52 Retos·Guille·Relatos

#2 Meta

Describe una escena sensual con una pareja que termina desnuda en la barra de un bar.

En el local huele a tabaco y a sexo, una combinación que nunca me ha desagradado. Doy una vuelta por el sitio, esquivando a salidos babeantes y a camareras en top-less, cuando la veo bailando alrededor de un poste. En cuanto ella me ve le hace una señal al dj, que da paso a Tatiana, una “joven rusa que acaba de llegar de su fría patria para calentaros a todos vosotros”.

Donde antes no había nada ahora se ha puesto unos tejanos y una camiseta que le va grande. Se acerca corriendo y me da un beso, que sabe a distintos tipos de alcohol.

-Conque Angelique, ¿eh? Siempre supe que tenías algo de celestial.

-Hay que innovar de vez en cuando. ¿Y qué te trae por el paraíso? -dice entusiasmada, guiñándome un ojo al referirse al nombre de este antro más bien infernal, quitándole el puesto al bar de al lado-.

-Pasaba por la ciudad y me apetecía hacerle una visita a una vieja amiga.

-Y tan vieja, qué hace ya, ¿5 años desde la última vez que nos vimos?

-Eso parece.

-Ese fue un gran verano, no nos poníamos la ropa ni para salir a la calle, prácticamente -me mira a los ojos mientras se muerde el labio-.

-¿Y tú no decías que esto sería un trabajo temporal? Creía que sería solo para pagar la carrera, pero parece que le has pillado el gusto.

-Dejé la carrera hace años, sabía que ese mundo no era para mí. Desde entonces he trabajado aquí, es un buen trabajo, ¿sabes? El sueldo no está nada mal, y en cuanto un tío se pasa conmigo aparece Carlos y se lo lleva a rastras.

-Sí, ya me he fijado en el armario que hay en la puerta, no te quitaba la vista de encima.

-Es un buen tío, y cuanto más se fijen mejor, más dinero que me llevaré al cerrar.

-¿No has pensado nunca en buscar otro trabajo? Tiene que haber algo más en la vida aparte de poner cachondos a todos los borrachos del pueblo.

-Estás empezando a sonar como mi padre, y ya sabes cómo lo odio. Además, tú no eres la más indicada para hablar sobre la vida de los demás sabiendo qué haces para ganar dinero…

-Tienes razón, retiro lo dicho. No he venido a discutir.

-¿Y entonces a qué has venido? Creía que te iba bien en Ítaca, no sé quién me lo dijo.

-Tú lo has dicho, me iba. Pero entonces apareció mi hermana de la nada a joderlo todo.

-Uff ya me acuerdo de tu hermana. No he conocido a nadie más cabrona que ella.

-Eh, con mi familia no te metas, zorra.

La miro a los ojos, pero la cara seria no dura demasiado y estallamos en carcajadas.

-Me pilló con una chica en el ballet y, bueno, digamos que no pudo aguantarlo y me empezó a gritar en medio de la calle. La chica se enteró de cómo es mi vida y me quedé en la calle y sin haberle sacado nada. Estuve en un motel unos días hasta que me cansé. Y aquí estoy.

-Perdón, me he despistado. ¿Ballet? Sí que te has vuelto repipi.

-Es lo que toca cuando sales con ricos, te tienes que adaptar a ellos si quieres sacarles los cuartos. Pero en verdad no he venido solo a visitarte… Quería pedirte perdón.

-¿Perdón? María, ya está…

-Eli -la interrumpo-, llámame Eli, por favor.

-Está bien. Eli, ya está todo perdonado desde hace tiempo. Entiendo por qué lo hiciste, en serio.

-Pero no quería hacerlo. Llevo toda mi vida huyendo de los problemas, aún sigo preguntándome por qué huí de lo mejor que me ha pasado en la vida. Con esto quiero acabar la carrera. Si pudiera volver atrás plantaría cara a mis padres y seguiría contigo, te lo prometo.

-Joder, tía, me vas a hacer llorar al final -la veo limpiarse la comisura del ojo con el dorso de la mano-. Mira, como la noche parece demasiado tranquila voy a proponerte un trato: si montamos una escena te perdono.

-Acepto -digo mientras le estrecho la mano-. ¿Qué tienes pensado?

-Tú sígueme el rollo.

Y entonces me abofetea la cara. Me guiña un ojo y se levanta, dando un golpe en la mesa.

-Que sea la última vez que me pones los cuernos, ¿me oyes? Estoy harta de encontrar mujeres desnudas en nuestra cama.

-Espera -me levanto yo también, intentando no reír-. Tú estás siempre en este bar y cuando vuelves a casa estás cansada, ¿qué quieres que haga? Es como si ya no tuviera novia…

-¿Y por eso tienes que buscarte mil novias diferentes? Las cosas se hablan, ¿sabes? Pues que sepas que yo me tiré a tu hermana.

-¡¿Qué?!

