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Curiosidades literarias 2: El retorno

El mundo de la literatura está plagado de curiosidades, a las que ya dedicamos esta entrada el año pasado. Ahora volvemos con más, esperando que os resulten curiosas (vale, perdón ya nos vamos):

  • El Rey de los cameos: ya sabemos que los artistas tiene la afición de hacer cameos en series y películas, pero el que hizo Stephen King en Sons of anacrhy llega al siguiente nivel. El escritor ya había aparecido en adaptaciones de sus libros (como la serie de La cúpula), pero esta vez apareció en la famosa series de moteros interpretando a Richard Bachman, su seudónimo. Durante años King estuvo publicando bajo este seudónimo, hasta que en 1984 le descubrieron, entre otras cosas, por la prosa de los “dos” escritores era demasiado parecida. Después de eso el autor declaró que Bachman había muerto de “cáncer de seudónimo”, aunque más tarde apareció un última novela póstuma. Incluso escribió una novela sobre este hecho, La mitad oscura, en la que un autor “mata” a su seudónimo pero este vuelve para matarle.

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  • El día que Víctor Hugo se quedó sin palabras: todos conocéis a Víctor Hugo, el autor de Los miserables, entre otras novelas. Y también sabéis la enorme cantidad de palabras que tiene (Goodreads me chiva que son 1463). Pues resulta que al acabarlo se fue de vacaciones, pero quería saber cómo iba la edición de su novela, así que escribió una carta a los editores. Parece ser que agoto el cupo de palabras que podía escribir, porque en la carta solo ponía “?”. Los editores, evidentemente, contestaron con un “!”.
  • El arduo cometido de interpretar la poesía: dice la leyenda que una vez estaba Lorca oyendo recitar un poema de Rubén Darío que dice “…que púberes canéforas te ofrendan el acanto”. Lorca se levantó del asiento de golpe para que lo repitiera que solo había entendido el “que” y nada más. Pero no es la única anécdota: otro poeta, Dylan Thomas, dijo una vez que sus poemas no los entendía ni su madre.
  • Biblioteca Beinecke de libros raros y manuscritos (1).jpegEl cementerio de los libros raros: en una tierra muy muy lejana (Connecticut) existe la llamada Biblioteca Beinecke de Manuscritos y Libros Raros, que pertenece a la Universidad de Yale, y como podéis comprobar por el nombre, seguro que está llena de curiosidades literarias. Una de las más extrañas es el llamado Manuscrito Voynich, escrito en el siglo XV por un autor anónimo y en un alfabeto no identificado y un idioma incomprensible. A este lenguaje lo llamaron voynichés. Hay muchas hipótesis acerca de su autor, lo que contiene o el supuesto código en el que está escrito (podéis leer muchas de ellas en su página de Wikipedia). Actualmente una editorial española se ha encargado de reproducirlo, y este verano ya estará disponible. Por favor, si os hacéis con él avisadme.

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Artículos de los que he sacado la información:

http://ovejanegra.peru.com/temas-libres-10-curiosidades-literatura-universal-257502

https://www.euroresidentes.com/entretenimiento/apasionados-libros/13-curiosidades-sobre-las-bibliotecas

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¿Vade retro TV? 

“No son libros lo que usted necesita, sino alguna de las cosas que en un tiempo estuvieron en los libros. El mismo detalle infinito y las mismas enseñanzas podrían ser proyectados a través de radios y televisores, pero no lo son. No, no: no son libros lo que usted está buscando. Búsquelo donde pueda encontrarlo, en viejos discos, en viejas películas y en viejos amigos; búsquelo en la Naturaleza y búsquelo por sí mismo.”

(Cita de “Fahrenheit 451”, 1953. Ray Bradbury)

Creo que he puesto esta cita en varias entradas ya, pero me parece lo más importante de toda la novela. Los libros no son más que un producto físico en el que se recoge conocimiento en sus diferentes formas. Puede estar hecho de papel y tinta o de ceros y unos. De la misma manera que no se elogia una impresora por la importancia del mensaje que imprime, no deberíamos convertir a los libros en elementos sagrados.

