Marina·Relatos

Un pequeño error

Una escuela cualquiera en la Tierra

Miércoles 08:55

Marta saludó con alegría a sus compañeros. Tenían un nuevo juego: no hablaban en voz alta y se comunicaban en secreto. Era muy divertido. Sabían todo lo que pensaban los profes y podían usarlo en su favor. Como con Claudia, la aburrida profe de historia. Había sido mala con la mamá de Lidia, así que la habían castigado y no había vuelto al cole. Ahora planeaban castigar a Marcos, el profe de gimnasia, por haberse reído de la barriga de Leo la semana anterior. Ese nuevo juego era genial.

Una de las salas de control en Bode

Trijornada 45.67

Z14 observó la pantalla con asombro y abrió ligeramente la boca, casi como si pretendiera soltar una exclamación sin atreverse a llevarla a cabo. Volvió a cerrar la boca y se puso a teclear con locura. Dos minutos más tarde su miedo se confirmaba y se pasó el tentáculo derecho por el rostro. Cogió la pantalla de desacoblación con la información y sin decir nada se la entregó a su superior. Las ventosas de este se contrayeron y sus cuatro ojos amarillentos lo fulminaron.
-¡Z14, esto es intolerable! -profirió sin ningú disimulo. El resto del equipo se giraron ipso facto con sorpresa -¡Intolerable! -repitió.
-No sé… No sé cómo ha podido pasar -la voz apenas le salía en un hilillo. Algunos compañeros se dirigieron una mueca de burla al verlo meter la pata de nuevo -. Por lo visto no revisaron el historial médico.
-¿Y cómo pudo pasar por el escáner?
-No… No lo sé… Q23, alto y fornido, con unos tentáculos anchos y oscuros que infundían respeto entre sus iguales, lo miraba con tal odio que temió estallar en cualquier momento. Su jefe no era demasiado tolerante y ya le había perdonado varios errores. Pero esta vez no era su culpa. Al menos, no solo suya.
-Es responsabilidad de los encargados de seguridad realizar esas comprobaciones -consiguió explicarse.
-Y la tuya es enterarte de si cumplen con esa responsabilidad. ¡Y detectar el problema antes de que treinta crías se infesten con un virus incurable! ¡TREINTA CRÍAS QUE PODRÍAN ACABAR CON UN PROYECTO MULTIMILLONARIO! -Q23 jadeaba, presa de la rabia.

-Yo…

-¿Tú, qué? -le cortó con brusquedad. Z14 calló y bajó la mirada -Vuelve a tu sitio. A56 lo arreglará, como siempre.

A56 era viscoso y asquerosamente rosado pero sabía como camelarse a todos sus superiores. Z14 le odiaba. Su némesis le dirigió una mueca de burla, mostrando sus afilados dientes, y se puso a teclear.

La misma escuela en la Tierra

Miércoles 10:47

Faltaban tres minutos para la hora del patio y después la clase de educación física. La venganza estaba planeada y los niños sonreían en silencio. La profesora de lengua deseaba oír el timbre para dejar de ver sus rostros extrañamente serenos. Se sentía muy incómoda. Pero en vez de la campana que anunciaba el fin de la clase, oyó unos gritos provinientes del pasillo. Aprovechó para perder el tiempo y dejar de sentir aquellas siniestras miradas y abrió a la puerta. Empalideció de golpe. Ramón, un exalumno de apenas 14 años, disparaba a su compañera de la clase de tercero. El cuerpo cayó con un golpe sordo y sus alumnos soltaron un grito de terror. En su clase, los niños no parecían sorprendidos. Ramón la vio y se dirigió hacia allí.

En la sala de control de Bode

Trijornada 92.13

74 minutos más tarde el informe apareció en su pantalla. Las treinta crías humanas estaban muertas. El virus había sido suprimido. La atracción Terra: Una aventura prehistórica estaba funcional otra vez.

Marina R. Parpal

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