52 Retos·Guille·Relatos

#15 Manada

¡Cambia el devenir de los hechos! Elige un momento histórico clave y construye una realidad totalmente diferente, ¿qué hubiera sucedido si…? Practica sin miedo toda tu destreza con la descripción.

Cuando los Dioses nos abandonaron todo cambió. Esperamos durante mucho tiempo alguna señal de que aún estaban allí arriba, observándonos, pero al final la falta de alimentos en las cercanías hizo que tuvieramos que volver al camino. Dejamos un flecha en el suelo para indicarles por donde habíamos, hacia las Tierras del Sol. La Blancura estaba a punto de llegar y nosotros no teníamos ya a nadie que se asegurara de que íbamos a sobrevivir. Cuando encontramos un buen sitio en el que refugiarnos nos aseguramos de que hubiera una cueva cerca por si Men volvía.

Mientras intentamos volver a la normalidad, las partidas de caza salían con regularidad y los recolectores hacíamos turnos como siempre. Pero las valas se acabaron pronto. Se nos hacía raro volver a estar solos, echábamos de menos incluso a los Visitantes, Dioses que bajaban de vez en cuando para ver nuestra situación y “hacer fotos”, como decía Men. Tampoco sabíamos qué hacer con los jóvenes, ya no había manera de saber si habían llegado a la madurez sin los aparatos de Men. Aún recuerdo cuando el Mensajero de los Dioses me señaló desde su trono y me colocó el kasko en la cabeza. Los detalles de lo que me hizo ver ese trasto son borrosos (un hombre con bigote y gorro rojo saltando setas andantes), pero lo que sí sé es que pasé la prueba y pude quedarme con la manada. Si no lo hubiera hecho Men me hubiera borrado la memoria y apartado de mis hermanas y hermanos, habría tenido que vagar por el mundo hasta que otra manada me hubiera aceptado.

Los Blancos cayeron poco después de llegar nosotros. Con los animales que cazaban hicimos mantas para todos, y por las noches nos juntábamos y dormíamos unos pegados a otros. Pero yo seguía teniendo frío sin Men a mi lado. Me había acostumbrado tanto a dormir con él que algunas noches me despertaba y abrazaba a la persona a mi lado, hasta que me daba cuenta de que no él ya no estaba con nosotros. Sigue leyendo “#15 Manada”

52 Retos·Guille·Relatos

#42 Terapia

Atrévete a ser infiel en un relato y describe al detalle las sensaciones de los personajes.

El hombre se traga su cuarto vaso esta noche y siente como su mente empieza a nublarse. Mira al camarero de reojo, se siente atraído por él. Lastima que no pueda leerle la mente como a los demás, sería todo más fácil. Aun así tengo experiencia con los sentimientos de la gente y sé que este es el momento de atacar. Me levanto de mi sitio en un rincón y tras comprobar que mi maquillaje está bien, me siento a su lado. El hombre (la Jefa me ha dicho que se llama Misha) me mira y sonríe.

-Hola, ¿estás sola?

-Ya no.

-Me alegro. Soy John, por cierto -vaya-.

Hablamos y bebemos un rato, hasta que consigo que me invite a su casa, no me hace falta entrar en su cerebro para saber lo cachondo que está. Si no puedo acceder a la información por la vía de siempre tendré que hacerlo de otra manera. Misha (o como quiera que se llame) se despide del camarero y este le guiña un ojo. Salimos de allí y me lleva hasta su coche, donde rozo su mano y por un segundo puedo saber lo que piensa. Parece que el chip no funciona tan bien como cree. En esa pequeña ventana a su mente veo cómo me desnuda con la mirada y el recuerdo de un hombre alto de mirada seria. Él es a quien busco. La conexión se desvanece en seguida y vuelvo a la realidad.

Cuando llegamos a su casa me invita a otra copa y la acepto. Mientras él va a la cocina doy una vuelta por el comedor observándolo todo. Me doy cuenta de las pocas fotos que hay y de que la televisión esta en el suelo, sin ningún mueble que la aguante. O se acaba de mudar o es muy descuidado. Él vuelve y me pregunta por mi vida, a lo que yo le respondo con mentiras, y cada vez que se gira lanzo lo que hay en mi copa a su vaso o al jarrón que tengo a mi izquierda. Está tan borracho que no se da cuenta.

Nos empezamos a besar y pequeños flashes vienen a mí. Está muy excitado, pero también noto algo de miedo tras la cortina que produce el alcohol. El hombre alto le prohibió que saliera (imagínate llevar a su casa) con desconocidos. Sabe que como se entere le caerá una buena, pero ahora no es momento de pensar en estas cosas. Penetro más en su mente y veo todo lo que ha hecho hoy, aunque nada es de importancia. Joder se me acaba el tiempo. Me toca con suavidad la mejilla derecha y yo lo aparto, cojo mi vaso y brindo por cualquier chorrada que se me ocurre.

