguridad suben al escenario, aguantando una llave demasiado grande para cualquier cerradura, y se la dan a la alcaldesa, que se pone a mi lado.
-Aquí está, con ese brillo en los ojos tan característico, el que nos ha salvado tantísimas veces. Hmmm, ¿y qué es eso que huelo? ¿Albahaca?

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Proceso·Relatos

Capítulo 4: Matar a una Rita

Efectivamente, tengo ganas de matar a Rita. Si no la conocéis ella es una estudiante de periodismo con un blog en el que cuelga noticias de su pueblo y que algún día acabará casándose con David, su mejor amigo y que después de sufrir un accidente tiene amnesia anterógrada.
Igual os suena un poco esta descripción (menos la parte de que está casada), y es que Rita está ligeramente basada en Marina. Surgió de un reto de ELDE del año pasado, Crónica de un acosador de famosos, en la que nos imaginaba a Marina y a mi en un Burger King cuando nos encontrábamos con Patrick Rothfuss. Como os podréis imaginar le cantábamos las cuarenta por hacernos sufrir como lo hace sin publicar el tercer libro. Pues al cabo de un tiempo con otro reto (qué queréis, 52 relatos dan para mucho) descubría que David, por algún motivo no podía generar nuevos recuerdos, pero Rita estaba allí para ayudarle. Y así fue como estos dos personajes, basados en nosotros, entraron en Diégesis.

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Relatos

Fogata

-Al día siguiente se encontraron con que la casa estaba vacía y no había rastro de que alguien hubiera vivido allí.
-¿Y ya está? Pues vaya mierda de historia.
Los demás se quejaron también, les había parecido demasiado típica. Antes de que pudieran seguir protestando, Santi agarró la linterna, lo que le daba permiso para hablar. Todos callaron de golpe.
-La historia que os voy a contar es real. Sé que al principio de todos los cuentos de miedo se dice esto, pero os juro por Dios que os digo la verdad.
Todo le miraron con cara de incredulidad, pero él siguió hablando.
“Mi padre tiene un amigo, Juan, que estudió Historia y Filosofía. Cuando acabó de estudiar le dieron una plaza en el departamento de Historia Medieval, período que le encantaba. Empezó dando un par de clases y ayudando en las investigaciones de los demás profesores. Y así fue escalando puestos hasta llegar a ser rector de la facultad. Tenía su propia biblioteca, llena de centenares de volúmenes antiguos, y sus investigaciones le hicieron ganar algún que otro premio.

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Reseñas

Cosas que ya no existen #Cristina Fernández Cubas

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¿Conocéis la iniciativa de Adopta una autora? Si estáis aquí, probablemente sí. El objetivo de esta iniciativa es dar a conocer la vida y obra de una autora a través de unas cuantas entradas dedicadas exclusivamente a ella. Nosotros hemos decidido participar y yo he adoptado a Cristina Fernández Cubas, una autora española que ganó este año el Premio Nacional de Narrativa.
FICHA TÉCNICA
 

Titulo original: Cosas que ya no existen
Autora: Cristina Fernández Cubas
Año de publicación: 2000
Páginas: 262
ISBN:  9788426412928



 

SINOPSIS
Cosas que ya no existen es un hito en la trayectoria de Cristina Fernández Cubas, un libro que la autora concibió como un recuento de escenas, personajes, viajes y momentos de su propia vida que pedían paso para una suerte de memorias, y que, imponiéndose como historias, acabaron conformando un magnífico volumen de relatos vividos. Con las armas de la ficción, y el despliegue de una prosa envolvente y arrolladora, sus páginas nos transportan a un viaje transatlántico al Buenos Aires de los años setenta, a estudiar durante unos meses en El Cairo, a cruzar la frontera boliviana o a vivir singulares peripecias en distintos puntos del globo. Pero también a escenarios más íntimos, como el que crean las fabulosas historias de terror que contaba su niñera, las vivencias en un colegio de monjas o la casa familiar, con vestigios de otra época, en la que un gran reloj de pie, desde su puesto estratégico en la escalera, parece, con sus poderosos latidos, regir el destino de los que la habitan.

 
RESEÑA
 
AUTORA

Cristina Fernández Cubas nació en Arenys de Mar en 1945 y desde que publicó Mi hermana Elba en 1980 no ha parado. Ha escrito 11 libros, una obra de teatro, la biografía de Emilia Pardo Bazán y la autobiografía de la que os quiero hablar hoy.
En 2013 publicó su novela La puerta entreabierta, en la que usó un seudónimo, Fernanda Kubbs. Y este año recibió el Premio Nacional de Narrativa (como os he dicho antes), por su libro de cuentos La habitación de Nona, el último que ha publicado.
En una entrevista dijo que nunca contaría cosas suyas, aunque siempre las cuentas, porque escribir es siempre autobiográfico, das la medida de tu imaginación, lo que siempre es autobiografía. También dijo que en este libro no se ha permitido ninguna licencia (aparte de algún cambio de nombre), la vida es la guionista, que a veces es muy caprichosa.