52 Retos·Guille·Relatos

#1 Cork

Escribe un relato que comience en un día de Año Nuevo.


“When it all comes down, can you say that you never gave up?” The eco-terrorist in me, Rise Against

Ella corría tambaleándose con sus tacones, mientras la sangre palpitaba al fondo de su oreja. Giró la esquina y esquivó la mirada de las grandes cabezas que reposaban sobre sus pedestales de piedra en el parque a su izquierda. Siguió la misma calle y por fin vio las luces que iluminaban el cartel. Se acercó a la puerta y un hombre calvo le abrió la puerta mientras se acababa su cigarrillo.

Al entrar miró a todos lados y vio como a su derecha le esperaban sus amigos haciendo señales a los relojes.

-Rita, ya te vale, siempre llegas tarde.

-Perdón, es que he perdido la noción del tiempo.

-¿Vas a seguir usando la excusa de siempre? Como propósito podrías ponerte ser más puntual, ¿no? Bueno, ya da igual. ¡Feliz año!

Rita les felicitó también y le dio dos besos a cada uno. Cuando hubo acabado fue a la barra y, después de esperar un rato, pidió una cerveza, que había subido de precio por “ser el día que es”, como le dijo Nic. Aunque tampoco se quejaron demasiado, el precio normal era muy bajo, tanto que la mayoría se creía los rumores que había sobre las ilegalidades que se cometían cuando cerraban las persianas y la gente aún no había salido.

-¿David no viene? -preguntó Cam, que ya se estaba acabando su botella.

-Que va, le he insistido, pero dice que no le apetece. Hace poco sufrió otro ataque y no está de humor. Suficiente que conseguí que me acompañara al ayuntamiento para ver el cambio de alcalde, y solo vino porque me lo había prometido semanas antes.

-Pues nada… A ver si la próxima vez está más animado. Pero ahora hay que celebrar que lo has conseguido: ¡has echado al antiguo alcalde! -exclamó Mara, levantando su vaso en el aire-.

Todos lo golpearon y le dieron la enhorabuena, mientras ella se ponía roja. Hacía unas semanas había colgado en su blog una noticia sobre la corrupción del alcalde, que ante las investigaciones y el odio de los ciudadanos había decidido dejar el cargo. En su lugar se había puesto la concejala de medio ambiente, a la que todo el pueblo respetaba.

-La verdad es que sienta bien esto de desvelar los misterios del pueblo.

-Bueno, pues si no va a venir nadie más yo me tengo que ir, que está Fran en casa enfermo, no quiero dejarlo solo mucho rato -dijo Cam y se despidió de todos-.

Al salir se chocó con un chico, al que saludó.

-¡Med! -Nic saludó al chico que acababa de entrar y le dio la mano-. ¡Feliz año!

-¡Igualmente! ¿Solo estáis vosotros?

-Sep. Habíamos contado con Dália, pero en el último momento se ha quedado en casa de su novio con unos amigos.

-Vaya… Bueno, ¡que os lo paséis bien!

Se despidió y se fue al final del bar, donde le estaban esperando sus amigos.

– Suerte que habéis podido pillar sitio, que sino tendríamos que haber ido al Insomnia como el año pasado… Y qué, ¿cómo os va? -preguntó Rita-.

-Fatal. Estoy de derecho romano hasta la pollum -dijo Nic, mientras Mara bufaba por haber oído el chiste dos veces la misma noche-. Llevo todas las vacaciones en la biblioteca, deberías venir algún día, Mara y yo quedamos siempre.

-Mmm no sé yo. Tendría que llevarme el portátil y últimamente hace cosas raras, tengo que llevarlo a arreglar. ¿Y tú qué, Mara?

-Regular, estoy bastante estresada por los exámenes, pero voy tirando. Hay una asignatura que llevo fatal, pero un chico de cuarto me está dando clases. Por cierto, ¿te gustó la postal?