Agacho la cabeza para que no me vean reír y la empujó intentando no lanzarla muy lejos, pero una camarera se pone en medio y las dos chocan, haciendo que se caiga la bandeja que llevaba la camarera. Voy a pedirle perdón cuando la veo sonriendo mientras la recoge. A nuestro alrededor todo el mundo está callado, expectante. Ni siquiera la chica que está en el escenario se mueve. Sara (o Angelique) se lanza hacia mí y me estira del pelo, quitándome la goma y dejándolo libre. Yo le estiro de la camiseta, desgarrándosela, por lo que se la acaba quitando. Me coge de un brazo y con una llave de cadera (¿cuándo ha aprendido a hacer algo así?) me tira al suelo sin hacerme daño. Me agarra una pierna y me arrastra por el suelo, llevándose mis pantalones por el camino, que se quedan atrapados en mis pies por culpa de los zapatos. Con un par de movimientos con los pies me quedo en bragas. Sara le hace un movimiento casi imperceptible con la cabeza al barman, que quita todas las botellas y vasos de la barra. Seguimos “peleándonos” hasta que llegamos al lado de la barra, la cojo de la cintura y la subo sobre ella. Y nos empezamos a besar. Nos quitamos la poca ropa que nos queda y yo me coloco encima de ella. El bar sigue callado. Sara resigue con el dedo el tatuaje que tengo en el cuello.

-Te perdono -me dice al oído mientras yo le beso el cuello-.

Seguimos así un rato hasta que Sara se sienta en la barra al público.

-Lo que viene ahora es cosa de pareja.

Me coge de la mano y me lleva hasta el camerino y seguimos por donde lo habíamos dejado hasta que cierran el local. Fuera Sara insiste en que me quede en su casa, que, aunque la cama es pequeña, podremos dormir bien. Al final acaba desistiendo y me dice un hostal que hay cerca, Chastilla, donde no ha estado nunca dicen que es barato. Nos despedimos con un beso y la veo alejarse con el coche.

-Hola.

Me giro y veo a un hombre trajeado a mis espaldas, sonriendo. Lo reconozco, ha estado todo el rato al fondo del bar, bebiendo, sin babear ni ponerle billetes a ninguna chica en el tanga.

-No quiero molestarte, pero tu actuación me ha parecido genial. Me gustaría saber si quieres trabajar para mí.

-No sé quién eres y no voy a trabajar para ti.

-Oh, mierda. Me llamo Víctor, soy el dueño del local. Creo que debería haber empezado por ahí… -se rasca la cabeza y se le notan rojas las mejillas-.

-Pues creo que sí -le sonrío, se le ve muy avergonzado-. Pero mi respuesta sigue siendo la misma, lo siento.

-No se pierde nada por intentarlo. Por si decides cambiar de opinión, aquí tienes mi tarjeta.

Me la da y me estrecha la mano. También se aleja con el coche. Yo voy andando hasta el hostal, siguiendo la vía del tren, tal y como me ha dicho Sara. No tardo en encontrarlo. Después de golpear la mesa varias veces aparece una mujer en albornoz, que me mira con mala cara, pero acaba dando la llave de una habitación. Subo las escaleras y abro la puerta, tras la que hay la habitación más cutre que he visto nunca. Ni siquiera hay almohada. Me estiro con ropa sobre la cama (no quiero saber qué puedo pillar en este sitio) y pongo el brazo bajo la cabeza. Suspiro e intento dejar la mente en blanco, si empiezo a pensar en este sitio de mierda no dormiré nada. Entonces oigo un ruido bajo la cama, creo que es una rata. Ahora sí que puedo dar el sueño por perdido. Rebusco en el bolsillo y saco la tarjeta de Víctor. Le llamo.

Guillermo Domínguez

Reseñas

La quinta estación #N. K. Jemisin

FICHA TÉCNICA

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Titulo original: The fifth season

Autor/a: N. K. Jemisin

Año de publicación: 2017

Páginas: 444

ISBN: 9788467519846

Saga: Sí, es la primera parte de la Trilogía de la Tierra Fragmentada.

Traductor/a: David Tejera Expósito




SINOPSIS

 

Ha dado comienzo una estación de desenlaces.

Empieza con una gran grieta roja que recorre las entrañas del único continente del planeta, una grieta que escupe una ceniza que oculta la luz del sol.

Empieza con la muerte, con un hijo asesinado y una hija perdida.

Empieza con una traición, con heridas latentes que comienzan a supurar.

El lugar es la Quietud, un continente acostumbrado a la catástrofe en el que la energía de la tierra se utiliza como arma. Y en el que no hay lugar para la misericordia.

RESEÑA

“Para todos aquellos que tienen que luchar por el respeto que los demás reciben por omisión.”