Volviendo a la cita, es verdad que la televisión no suele ofrecer el mismo contenido que un li… Belén Esteban ha publicado una biografía. ¡No vengo a hundiros, lo juro! Lo que quiero decir es que libros malos los hay a doquier, lo que pasa es que tenemos más libertad que para escoger los programas de televisión, que vienen impuestos por las parrillas (aunque el criterio de las grandes editoriales para promocionar ciertos libros viene por lo mismo: la venta. Así nos encontramos con que Anna Todd esté de las primeras recomendaciones en Planeta).

¿Que por qué hago esta entrada? Solo quería recomendar series y películas que transmiten tanto como un libro podría hacerlo: porque lo importante es el mensaje (y el estilo, que hay que valorarlo), no el soporte. Guille ya recomendó hace un tiempo una serie, Flesh and Bone, no la pongo aquí pero es parte de la lista.

Hannibal

Esta serie consta de 3 temporadas y está basada en los personajes de la novela Dragón rojo de Thomas Harris (la precuela de El silencio de los corderos). Aunque tiene su origen en un libro, no se puede decir que sea la adaptación televisiva del mismo. En la serie solo se recuperan los personajes principales y las relaciones que tienen entre sí, la historia es similar pero toma su propio curso. Sigue leyendo “¿Vade retro TV? “

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La idealización de los libros

1. m. Conjunto de muchas hojas de papel u otro material semejante que, encuadernadas, forman un volumen.

Según la RAE, eso es un libro y esto es algo que no se puede negar. Pero un libro es mucho más, sobre todo con la llegada de audiolibros y eBooks. He visto muchas veces como la gente niega que estos dos últimos formatos de lectura sean considerados libros. Pues bien, hoy vengo a romper una lanza a favor de ellos.
Para mí un libro no es un conjunto de hojas, con su portada, su lomo… Un libro son las ideas que hay dentro, los pensamientos que un autor ha conseguido plasmar. Tú puedes llegar a esas ideas mediante un libro en papel, uno electrónico o a través de la narración de alguien, y lo que saques de ese libro será lo mismo. ¿O es que no se puede considerar libro aquel que le leen unos padres a sus hijos? Porque esos fueron mis primeros “audiolibros” y no son menos libros por ello. Quizá sin esos cuentos antes de dormir jamás hubiera llegado a apasionarme la lectura y no estaría escribiendo esto ahora mismo.

Yo suelo leer en eBook, porque me resulta cómodo y barato (aunque a veces los precios son demasiado elevados para lo que en realidad son, pero esto es otro tema). Lo malo que le veo (quitando el olor y demás características del libro físico) es que tiene batería. Eso hace que haya veces en las que, cuando estoy de viaje, me quede en mitad de una frase y eso da mucha rabia. Pero que lea en eBook no implica que no lea libros en papel. Yo sigo comprando en librerías, porque hay libros que quiero leer en papel, porque me han encantado, porque quiero tenerlo en la estantería… Y también existen las bibliotecas, que nadie va a ser más bibliófilo por tener más libros en sus estanterías y gastarse todo su dinero en librerías caras. (Ahí lo dejo, booktubers con estanterías descomunales que se acaban reduciendo a múltiples ediciones de Harry Potter y Los Juegos del Hambre).

Otro debate distinto sería la preferencia de cada uno, porque ahí nadie se puede meter en lo que los demás piensen. Se supone que la lectura debería abrirnos la mente, no cerrárnosla en temas tan absurdos como este. Lo mismo pasa con los géneros, que ahora parece que haya una guerra civil (o siempre la ha habido y yo he llegado tarde). Ni la literatura juvenil es basura ni es lo mejor que se haya creado nunca, por mucho que algunos quieran argumentar lo uno o lo otro. Yo por mi parte no leo juvenil, porque no me apetece. Creo que cada vez los libros se parecen demasiado unos a otros, leo una sinopsis y ya he leído 30. Pero esto también pasa con los libros “adultos”, y es de esos libros de los que huyo.
Bueno, que me estoy desviando del tema. A lo que iba, es que hay gente que tiene a los libros en un pedestal, que no se atreve ni a abrirlos para no arrugar sin querer una página. Yo antes no escribía en los libros y, aunque aún no lo he hecho demasiado (últimamente todo lo pillo de la biblioteca), me ha gustado. Los libros están para disfrutarlos, para aprender y para que te abran la mente. Y eso también se puede conseguir con una serie, una conversación con un amigo, con una canción…
Lo importante de los libros es lo que hay dentro, las ideas que transmiten, y es eso por lo que luchamos, por lo que hemos creado este blog. No queremos ser vistos como “salvadores de la literatura”, pero la defenderemos a capa y espada. 