-Por el año nuevo -repite él, aunque hace tres semanas que pasó-. Sigue leyendo “#42 Terapia”

Marina·Relatos

A más ver

¿Es que debo resistirme a la inspiración? Me disculpo si esta os ha ofendido, pero no me arrepiento. Somos viejas amigas, aunque no me visite ya tanto como antes. Creo que le preocupa algo. Tenemos confianza pero quiero darle tiempo. Cuando nos encontramos, de repente, sin planearlo, como siempre, nada parece haber cambiado y podemos estar horas, días, ¡incluso semanas!, retozando entre sábanas de papel y besos de metáforas. Después se marcha, ni siquiera se despide, aunque no se lo echo en cara. Ella es así y yo la quiero a su manera. Necesita tiempo. Quizá visita a otras amigas, lo comprendo. La espero y aunque lo intente, no consigo placer igual sin ella, ni nada puede llevarme al orgasmo más que sus palabras. Me las susurra al oído, qué voz. A veces habla tan deprisa que no tengo tiempo de escribirlo todo u olvido alguna de sus mejores citas.

Hoy ha venido a verme. Ha sido breve. Sus abrazos eran agridulces y algo melancólicos. Me besaba diciéndome adiós.

Marina R. Parpal

52 Retos·Guille·Relatos

#16 Relato

Crea un relato que gire en torno a una cuenta atrás.

 

Hoy os voy a contar la historia de un chico inmortal.

Sí, ya sé lo que estáis pensando. “Estos jóvenes de hoy en día, que creen que nunca morirán.” Esa no es su situación. Aunque seguro que se alegra de que penséis en él como joven. Pero tranquilos, que eso se acaba hoy. En una hora este ya-no-tan-joven morirá, hasta entonces tengo tiempo para contaros qué le ha llevado hasta aquí.

“Dice que es inmortal pero que hoy va a morir, ¡que se aclare de una vez!” Tranquilos, que no cunda el pánico, si me dejáis que os lo explique lo entenderéis.

Veréis, hasta hace unos años era un chico normal, con un pisito a cinco minutos de la universidad, pareja estable… Pero todo eso cambió el día que apareció esta extraña cicatriz. Ya, ya sé que no podéis verla, pero yo sí y estoy aquí para describírosla. Es un conjunto de símbolos extraños, formados líneas que parecen dibujadas por un bebé, la verdad, y están rodeados de un círculo no demasiado perfecto. Uno de los símbolos siempre le ha recordado a la Osa Mayor. Aunque en realidad no son símbolos y punto, sino que son palabras escritas en un lenguaje antiguo y lleno de poder, que atrapan su alma en el cuerpo y le permiten a este curarse ante cualquier situación.

Me estoy adelantando a los acontecimientos. No sabéis lo duro que es contar esta historia con un cronometro delante, viendo como su protagonista está apunto de quitarse la vida.

A lo que iba. Estaba una noche conduciendo con su compañero de piso de copiloto cuando empecé a sentir un ardor en el pecho. Volvían de la feria del pueblo de su infancia, donde había arrasado con la pistola de aire comprimido. En el asiento de atrás estaba la jirafa gigante que había ganado y la fotografía que le habían hecho con ella en brazos, para demostrar su autoría. Pues eso, que de golpe sintió como su pecho se desgarraba y la camisa se empapaba de sangre. Su compañero le preguntaba sin parar qué le pasaba, y ninguno de los dos vio la curva que se acercaba a ellos. Sigue leyendo “#16 Relato”

Marina·Relatos

Caja sorpresa

En el centro, hay una caja.

Una caja con forma de cubo, pintada con colores alegres y con dibujos infantiles. Nadie la ha abierto aún, aunque tú conoces su contenido. Pocos lo intentan en realidad. Es bonita y promete felicidad, ¿para qué arriesgarse a no encontrar lo esperado en su interior? Quien se arriesga lo hace con ternura, buscan el cierre, pero solo tú tienes la llave. Y quieres ayudar, de verdad que sí, pero el miedo te lo impide.

ABRIR LA CAJA ESTÁ PROHIBIDO.

Y si alguien la quiere forzar con insistencia, la tapa salta y un sonriente payaso de mofletes colorados rebota con un muelle. Todos se divierten, míralos. ¿Por qué tienes esa cara de asustado? Lo sabes. El payaso es solo un fantasma, oculta el verdadero contenido. Te dices que eso es bueno, pero odias al payaso. Sonríe y, sin embargo, te produce terror.

LO QUE HAY EN LA CAJA NO ES NORMAL.

Cállate. Mátalo. Mata el payaso. No importa si eso te hace flotar. Coges el puñal, la mano te tiembla.