El mundo, ahora unido en un solo continente llamado Quietud, es un caos. Constantes terremotos, tsunamis, y demás accidentes naturales provocan lo que se llaman las “quintas estaciones”, épocas de hambruna y muerte en las que la humanidad se acerca a la extinción. Por suerte nunca ha llegado a ese extremo. Hasta ahora. Una gran grieta se ha abierto en el centro del continente, provocando que el cielo se llene de cenizas y provoque la que será la última quinta estación. Mediante un narrador muy cercano, que nos habla directamente a nosotros, se nos presenta este mundo (y vaya mundo) en el que se desarrolla la trama y sus tres protagonistas. Tres mujeres fuertes, complejas, y con unas historias duras que llegan al alma.

Essun es una orogén, como se denomina a las personas que pueden hacer “magia”, y que consiste en la capacidad de controlar la energía y sobre todo la tierra. Todo el mundo teme y odia a los orogenes, a los que llaman despectivamente como “orogratas”. Su historia empieza con la muerte de su hijo a manos de su marido, al enterarse de que el pequeño también era un orogén, y tras aceptar los hechos Essun va en busca de su marido para vengarse y encontrar a su hija desaparecida. Por el camino se irá encontrando personajes muy interesantes, como Hoa, un extraño niño que decide acompañarla y que parece que guarda algún secreto. Esta historia está narrada en segunda persona, haciéndonos a nosotros los protagonistas, metiéndonos de lleno en el libro.

“Menuda estúpida estás hecha. La muerte siempre estuvo aquí. La muerte eres tú.”

Sienita, otra orogén, estudia en el Fulcro, el centro donde entrenan a los orogenes para que no hagan daño a los demás, que controlen sus poderes y puedan salir al mundo. Un día le encargan una misión junto a Alabastro, un decanillado (los rangos de establecen por los anillos que llevan, los que consiguen mediante exámenes) del que además debe quedarse embarazada. Así empezará su viaje, en el que pasarán duras pruebas y se plantearán nuevas preguntas. Esta me ha parecido la historia más interesante, me ha encantado la relación entre los dos personajes, y sobre todo Alabastro, que es un personaje muy complejo y misterioso.

La tercera historia la protagoniza Damaya, una niña orogén a la que sus padres han confinado en el granero y a la que su pueblo quiere linchar. Hasta que llega Schaffa, un Guardián, las personas que se encargan de asegurar que los orogenes cumplan con lo que se les ordena y proteger el mundo. Se habla poco de ellos para lo importantes que son, pero lo poco que se va descubriendo hace que sean unos personajes a los que temer, que espero tengan más protagonismo en los siguientes libros. Schaffa será el encargado de llevarla al Fulcro, donde empezará su formación.

La cuarta protagonista indiscutible es la Quietud, con sus normas y sus misterios. Al final del libro hay dos epílogos, uno en el que se enumeran las distintas quintas estaciones que han habido, y otro que sirve de glosario de todas las palabras nuevas que se presentan, que hay unas cuantas. Este primer libro de la saga sirve más bien para presentar el mundo y sus personajes, por lo que la trama realmente empezará en el segundo, pero esto no le quita puntos para nada. Cada una de las protagonistas, con sus historias, nos darán las piezas necesarias para formar el puzzle que es este libro.

TESTS

Test de las gemas de cristal:
1. Debe haber al menos 4 personajes femeninos importantes: Los hay. Están las tres protagonistas y Binof, una chica que habla con Damaya, que aunque salga poco tiene bastante relevancia.

2. Aprueba los siguientes tests
  -Bechdel (2 personajes femeninos con nombre propio que deben hablar entre sí sobre algo que no sea un hombre): Sí. Damaya habla con Binof sobre el Fulcro y los secretos que guarda, por ejemplo.
  -Mako Mori (1 personaje femenino con historia propia no relacionada con un hombre): Este ya es más complicado. De una forma u otra todas se relacionan con hombres (Alabastro, Schaffa, el marido de Essun o su hijo…). Quizá Binof, aunque no nos habla mucho de su historia, pero no menciona ningún hombre en concreto.
  -La lámpara sexy (los personajes femeninos no se pueden intercambiar por un objeto “sexy”): Lo pasa con creces.

3. Al menos 4 mujeres superan alguno de ellos: Mmm diré que no por el de Mako Mori.

Test de Ellen-Willis (Si los géneros de la obra cambian, ¿sigue teniendo sentido?): Sí, pero ya está bien así. Sus géneros no son lo importante, aunque es genial ver a estas mujeres de distintas edades vivir sus aventuras.

Como podéis ver esta novela es bastante feminista, y no solo eso, ya que también muestra diversidad desde el punta de vista racial y sexual, mostrándonos personajes de todos los colores y sexualidades importantes. Porque la opresión no está en la piel, el sexo o el género, sino en los poderes. Ya desde la cita con la que abre el libro (y con la que yo he abierto la reseña) nos muestra lo que quiere contarnos, y no podría hacerlo de mejor manera. Durante todo el libro vemos ese odio que siente la gente contra lo que es diferente, cómo les tratan y hablan de ellos. Y de esta manera simboliza todos los tipos de “fobias” con los orogenes (la palabra “orograta” no podía estar mejor escogida). Y con la segunda persona usada con Essun hace que nos metamos aún más, que sintamos en nuestra piel esa opresión, que veamos en qué clase de mundo vivimos (aunque el mundo que nos muestra sea tan diferente al nuestro).