“No son libros lo que usted necesita, sino alguna de las cosas que en un tiempo estuvieron en los libros. El mismo detalle infinito y las mismas enseñanzas podrían ser proyectados a través de radios y televisores, pero no lo son. No, no: no son libros lo que usted está buscando. Búsquelo donde pueda encontrarlo, en viejos discos, en viejas películas y en viejos amigos; búsquelo en la Naturaleza y búsquelo por sí mismo. Los libros sólo eran un tipo de receptáculo donde almacenábamos una serie de cosas que temíamos olvidar. No hay nada mágico en ellos. La magia sólo está en lo que dicen los libros, en cómo unían los diversos aspectos del Universo hasta formar un conjunto para nosotros.” Fahrenheit 451 (Ray Bradbury)

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Alicia en el País de las Curiosidades Literarias

Hace 200 años se vivió un invierno en verano, y no me refiero a un capítulo de Phineas y Ferb. Debido a la erupción del volcán Tambora, en Indonesia, en 1815, hubo una serie de cambios climáticos que afectaron a gran parte del planeta. Y por eso el 1816 fue el llamado “año sin verano”. Este hecho hizo que una joven Mary Shelley fuera con su marido Percy a visitar a su amigo Lord Byron, que les retó, junto a John Polidori, su médico habitual, a escribir una historia de fantasmas. Solo lo consiguió el médico, pero pocos días después tuvo un sueño que acabó convirtiéndose en la novela que conocemos actualmente como Frankenstein.
Así que, aprovechando que se cumplen 200 años de esto, hemos decido buscar más anécdotas literarias:

  • El maravilloso archivador de Oz: el origen del nombre de éste mundo fantástico es, cuanto menos, curioso. El autor, Frank Baum, estaba mirando un archivador que iba de la O a la Z cuando se le ocurrió. Vamos, que se ha llamado Oz como podría haber sido Ad o incluso Hñ.

Sigue leyendo “Alicia en el País de las Curiosidades Literarias”

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Las ventajas de ser un lector

“Leer literatura de calidad, se ha demostrado desde siempre, nos engrandece y mejora como seres humanos.”

Toda la vida nos han dicho que leer es bueno para nosotros, y ya nos ha ido bien porque nos apasiona la lectura, ¿pero hasta qué punto es cierta esta afirmación? Aquí os traemos tan solo algunas de las ventajas que ofrece este arte:

1. Aumenta nuestro vocabulario: dicen que una novela debe tener entre 60.000 y 200.000 palabras, con lo que hay vocabulario de sobras para que podamos aprender y retener. Y si leemos en otro idioma, incluso mejor, porque también interiorizaremos estructuras del idioma, por ejemplo.

Según un artículo de la revista Reading Psychology, “cada dos o tres años que pasamos durante la infancia sin lecturas veraniegas implican perder al menos un año de aprendizaje”. Incluso se dice (en otro artículo similar, esta vez de la Universidad Johns Hopkins) que “los efectos acumulativos de no leer en la infancia se notan incluso durante la secundaria y en la universidad”.

2. Reduce el estrés:al introducirnos de lleno en una lectura nos abstraemos por completo, dejando nuestros problemas y preocupaciones en el mundo real. El hecho de leer reduce el latido del corazón y la presión muscular, llegando a reducir en tan solo 6 minutos un 60% el estrés. Y ya sabemos lo malo que es el estrés (¿quién no lo ha vivido alguna vez en sus propias carnes?), que puede originar o empeorar algunas dolencias neurológicas, como trastornos del sueño, cefaleas o epilepsias.