LO QUE HAY EN LA CAJA ES DIFERENTE.

Acercas el arma a la estúpida cara de alegría .

ES RARO. Sigue leyendo “Caja sorpresa”

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#41 Ceniza

Escribe una historia con lo que haría un personaje que sabe que le queda una semana de vida.

 

LUNES:

El cigarro le abrió los pulmones y el vaso de whisky le despertó la mente. No dejó de mirarse la mano izquierda en ese rato. Se guardó la pistola en el cinto, se aseguró de tener su placa a buen recaudo y fue a la habitación, donde tapó con la sábana a la mujer que dormía desnuda en la cama y se despidió en un susurro sin que ella se enterara.

Ya en el coche revisó el mensaje que había recibido de su compañera y se dirigió en dirección a la escena del crimen. Cuando llegó la zona ya estaba precintada y la multitud se agolpaba para ver algo. Qué iban a ver, si lo único que quedaba de la víctima era una mancha chamuscada en el suelo.

-Por fin te dignas a aparecer, compi -dijo Ariel, su compañera, que tenía una taza de café en la mano-.

-Se me han pegado las sábanas, no he dormido demasiado bien.

-¿Quieres que te dé algunas hierbas que pueden ayudarte con el insomnio?

-No. ¿Qué tenemos aquí?

-Varón caucásico de 13 años…

-Joder.

-Y que lo digas. Padre licántropo y madre mortal. La víctima aún no había presentado muestras de portar los genes licántropos. Estaba echando unas canastas solo cuando despareció. La madre estaba viendo la tele y dice que vio una extraña luz azul reflejada en la pantalla, pero eso es todo. El padre estaba en el sótano encadenado, anoche fue luna llena. Ya verás qué guapo es el padre.

Atravesaron el el jardín, que aún tenía el cartel de “Voten a Van Alucard”, y Ariel abrió la puerta. En el piso de arriba se oían pasos, que supuso que eran de los forenses en la habitación de la víctima. Después tendrían que pasarse. En el comedor estaban los padres, y por poco le entra una arcada al ver al marido. Tenía todo el cuerpo desfigurado: la mitad izquierda de la cabeza era una masa amorfa de carne y pelos, con unos colmillos prominentes se asomaban por su enorme boca. El brazo izquierdo descansaba en un cabestrillo y en el derecho se veía un atisbo de garras en la peluda mano. Estaba encorvado y aunque por culpa de los zapatos ortopédicos que llevaba no se veían sus pies, se intuían unas pezuñas. Ya había visto un par de veces a gente como él, pero solo por la televisión. En persona era más horroroso. Por lo que había entendido de ese documental, la malformación se debía al uso de cadenas de plata defectuosas, que paraban la metamorfosis a la mitad, dejándoles en ese estado. Y encima era irreversible. Sigue leyendo “#41 Ceniza”

52 Retos·Guille·Relatos

#27 Síntesis

Inventa un relato con una mujer como heroína y su camino hasta llegar a serlo.

Qué bonitas son las vistas desde la Torre. Aunque la cantidad de escaleras que hay que subir para llegar a la cima no es tan bonita. Me coloco sobre la plataforma, estiro los brazos y abro las manos. Sé que esto de las manos ya no es necesario, ya estoy entrenada y podría hacerlo con los brazos atados a las espalda, pero me gusta que sea una especie de ritual. El sol se refleja en las puntas metálicas de mis dedos y tengo que cerrar los ojos. Me concentro. Siento como mis dedos empiezan a vibrar y así sé que está funcionando. Envío la señal específica que me han mandado para hoy y cuando he acabado abro los ojos y bajo de la plataforma.

Hoy ha sido sencillo, rutinario incluso. Hacer que llueva en los pueblos del interior es algo que hacía cada día cuando me entrenaban. Solo hay que activar los satélites para que enfríen un poco las nubes. Más de una vez durante el entrenamiento las enfríe demasiado e hice que nevara, pero ya no cometo esos errores. Voy hacia la puerta que da a las infinitas escaleras y mi asistente me abre la puerta. Empiezo a bajar y noto como él está ahí detrás, pisándome los talones, no se separa de mí. Sé que es su trabajo, pero me molesta mucho. Volvemos andando a casa, paseando tranquilamente. Un pregonero anuncia que este fin de semana habrá actividades en el auditorio, que estamos todos invitados. Al pasar delante de una pastelería entré a comprarme una magdalena, mientras el asistente me espera fuera, mirándome desde la cristalera. Cuando voy a pagar el pastelero aparta la mano al ver que casi le rozo con los dedos, haciendo que caigan todas las monedas sobre el mostrador. Me pide perdón y las recoge sin mirarme a los ojos. Cojo la bolsa y salgo de allí. Sigue leyendo “#27 Síntesis”