OPINIÓN PERSONAL

La verdad es que ya habéis podido ver lo que me ha parecido, pero es que de verdad que es un libro genial. Había oído hablar mucho de este libro, en Twitter todo el mundo lo recomendaba y lo dejaba en un pedestal, y debo decir que merece esa posición. La autora nos presenta un mundo con un gran worldbuilding, una crítica a la sociedad brutal y unos personajes inmejorables. Hay muchos momentos en los que Jemisin incomoda, y eso es lo que hace que esta novela sea tan importante y necesaria.

En resumen, un gran libro de fantasía con un potente mensaje que no os dejará indiferentes.


VALORACIÓN

52 Retos·Guille·Relatos

#9 Consulta

Escribe un relato que integre las palabras ‘luz’ y ‘cuadro’ como elementos relevantes del argumento.

 

(Consulta de una psicóloga. Está sentada en una butaca con un bloc de notas en la mano. La paciente está estirada en el diván, entre ellas hay una mesa con varias varas de incienso. Detrás de la psicóloga hay un cuadro de un prado con un carnero en él.)

PACIENTE: La verdad es que no sé cómo empezar. Es mi primera vez, ¿sabes? Mi hermana me recomendó que viniera a su consulta después de… Y aquí estoy. Me gusta el toque del incienso, por cierto. ¿Debo empezar por mi infancia? ¿O prefiere que me centre en por qué estoy aquí?

PSICÓLOGA: Usted es quién decide. Hableme de lo que quiera, sin miedo. No voy a juzgarla, ese no es mi trabajo.

PACIENTE: Está bien. Bueno, empezaré por cuando era pequeña, me será más fácil. Yo siempre fui una niña bastante inteligente, pero a mis padres nunca les parecía suficiente. Ellos solo tenían ojos para mi hermana. Hiciera lo que hiciera nunca era suficiente para ellos. Su hijita pequeña era lo único en sus vidas. Esto se queda entre nosotras, ¿verdad? No quisiera que ella se enterara… Sigue leyendo “#9 Consulta”

Divagaciones·Resistiendo

Curiosidades literarias 2: El retorno

El mundo de la literatura está plagado de curiosidades, a las que ya dedicamos esta entrada el año pasado. Ahora volvemos con más, esperando que os resulten curiosas (vale, perdón ya nos vamos):

  • El Rey de los cameos: ya sabemos que los artistas tiene la afición de hacer cameos en series y películas, pero el que hizo Stephen King en Sons of anacrhy llega al siguiente nivel. El escritor ya había aparecido en adaptaciones de sus libros (como la serie de La cúpula), pero esta vez apareció en la famosa series de moteros interpretando a Richard Bachman, su seudónimo. Durante años King estuvo publicando bajo este seudónimo, hasta que en 1984 le descubrieron, entre otras cosas, por la prosa de los “dos” escritores era demasiado parecida. Después de eso el autor declaró que Bachman había muerto de “cáncer de seudónimo”, aunque más tarde apareció un última novela póstuma. Incluso escribió una novela sobre este hecho, La mitad oscura, en la que un autor “mata” a su seudónimo pero este vuelve para matarle.

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  • El día que Víctor Hugo se quedó sin palabras: todos conocéis a Víctor Hugo, el autor de Los miserables, entre otras novelas. Y también sabéis la enorme cantidad de palabras que tiene (Goodreads me chiva que son 1463). Pues resulta que al acabarlo se fue de vacaciones, pero quería saber cómo iba la edición de su novela, así que escribió una carta a los editores. Parece ser que agoto el cupo de palabras que podía escribir, porque en la carta solo ponía “?”. Los editores, evidentemente, contestaron con un “!”.
  • El arduo cometido de interpretar la poesía: dice la leyenda que una vez estaba Lorca oyendo recitar un poema de Rubén Darío que dice “…que púberes canéforas te ofrendan el acanto”. Lorca se levantó del asiento de golpe para que lo repitiera que solo había entendido el “que” y nada más. Pero no es la única anécdota: otro poeta, Dylan Thomas, dijo una vez que sus poemas no los entendía ni su madre.
  • Biblioteca Beinecke de libros raros y manuscritos (1).jpegEl cementerio de los libros raros: en una tierra muy muy lejana (Connecticut) existe la llamada Biblioteca Beinecke de Manuscritos y Libros Raros, que pertenece a la Universidad de Yale, y como podéis comprobar por el nombre, seguro que está llena de curiosidades literarias. Una de las más extrañas es el llamado Manuscrito Voynich, escrito en el siglo XV por un autor anónimo y en un alfabeto no identificado y un idioma incomprensible. A este lenguaje lo llamaron voynichés. Hay muchas hipótesis acerca de su autor, lo que contiene o el supuesto código en el que está escrito (podéis leer muchas de ellas en su página de Wikipedia). Actualmente una editorial española se ha encargado de reproducirlo, y este verano ya estará disponible. Por favor, si os hacéis con él avisadme.

