Guille·Relatos

Aniversario

La chica más alta arremetió contra su contrincante, con el puño derecho en alto apuntando a su mandíbula, pero la otra chica le agarró el brazo y con una llave de cadera la lanzó al otro lado del garaje. Dio un par de pasos para equilibrarse, pero no lo logró y cayó al suelo, clavándose un cristal en el antebrazo.

-Oh, mierda, ¡lo siento muchísimo, Siara!

Siara se agarró el brazo y vio como la sangre empezaba a caerle. Elisabeth, la otra chica, fue corriendo a la puerta del garaje, donde habían dejado las toallas para el sudor. Cogió una y fue con Siara. Le arrancó con cuidado el cristal, que no había penetrado mucho la carne, y tapó la herida con la toalla.

-Mantén la presión un momento mientras voy a por gasas y alcohol, ¿vale?

-Vale -dijo Siara, que ya se había sentado en el suelo-.

Antes de que pasara un minuto ya había vuelto Elisabeth con el botiquín. Limpió con cuidado la herida con alcohol, diciendo lo siento cada vez que Siara ponía expresión de dolor. Cuando hubo acabado de limpiarla envolvió la herida con gasas y le dio un beso en el hombro.

-Guau, Eli, ¿dónde has aprendido a hacer curas?

-Bueno, esto no es uy complicado. Estuve un tiempo saliendo con un enfermero que me enseñó curas básicas. También sé hacer reanimación cardiopulmonar, así que, si alguna vez tienes pensado que te dé una parada cardiorrespiratoria o algo así, avísame.

-Qué generosa. Un enfermero, una entrenadora de artes marciales. Has salido con gente interesante, ¿qué vas a aprender de mí?

-A ser preciosa -Siara le dio un golpe suave y la llamó tonta, pero antes de acabar la palabra ya se estaban besando-. Te quiero.

-Y yo a ti.

Se levantaron del suelo y Siara miró el reloj que colgaba sobre la puerta.

-Antes me has dejado a mí tirada en el garaje, así que ahora te toca a ti, espérate un momento que ahora vuelvo.

-¿A dónde vas?

-No seas impaciente. Además, si alguien se cuela e intenta robarte puedes usar tus técnicas ninjas.

Salió de allí y cerró la puerta. Mientras, Eli se sentó en el banco de herramientas con cuidado de no clavarse ninguna. Los padres de Siara habían salido esa noche de la ciudad a un acto benéfico y se quedarían a dormir fuera, por lo que Eli se había quedado a dormir en su casa. Como se habían llevado el coche tenían todo el garaje para ellas solas, donde habían empezado a practicar autodefensa hacía unas semanas. Siara le había contado lo que le había pasado con su antigua novia: un día se habían enfadado y a punta de pistola le había robado lo que tenía en la caja fuerte. Por suerte no había demasiado, tenían la mayoría del dinero en el banco. Y Eli sabía que le estaba ocultando algo, pero no se lo tomó a mal. Al fin y al cabo, ella también la estaba engañando.

-¡Cierra los ojos! -exclamó Siara al otro lado de la puerta-.

Eli le hizo caso y oyó la puerta abrirse y unos pasos acercarse. Le cogió las manos lentamente y se las abrió, dejando un papel sobre ellas.

-Ahora ya los puedes abrir.

Lo hizo y vio en sus manos unas entradas para el ballet, la obra que llevaban tanto tiempo esperando que se estrenara.

-Eres tontísima, cari -dijo Eli, y salió corriendo de allí-.

Siara la siguió, sin entender nada. La encontró en el recibidor, buscando algo en su chaqueta de cuero. Y sacó las mismas entradas. Las dos empezaron a reírse y a besarse. Cumplían tres meses juntas.

 

Cuando los padres llegaron a la mañana siguiente Eli le estaba cambiando la gasa, que ya se había llenado de sangre.

-Una noche loca, ¿eh? -dijo el padre-.

-¡Papá!