3. Favorece la concentración: el ser humano es un animal despistado, que se distrae con cualquier nuevo estímulo que se le presenta. Esto era muy útil para nuestros antepasados, porque al estar atentos podían descubrir comida o depredadores, de modo que luchamos contra nuestra naturaleza al concentrarnos de éste modo. ¡Hagamos frente a esa mosca tan simpática que se acaba de apoyar en la ventana!

4. Estimula el cerebro: el término “reserva cognitiva” se refiere a la habilidad que puede tener nuestro cerebro de adaptarse a cambios causados por la edad o patologías determinadas. Bien, pues estáis de suerte lectores: la lectura y la escritura pueden aumentar esta reserva. También fortalece las conexiones neuronales y estimula la actividad cerebral. Al leer hacemos muchas cosas a la vez, aparte de imaginar todo lo que está ocurriendo, llorar por algún personaje muerto (esto beneficia a la empatía) también ordenamos las ideas, interrelacionamos conceptos y ejercitamos la memoria.

La lectura, se sabe desde hace años, estimula las áreas del cerebro que se relacionan con el lenguaje, como el Área de Broca o la de Wernicke. Pues gracias a un estudio publicado en la revista NeuroImage se ha podido descubrir que llega incluso más lejos. Éste estudio consistía en que los participantes debían leer unas palabras seleccionadas mientras se les hacía una resonancia magnética funcional del cerebro. Y se descubrió que, al leer palabras que se relacionan con olores, como “perfume”, el córtex olfatorio primario se iluminaba. Pasaba lo mismo con metáforas relacionadas con el tacto y las áreas que codifican éste sentido.

Los lectores tenemos más materia y gris y neuronas, y esto no se limita solo a las áreas del cerebro que se encargan de la lectura, como hemos visto antes. Incluso se demostró en un estudio de la Universidad Católica Portuguesa en el que se comparaban los cerebros de lectores con personas analfabetas, que los analfabetos oyen peor. 


Como podéis ver, ser lector tiene grandes ventajas, aunque supongo que ya disfrutáis de la lectura de por sí. Y esto solo han sido algunas ventajas fisiológicas, porque podríamos pasar horas hablando de lo que le hace a nuestra mente: empatía, imaginación, pensamiento crítico…

Y para acabar, os dejo con una cita que resume toda la entrada:


“La lectura es para la mente lo que el ejercicio es para el cuerpo.” Joseph Addison




Aquí podéis encontrar los artículos de donde he sacado la información:


New York Time: Your brain on fiction




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Vender gato por liebre (o Cómo tejer mejores bufandas)