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Artículos de los que he sacado la información:

http://ovejanegra.peru.com/temas-libres-10-curiosidades-literatura-universal-257502

https://www.euroresidentes.com/entretenimiento/apasionados-libros/13-curiosidades-sobre-las-bibliotecas

Guille·Relatos

Cornisa

La ciudad descansa bajo sus pies, que cuelgan en hacia el abismo. Bajo ellos veía a la gente pasar de un lado a otro, sin tener consciencia de la chica que estaba a punto de caer sobre ellos. Había subido muchas veces a aquel edifico abandonado, preparado para lo que estaba a punto de hacer. Esperó hasta que vio que había menos gente y se preparó para tirarse.

-Hola.

Se giró tan rápido que perdió el equilibrio y por poco se precipitó al vacío, pero la chica que le había hablado corrió hacia ella, la cogió del brazo y con una fuerza inusitada la levantó y la devolvió al tejado. Su salvadora vestía toda de negro, tanto la chaqueta con capucha, como los pantalones y los zapatos. Tras la capucha se le veía un poco la cara, morena, y los ojos verdes que la estaban mirando fijamente.

-Aún no es tu momento -dijo la encapuchada mientras se giraba y recogía un arco y un carcaj que Vit no había visto hasta entonces y se los colocó a la espalda-.

-¿Eres la muerte?

-No, tan solo soy una de sus ayudantes.

-¿Eres un demonio?

Su salvadora se la quedó mirando un buen rato hasta que se dio la vuelta y se dirigió a las escaleras.

-Espera -dijo Vit-. ¿Quién eres? ¿Por qué me has salvado?

-No soy nadie. Y no podía dejarte morir, tienes aún mucha vida por delante.

-Por favor, no te vayas. No me puedo quedar sola ahora mismo.
La cazadora la miró con la misma cara inexpresiva y fue con ella. Vit se sentó en el

centro del tejado con las piernas cruzadas y la chica la imitó a cierta distancia. Se quedaron horas hablando. O más bien Vit hablaba y la chica (que tras mucho insistir dijo que se llamaba Asenet, aunque hacía milenios que no la llamaban así) contestaba con monosílabos y poco más. Al final quedaron el día siguiente en el mismo sitio a la misma hora, Vit no empezaría las clases en la universidad hasta unas semanas más tarde. Vit bajó la primera, y cuando vio que Asenet no la seguía volvió a subir al tejado. Pero allí no había nadie.

No sabía cómo, pero Asenet siempre llegaba la primera y se marchaba sin que Vit la viera. No tardaron demasiado en enamorarse. Ambas estaban muy solas, se comprendían entre sí. Poco a poco se fueron confesando sus sueños y miedos. El padre de Vit había muerto en el fatídico accidente de tren que había acabado con tantas vidas y había dejado gran cantidad de heridos. A Vit le costó mucho que Asenet le confiara su historia. Al fin y al cabo, no era humana. Lo había sido hace muchísimos años, hasta que murió por una plaga. Había sido una sacerdotisa muy importante, de ahí que al morir la consideraran para su puesto de trabajo actual. Era una Cazadora, una especie de demonio que se encargaba de llevar a las almas errantes al otro lado. Sus flechas solo herían fantasmas, le dijo. Ella se encargaba de casi toda Fara, y estaba muy alta en los rangos de Cazadores.

-Si pudieras ver otros planos de existencias me verías como soy realmente.

-¿Y cómo eres?

-No es fácil de explicar. Bueno, tengo alas.

-¡¿Qué?!

También le habló de la Muerte, que no era más que un funcionario, y de la bestia que se escondía en el bosque. Era una zona prohibida para los Cazadores, aunque sabía que había almas perdidas allí.

El verano se acabó y las clases volvieron a empezar, por lo que tuvieron que pasar sus citas a la tarde. Y como un día encontraron botellas de alcohol rotas y colillas por el tejado empezaron a quedar en casa de Vit. Sus padres trabajaban hasta tarde, tendrían la casa libre durante mucho tiempo. A partir de ahí su relación se hizo más estrecha. Vit nunca se lo mencionó, pero tenía la sospecha de que Asenet la vigilaba por las noches desde otro plano, notaba su presencia. Y al final hicieron el amor. Si Vit hubiera podido ver otros planos habría visto las alas de Asenet extenderse cuando llegó al orgasmo.

 

-Los errantes están aumentando en Fara y alrededores.

-¿Y eso?

-Alguien no está haciendo su trabajo.

-¿Ella? Lo dudo, siempre ha sido constante. Quizá le pasa algo raro.

-Le he preguntado, pero siempre responde con evasivas. Enviaré algunos cazadores a que la sigan, no podemos permitirnos esto. No ahora.

-¿Ya vuelves con lo mismo? Acaba con esto de una vez o seré yo el que acabe contigo.

