52 Retos·Relatos

#5 Herejía

Usa la frase: “En el oeste se encontraban las ciudades de los muertos” para hacer una composición creativa.
En el oeste se encontraba la ciudad de los muertos. Eso es lo que le habían dicho toda la vida, pero ahora que llevaba un tiempo viviendo en Fara no la encontraba tan espantosa.
El sol le acariciaba la cara y la brisa la peinaba de manera caótica mientras cruzaba a paso lento el parque. Sonrió al oír a unos niños jugando y se estremeció al sentir como uno de los niños caía de su bicicleta y estallaba a llorar. Ella lamentó no poder ver nada de eso.
Un par de años atrás había perdido la visión, sumiéndose en la oscuridad, y aún le costaba desenvolverse en ese mundo de sonidos y olores. Una extraña enfermedad (cuyo nombre no sabía por no tener dinero para pagarse ningún médico) la había sumido en la oscuridad.
Se sentó en un banco, apoyó el bastón, y se puso a disfrutar de la tarde, con el sol dándole de pleno. Poco después sintió como alguien se sentaba a su lado.

-Hola -dijo ella con voz suave-. Hace buena tarde, ¿verdad?
-Sí… -respondió una voz de mujer, dubitativa, después de pensarse la respuesta un momento-. Oye, ¿cómo has sabido que estaba aquí?
-Por el olor. Me gusta tu perfume, por cierto.
-Mi… ¿olor?
-Sí. ¿Cómo te llamas?
-¿Yo? Astrea.
-Qué nombre tan extraño, me gusta. Yo soy Emma.
-Encantada…
Pasaron un rato calladas, Emma mirando el paisaje sin verlo y Astrea observando sus manos sobre su regazo.
-¿Vives por aquí? -preguntó Emma-.
-Se podría decir que sí. Llevo bastante tiempo en este pueblo, la verdad. ¿Y tú?
-Sí. Aunque no desde hace mucho. Me mudé con mis padres hará unos años, en el 32. Es un pueblo bonito. O eso dicen.
-Sí que lo es, sí.
-Mi abuelo vivió aquí de pequeño. Casi no se acuerda de nada. Dice que ha cambiado bastante en estos últimos años, desde que el pueblo estuvo abandonado. Aunque él vive fuera. Estaba presente cuando hubo aquella tragedia y no ha querido volver desde entonces. Murió todo el pueblo, dice. A veces le insistimos a que venga, pero siempre se queda en el límite del pueblo.
-No puedo ni imaginarme que debió ser vivir aquello…-si Emma hubiera podido verla habría visto como una lágrima caía por su mejilla-. Oye, ¿puedo hacerte una pregunta?
-Claro.
-¿Es muy difícil vivir… con tu condición?
-Oh sí, ser tan guapa es bastante complicado.
Astrea la miró con los ojos abiertos, y los dos estallaron a reír.
-Ahora en serio, al principio me costó mucho, pero poco a poco se me ha ido haciendo más llevadero. Aún me tropiezo de vez en cuando. Ya puedo ir sola por la ciudad, tengo suerte de que mi fiel mascota me acompañe en mis aventuras -Emma acarició el bastón y se volvió a reír-. ¿Me dejas tocar tu cara?
Astrea la miró unos segundos, le cogió las manos y las llevó a su rostro. Emma la acarició con suavidad, sintiendo todos los pequeños detalles. Astrea tenía la nariz chata y los labios gruesos. Cuando le tocó los ojos ella retrocedió, pero en seguida volvió a acercarse. Se rio cuando Emma le hizo cosquillas en las orejas.
-Debes ser preciosa. Ojalá pudiera verte.
-A tu manera ya lo haces. Los demás ni siquiera podrían.
-¿Qué?
-Nada…
-¿Andamos un rato?
Las dos se levantaron y Emma se cogió al brazo de Astrea. La cercanía la intimidó, pero Astrea se mantuvo a su lado. Dieron una vuelta por el lago y hablaron de sus familias y amigos. Emma tenía novio, un joven panadero que había conocido nada más llegar a Fara. Era de las pocas personas que no la trataban con condescendencia o como si no pudiera valerse por sí misma. Astrea, en cambio, estaba sola. Años atrás había vivido con su hermano, pero por un motivo que no quiso explicar se separaron.
Estuvieron a punto de alquilar una barca, pero el hombre que las alquilaba las miró de manera obscena y les preguntó que por qué no estaban con ningún hombre, que se fueran con él. Ellas se dieron la vuelta y le dejaron gritando improperios.
Mientras pasaban al lado del búnker que daba nombre al parque, las campanas de la iglesia anunciaron que el sol no tardaría mucho en esconderse.
-Creo que debería volver -dijo Emma-.
-¿Ya?
-Lo siento. Mis padres se preocuparán por mi si no vuelvo pronto. Además estoy un poco cansada…
-Está bien… Pero antes déjame hacerte un regalo.
Sin que Emma pudiera contestarle Astrea la besó en los labios. El beso duró apenas unos segundos, pero Emma disfrutó cada uno de ellos. Cuando se separaron Emma se notó renovada y se lanzó a devolvérselo, pero ya no había nadie allí.
Emma dio vueltas agitando su bastón mientras la llamaba. De pronto notó algo en la esquina de su visión. Se giró y una luz empezó a llenar la oscuridad que había en sus ojos. Parpadeó varias veces.: incluso con los ojos cerrados seguía viéndola. La imagen se aclaró con lentitud y se dio cuenta de que le estaba mostrando el mismo parque en el que estaba, aunque desde la lejanía. Ella seguía quieta, de pie, agarrando con fuerza el bastón.
La imagen se mantuvo igual unos momentos, hasta que oyó un avión pasar por encima suyo. Se estaba preguntando si sería real o parte de su visión cuando apareció en esta, sobrevolando el parque. Algo empezó a caer del avión, silbando a su paso. Cuando la bomba cayó sobre el parque sus piernas le fallaron y tocó de rodillas el suelo.
Esa fue la primera vez que vio el futuro.
Guillermo Domínguez

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