Si hay algo odio más que perder el tiempo, es que me engañen. Y cuando un libro me engaña y me hace perder el tiempo, mi rabia puede dar incluso para una entrada de blog.
Ayer mi padre me dejó un libro sobre la mesa (se lo habían dado en la empresa por Sant Jordi), y como tenía tiempo (y ningunas ganas de estudiar) me puse a leerlo. Craso error. El libro en cuestión era Steve Jobs: Lecciones de liderazgo. No soy un gran fan de Apple, pero el señor Jobs me parecía un hombre respetable, sobre todo habiendo leído alguna frase suya y visto algún vídeo de sus actos, así que me dispuse a leerlo tranquilamente. Uno de los peores libros que he leído en mi vida.
Yo esperaba un libro de “autoayuda” basándose en las experiencias de Jobs, pero no es más que una gran campaña de publicidad de Apple disfrazada. Pero es que hasta se meten con Microsoft y Bill Gates en cada capítulo. En serio. “Para entender lo que esto significa (simplicidad), basta con comparar cualquier software Apple con, por ejemplo, Microsoft Word, que es cada vez más feo y abigarrado…”. Si estoy leyendo un libro sobre cómo ser un buen líder, no me apetece leer pullitas contra la competencia, la verdad.
Además, tampoco he sacado nada en claro sobre liderazgo. Jobs era un capullo con sus trabajadores, les insultaba y les hacía trabajar horas extras sin cobrar “por el bien de la compañía”. Aunque claro, si tu jefe va a ser un capullo, mejor que sea Steve Jobs.
No entiendo a aquellos autores que venden sus libros como algo que no son. Puede que sea porque no saben a que público quieren dirigirse, pero lo que suele pasar es que la publicidad sea engañosa. Si yo escribo un libro sobre Cómo ser un gran tejedor de bufandas no voy a decir que mi libro es “los nuevos Juegos del Hambre” (como mucho de la lana), que parece que ahora todos los libros son los nuevos algo.
Yo creo que los autores y las editoriales deberían darse cuenta, están engañando a sus consumidores, y están dejando de lado a aquellos que seguramente comprarían el libro por lo que es. En algún lugar del mundo debe haber un aficionado a las bufandas hechas a mano que no sabe cómo mejorar. Piensen en esa pobre persona.
Que la literatura no es más que un negocio para muchos se sabe desde hace años, y sino vean las “joyas” que hay en la sección de novedades. Porque de nuevo tienen poco: novelas cortadas bajo el mismo patrón que lo único que cambia entre ellas es nombre, portada y autor/a. Y ya se les están acabando las ideas para los dos primeros (si no lo creéis mirad éste artículo). Estoy harto de que se hagan siempre las mismas novelas y que se vendan como una revolución de su género.
¡Queremos ideas nuevas, señores! Pero lo malo es que mucha gente no piensa así, dado las ventas que traen todos estos “nuevos Juegos del Hambre”. Y que conste que no hablo solo de distopías juveniles, este solo es el caso que más se ve en la actualidad. Porque antes era la erótica, el amor sobrenatural… Siempre que alguien tiene una idea un tanto innovadora (o que resurja géneros un poco olvidados) aparecen los cuervos y se aprovechan de esa idea.
No podemos ir en contra de estas compañías, el dinero mueve el mundo, pero yo por mi parte no promoveré este tipo de literatura, por mucho que me regalen libros por tener X suscriptores. Porque lo que debería importarnos es la calidad de lo que leemos, no el número de gente que lo haya comprado.
Y de aquí podríamos ir al debate de los libros de youtubers y demás, pero está ya muy trillado, aunque quizá hablemos de él otro día. De momento ya me he ido bastante del tema.
PD: yo solo publicaré si me dejan escribir sobre bufandas, que conste en acta.

Guillermo Domínguez
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Leer es un viaje: Mercè Rodoreda

Se dice y se oye constantemente que leer es viajar, transportarse a mundos lejanos y nuevos, conocer amigos de tinta y papel, ciudades que prenden a 451º Fahrenheit y otra palabrería pedante que yo y muchos gritamos a los cuatro vientos. Sin embargo, creo que estamos equivocados. A medias. 
Los libros de fantasía y aventuras (sobre todo los infantiles y juveniles) nos presentaran mundos y personajes nuevos y devoraremos con ansia su odisea, sintiéndonos atrapados en las redes de la novela, que tirará de nosotros como si fuera el viento que empuja las velas de los barcos perdidos que todos somos. Nos sentiremos aislados del mundo real, el nuestro, el universo del que somos el centro y en el que sentimos que navegamos sin rumbo. Insuflemos aire y leamos, por un rato crearemos la ilusión de que avanzamos hacia nuestra Ítaca personal.
¿Pero qué pasa con los libros que nos anclan a una ciudad que ya conocemos y a personajes tan humanos como nosotros mismos? 
Se trata de otro viaje. Un viaje al interior del mar de la metáfora que empiezo a agotar. A nuestro interior, a través de emociones y sentimientos. Y sí, Mercè Rodoreda nos coge de la mano, nos lleva a través de la Barcelona que tanto conocemos y nos suelta en el último instante, a tiempo para que caigamos al abismo desgarrador que poseen todas sus novelas. Lo sufrí ya con La plaça del diamant, pero de eso ya hace muchos años y mi corazón ya ha cicatrizado y olvidado los sentimientos producidos por esta maravillosa autora catalana. Así que me he tirado de cabeza al precipicio y he empezado Aloma. Dos capítulos y ya me ha envenenado el corazón. Y aún no ha pasado nada. Es su prosa, la poesía que encierra, esa tristeza no explícita que de algún modo siempre me emanan sus líneas. Hay mucha ternura también. Y algo de esperanza. Por desgracia, temo que esta dure poco. Voy a seguir leyendo y cuando termine, intentaré volver aquí a expresaros mi opinión y mi viaje literario.

Marina R. Parpal