 

Asenet le había dejado una nota a Vit en su habitación, diciéndole que ese día no podrían verse. Ahora estaba sentada en el mismo tejado donde la había conocido, esperando. No eran muy sutiles, sus perseguidores. Aunque habían ido cambiando de plano cada cierto tiempo podía oír sus alas batir. Al fin y al cabo, los había entrenado ella. No sabía cuánto tiempo llevaban siguiéndola, no si conocían la existencia de Vit, pero no podía volver a verla hasta que hubiera arreglado eso.

Se levantó y abrió sus alas. Dio un paso atrás para impulsarse y cuando estuvo a punto de volar, estiró el brazo y cogió del cuello al cazador. Lo trajo hacia su plano y a su alrededor aparecieron más cazadores al acecho.

-¿Por qué me seguís?

-La Muerte nos lo ha ordenado -dijo una de las cazadoras-. Dice que no estás haciendo tu trabajo y teme perderte. Ya nos hemos tenido que encargar de un alma que llevaba meses estancada.

-Pues volved y decidle que no me pasa nada. Es una orden.

-No podemos hacerlo -dijo el cazador al que había agarrado del cuello-. Ya le hemos contado lo de tu amiga la mortal. Ahora mismo se están encargando de ella.

-¿Qué le habéis hecho? -por instinto Asenet agarró su arco y preparó una flecha-.

-Aún nada. Se la han llevado al bosque, no vaya a ser que algún mortal nos vea.

-¿Al bosque? ¿Es que sois estúpidos?

-Solo cumplimos órdenes. Como deberías hacer tú.

Asenet soltó la flecha y golpeó al cazador con el arco en la mandíbula. Los demás se lanzaron hacia ella, pero ya había cambiado de plano y estaba volando hacia el bosque.

 

Vit estaba muerta. O eso creía ella. Alguien se le había acercado por la espalda y lo siguiente que sintió fue el frío aire del bosque donde se encontraba ahora. Veía el mundo a su alrededor, pero no podía sentirlo: ni tocar los árboles que veía ni oír los pájaros que tenían que estar allí. Quizá ni siquiera el frío fuera real. A su alrededor había gente observándola, con el mismo uniforme que Asenet. A veces, si entornaba los ojos podía ver una sombra a sus espaldas. Se apartó del árbol que no podía tocar y empezó a andar a trompicones, sus piernas no funcionaban demasiado bien, hasta que una flecha le atravesó el pie. Y entonces sí que sintió. Cayó sobre la otra rodilla y empezó a gritar, notando un dolor extremo en el pie herido. Una cazadora se acercó, le quitó la flecha y la miró a los ojos sin decir nada. Se miró el pie, pero lo que no vio fue sangre ni ninguna herida.

Pasos. Pasos de gigante. En alguna parte del bosque oyó grandes pisadas, y se dirigían hacia donde estaba ella. Los cazadores se miraron entre sí y se pusieron en formación, todos en fila apuntando hacia la distancia. Uno de ellos soltó la flecha y cogió otra del carcaj sin mirar. Vit intentó correr en dirección contraria, pero sus piernas aún no respondían como debían hacerlo, y el dolor del pie tampoco ayudaba. Cayó al suelo y por encima de su cabeza pasó un cazador, que se estrelló contra un árbol y no volvió a levantarse. Se giró aún en el suelo y vio el origen de las pisadas, aunque no podía verlo demasiado bien por lo rápido que luchaba contra los cazadores. Las flechas le atravesaban, esa bestia no era un fantasma. Parecía una persona, o al menos era humanoide, pero era muchísimo más alto y fuerte. Tenía la ropa hecha girones, unas garras que iban rajando cazadores a su paso y ojos amarillos. Y estaban mirándola.

Se levantó como pudo y volvió a correr, agarrándose a los árboles. Oía la lucha continuar a su espalda, hasta que solo oyó las pisadas que se acercaban de nuevo. No pudo ni girarse a tiempo, las garras le atravesaban el pecho. Se desplomó, no podía ni asimilar el dolor. Intentó gritar, pero su garganta no le respondía. Notó una mano gigante que la agarró de la pierna y la empezó a arrastrar por el bosque. Mientras la arrastraba vio a los cazadores caídos, o los trozos que quedaban de ellos.

Se estaba yendo. Notaba como cada vez más los pocos sentidos que le quedaban iban perdiendo fuerza. Iba a morir, otra vez. Se concentró en el dolor del pecho y poco a poco fue volviendo a la realidad. Se giró como pudo y se quedó mirando a aquella bestia. Y entonces vio como aparecía un puño de la nada y se estrellaba en la cara del monstruo. Asenet había llegado. Aquel ser soltó a Vit y se centró en la cazadora, que iba saltando a su alrededor golpeándole con su arco y sus puños. Asenet consiguió apartar al monstruo de Vit y fue volando hacia ella para llevársela de allí. Pero las garras del monstruo se cerraron alrededores de su ala, y se la arrancó de cuajo. El grito de Asenet fue insoportable. Aun así siguió luchando.