 

Los bailarines danzaban, saltaban y giraban sobre el escenario mientras la música llenaba el teatro. Eli no entendía nada. Le parecía bello, eso sí, pero no llegaba a comprender del todo el ballet. Una vez el hijo de un gran empresario la había invitado a El lago de los cisnes y al acabar, mientras tomaban una copa, le explicó todo lo que tenía que saber sobre el ballet. Mientras sonreía y asentía se pasó todo el rato pensando en qué le robaría y cómo. A ella lo que le gustaba era la pintura.

La protagonista dio un último giro antes de que el telón se cerrara y las luces se encendieran. Iba a decirle a Siara que le había parecido muy corto cuando una voz anunció por megafonía que en quince minutos empezaba la segunda parte. Salieron fuera a tomar el aire.

-¿Qué te está pareciendo? -preguntó Siara-.

-Está sobrevalorada. El director es un genio, pero la banda sonora deja que desear.

-Estás diciendo cosas al azar, ¿verdad?

-Almohada, póster, colcha.

-¿María? -una voz familiar le gritó a su espalda y Eli se giró-.

Una mujer la miraba con rabia, mientras el hombre al que tenía la mano cogida la estiraba y le decía que se fueran, que no valía la pena.

-¿Quién es? ¿Y por qué te ha llamado María?

-Siara, por favor, vuelve dentro. Yo iré en un momento.

-No te dejaré aquí sola.

-Con que esta es tu nueva víctima, ¿no? Encantada, soy Bea, la hermana de Marina -la mujer se acercó y le tendió la mano a Siara, que tras unos momentos de duda se la estrechó-.

Eli apartó con suavidad a Siara y plantó ante su hermana. Mientras su novio seguía detrás, pidiéndole por favor que se marcharan. “Su marido” pensó Eli, viendo el anillo que tenían los dos.

-¿Qué quieres?

-No quiero nada, hermanita. ¿Acaso no puedo saludarte a ti y a tu nueva novia? No me habías dicho nada de ella.

-Tú no me invitaste a tu boda, al parecer.

-¿Cómo querías que lo hiciera? No sabía cómo contactar contigo. Desde que huiste de casa solo hemos sabido de ti lo que la policía nos decía. Ha sido bastante duro para nosotros. Algunas de las personas a las que timaste vinieron a casa y todo. Por suerte mamá y papá son fuertes y no se han derrumbado.

-Primero de todo, no hui, vosotros me echasteis.

-¿Qué querías que hiciéramos? No podíamos aguantar a alguien como tú en casa.

-Segundo, nada de esto hubiera pasado si al menos me hubierais dejado en paz. Cada vez que salía a la calle veía el coche de papá o alguno de sus sirvientes. No podía ni trabajar tranquila. Al final tuve que desaparecer de vuestra vista, incluso usé un nombre falso. Parece que no fue suficiente.

-Eres una criminal, y vas a acabar en la cárcel, te lo prometo.

-¿Me vas a meter tú en ella?

No tuvo tiempo de esquivar la bofetada que le dio su hermana. Eli ya estaba estirando el brazo hacia atrás cuando el marido cogió a Bea por el hombro y se la llevó a dentro del teatro. Se giró y vio a Siara llorando.

-Por favor, dime que no es verdad.

-Lo siento…

Siara se dio la vuelta y se fue hacia su coche. Eli la siguió, llamándola y pidiéndole perdón. Cuando llegaron al coche Eli continuó rogándole que la escuchara, que antes de juzgarla tenía que oír su historia. Siara bajó la ventanilla.

-Ya he oído suficiente -la escupió desde si asiento, arrancó el coche y se fue-.

 

-Muy bien, ya está.

Eli se levantó de la camilla y se miró en el espejo. Tenía el cuello rojo, pero se podía ver bien el dibujo. Una gran M rodeada de un círculo decoraba su nuca.

-Está perfecto, muchísimas gracias.

-Y si no es indiscreción, ¿qué significa?

-Es para no olvidar mis orígenes.

Guillermo Domínguez

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