A Mara le encantaba pintar y hacer manualidades, así que en vez de enviar una postal con una foto de su familia había decidido hacer postales personalizadas para cada uno de sus amigos. A Rita le había llegado una como si fuera un periódico con el titular felicitándole las fiestas.

Siguieron charlando un rato hasta que Nic sacó su móvil y abrió la aplicación. Ya era casi una tradición beber con ese juego, ni recordaban la primera vez que lo habían usado.

Nic le estaba oliendo la espalda a Mara cuando la puerta del pub se abrió y entró un hombre con pasamontañas y pistola en mano.

Todo el mundo empezó a gritar y a esconderse en el lavabo o bajo sus mesas. En la barra dos camareros se tiraron al suelo mientras el tercero se mantenía en pie, mirando al atracador a los agujeros tras los que se escondían sus ojos.

-Toni, agáchate, joder -le dijo la camarera pelirroja mientras le estiraba del pantalón-.

-Dame todo lo que hay en la caja registradora -por el tono de su voz supuso que estaba borracho, pero la pistola no le temblaba y le estaba apuntado a la cabeza-.

-Está bien, pero tranquilízate.

Toni abrió la caja lentamente mientras buscaba a su alrededor algo con lo que atacar al atacante. Solo había vasos, pero apuntándole como le hacía no podría usarlos sin que apretara el gatillo. El camarero estaba sacando los billetes cuando el móvil de Nic, que aún estaba en la mesa, empezó a sonar con la música de la aplicación.

El ladrón se giró en redondo, apuntando a los chavales que se encontraban recluidos bajo la mesa de madera. En ese momento un vaso se estrelló en la cabeza del atacante, que hizo que soltara la pistola y se llevara las manos a la parte de atrás del pasamontañas. Toni pegó un salto y se plantó delante de la barra, al lado del atracador, al que agarró del cuello y entre empujones y puñetazos consiguió llevarse fuera del bar.

La gente empezó a asomar las cabezas y a mirar a la puerta, por si el atacante volvía a entrar. La camarera salió tras la barra, y cogió la pistola que aún descansaba en el suelo. Se la guardó en el bolsillo por si su jefe la pedía y tranquilizó a los demás diciendo que ya estaba todo controlado. Esperaron un rato hasta que los camareros decidieron evacuar a todo el mundo por la puerta de atrás, que daba a la calle y a la casa que también pertenecía a los dueños. Al salir de allí no vieron ni al atracador ni al camarero.

Los chicos se fueron al parque que había al lado y se sentaron en las escaleras de la iglesia.

-Joder, ha ido por poco -Nic miraba su móvil hipnotizado, sabiendo que podría haber muerto por su culpa-.

Se quedaron un buen rato callados, bajo el frío de la noche y la luz de las farolas y las decoraciones navideñas. Miraban las calles como si hubieran cambiado, como si hubieran vuelto a su pueblo natal después de años.

-Ahora mismo podríamos estar muertos -Mara se levantó del escalón y les miró a los ojos-. Podríamos haber desaparecido de la historia y no habríamos hecho nada para mejorar el mundo. Estamos estudiando para hacerlo, pero aún no hemos hecho nada. Pensad en la chica esa que murió la semana pasada…

-Ariane -dijo Nic-.

-Exacto. No la conocía, pero seguro que tenía sueños que no ha podido cumplir. Y tengo miedo de que eso me pase a mí…

-Tienes razón -dijo Rita mientras se tocaba la mancha de nacimiento de su brazo izquierdo-. El mundo está lleno de injusticias y, aunque no podamos pararlas, podemos luchar contra ellas. El alcalde solo ha sido el principio, no podemos parar ahora. No hemos hecho nada para parar las desgracias de este mundo, pero eso se acaba hoy.

Siguieron discutiendo hasta que el sol les descubrió, a lo que cada uno se fue a su casa, sabiendo que ese año iba a ser muy diferente al resto.

Guillermo Domínguez
 

 

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