El monstruo era rápido, pero Asenet era más ágil, aunque al haber perdido un ala había perdido algo de equilibrio. Le golpeó con todas sus fuerzas en un lado de la cabeza y pareció que por fin le había herido. Pero la criatura volvió a la carga, cogió a la cazadora por el cuello y la lanzó contra el suelo. Vit cerró los ojos antes de que estampara su pie sobre Asenet.

 

-¿Ya está arreglado?

-Sí. Mis cazadores llegaron tarde, ya estaban las dos muertas, pero al menos tenemos un problema menos.

-¿Y qué has hecho con el cuerpo de la muchacha?

-Los cazadores lo habían dejado en el palacete del bosque. Cuando se deshicieron de los cadáveres de todos los cazadores muertos incineraron el de la chica. Lo que no sabemos es qué le ha pasado a su alma, se lo habrá quedado el monstruo.

-Sí, lo más seguro. Buen trabajo, no esperaba menos de ti. Hasta pronto.

-Espera un momento. ¿Cuánto tiempo llevabas planeando esto?

La chica guiñó un ojo al hombre trajeado y se esfumó.

Guillermo Domínguez

Reseñas

El columpio #Cristina Fernández Cubas

Logo creado por LaUdelMig

¿Conocéis la iniciativa de Adopta una autora? Si estáis aquí, probablemente sí. El objetivo de esta iniciativa es dar a conocer la vida y obra de una autora a través de unas cuantas entradas dedicadas exclusivamente a ella. Nosotros hemos decidido participar y yo he adoptado a Cristina Fernández Cubas, una autora española que ganó este año el Premio Nacional de Narrativa.

FICHA TÉCNICA

columpio.jpgTítulo original: El columpio

Autor: Cristina Fernández Cubas

Año de publicación: 1995

Páginas: 137

ISBN:  9788472238572

Saga: No

SINOPSIS

«Un día, mucho antes de que yo naciera, mi madre soñó conmigo» Así empieza la extraña aventura de una joven que, tras la muerte de su madre y deseando encontrar sus orígenes, emprende un viaje a un rincón perdido de los Pirineos : Allí conocerá a sus tíos, Bebo, Lucas y Tomás, se alojará en la Casa de la Torre, recorrerá los parajes donde su madre, de niña, jugaba al diábolo y los tíos construían canales en el jardín, o «columpiaban por turno a Eloísa, su querida Eloísa…». Pero no todo resulta tan placentero como en las pocas fotografías viejas y cuarteadas que la narradora ha llevado consigo. A estas instantáneas se irán sumando otras. Cada vez más desconcertantes, más enigmáticas. Sólo al final la joven comprenderá su asombroso papel en este inquietante álbum de recuerdos ajenos.

RESEÑA

PERSONAJES

La protagonista, cuyo nombre no llegamos a saber nunca (algo habitual en Cubas) vive en París, y tras la muerte de su madre decide visitar a los tíos de los que tanto hablaba ella. Es una chica egoísta, como reconoce ella misma en un momento, que a través de este viaje quiere conocerse mejor a sí misma y a su difunta madre.

Eloísa, la madre, también es muy importante, ya que aunque no aparezca como tal está siempre presente, tanto en los recuerdo de la narradora como en los de sus hermanos y primo. Poco a poco iremos conociendo su carácter, sus pasiones de la infancia y aquello por lo que decidió marchar del Valle. Y gracias a la madre podremos saber más de la relación que tenía con su hija y lo mucho que ha influido en su vida.

Los otros protagonistas son los tíos: Lucas, Tomás y Bebo. Cada uno tiene una personalidad muy marcada (está el inventor, el cocinero, el introvertido) tienen características en común, como algún comportamiento infantil. Ya desde el principio vemos que hay algo extraño en ellos, en su manera de tratar a su sobrina.. Se nota la ausencia de Eloísa, la que formaba un papel principal en su mundo. Son unos personajes muy curiosos, y la resolución de “su misterio” me ha parecido genial.

TRAMA

Esta es una novela de Cubas y se nota. La trama me recordó mucho a Los altillos de Brumal: una joven que vuelve al pueblo de su infancia, un lugar extraño, lleno de misterios y sombras, y que acabarán cambiándola. Es muy interesante cómo la autora consigue meterte tanto en la historia con su prosa, soltando un misterio al principio (el sueño de la madre en el que vio a su hija de mayor) y no te suelta hasta que lo hayas descubierto. O no. Porque si la autora sabe hacer algo bien es dejar que tu imaginación acabe sus relatos, teniendo que formarte tu punto de vista, tus interpretaciones.

Como suele hacer, utiliza elementos “normales y cotidianos” (la visita a la familia) y consigue transportarte a otro mundo lleno de misterios. En esta novela nos lleva al Valle, un pequeño pueblo de los Pirineos que vive en el anonimato durante el invierno pero empieza a llenarse cuando llega el calor. Mediante las pequeñas excursiones de la protagonista iremos conociendo algunos de los personajes que viven allí, aunque no tienen prácticamente protagonismo, solo servirán para dar su visión del pueblo y, sobre todo, de los tíos y su Casa de la Torre. Quizá para ser una novela me han faltado más misterios, pero los que hay me han gustado mucho.

Tal y como dice el título, esta novela va de un columpio, y nos pasaremos todo el tiempo creyendo que estamos sobre uno, sintiendo el vaivén de la “realidad”. Dudaremos todo el rato pensando si es real o un sueño, si lo que nos muestra es presente o pasado. Y como ya he comentado, nosotros seremos los que decidiremos esto.

OPINIÓN PERSONAL

Como podéis ver, me ha gustado mucho. La última novela que leí de Cubas, La puerta entreabierta, me dejó algo frío (aunque me gustó, pero me esperaba más). Después de ese pequeño fiasco bajé mis expectativas, pero con esta novela me las ha devuelto, mostrando la Cubas que tanto adoro. Vuelve a sus temas recurrentes y a los misterios que tanto me gustaron de sus relatos. Porque si hubiera reducido algo las páginas hubiera pegado a la perfección en sus antologías, tienen el mismo ambiente y te dejan con una sensación similar. El final me ha parecido genial, dando los mínimos detalles para que seamos nosotros los que lo construyamos, lo que me encanta.

En conclusión, una gran novela, que refleja alguno de las mejores características de la autora y que atrapa desde el principio con sus misterios.


VALORACIÓN

52 Retos·Guille·Relatos

#22 Sanatorio

Escribe una historia de terror cuyo contexto se enmarque en un manicomio.

Un extraño sonido le arrastró desde el sueño a la realidad. Abrió los ojos y se giró, en busca de la fuente del ruido. Sentado en su silla de ruedas estaba Abel babeando embobado con Peppa Pig (lo máximo que su mente destrozada podía soportar sin ponerse a llorar), riéndose con sus ronquidos característico, haciéndole parecer un cerdo como la que salía en esos momentos en pantalla. Germán se recolocó en su butaca y se puso a leer el libro que le había caído en las rodillas al dormirse. Era Misery, un libro sobre una loca de cuidado que secuestraba a su autor favorito. La doctora Iberu había hecho un gran trabajo incorporando una pequeña biblioteca en la sala común, pero por algún motivo lo único que había eran libros de terror. Germán ya había leído a Lovecraft, Shelley, algún cuento de Poe y ahora estaba a medio camino de leerse a todo King. Le hizo gracia la protagonista de Misery, lo mucho que se parecía a alguno de sus compañeros del lugar. En ese momento el protagonista estaba haciendo pesas con su máquina de escribir, pero los ronquidos no le dejaban concentrarse.

Se levantó de la butaca, le arrancó el mando a Abel de las manos y lo lanzó a la otra punta de la habitación, donde una paciente estaba jugando al solitario en el suelo. Abel se le quedó mirando, con una gota danzando en la comisura del ojo. A Germán le entraron arcadas. Solo falta que le cayera cera de las orejas para que todos sus orificios estuvieran goteando. Siempre tenía mocos, y los esfínteres hacía tiempo que no le funcionaban. Según otros pacientes le habían contado, Abel había sido jardinero en un internado para niños pijos donde se dedicaba a espiarles y hacer cosas raras en su cabaña. Le habían pillado oliendo ropa interior de la Patrulla Canina (“al menos no de Peppa Pig, eso habría sido el colmo” pensó Germán) mientras una jeringuilla sobresalía de su brazo. En el juicio había repetido una y otra vez que él no sabía lo que hacía, que una voz entre los arbustos le obligó a hacerlo. Germán se reía de los tontos que eran los jueces, creyéndose estupideces como esa. Al fin y al cabo él mismo había acabado en aquel loquero gracias a la credulidad de un juez.

-¿Qué miras, cerdo de mierda?

-¡Mierda, mierda, mierda, mierda! -Abel no paraba de gritar, ahora con la cara hecha un cuadro por las lágrimas y mocos-.

-¡Que te calles!

-¿Qué está pasando aquí? -el enfermero Titre salió de detrás del mostrador de las pastillas y se plantó en medio de la sala, donde los demás pacientes habían formado un corrillo-. Germán devuélvele el mando. Ya.

Le miró con odio, pero lo hizo, mientras soltaba insultos entre los dientes.

-Bien hecho, ahora vez que te tengo que dar tu pastilla -dijo el enfermero de espaldas, yendo al mostrador-.

-Pero no me toca hasta dentro de una hora…

-Te toca cuando yo te lo diga.

Germán se acercó y el enfermero le entregó el vaso de plástico con sus pastillas dentro. Echó un vistazo antes de tragárselas, y vio una de color verde que era nueva para él, pero se la tragó sin hacer preguntas. No quería más problemas ese día.

-Bien hecho.

 

La cerradura automática se abrió en plena noche, despertándolo. Estaba empapado de sudor y con la boca llena de sangre, que escupió en el pequeño retrete enganchado en la pared. Asomó la cabeza por la puerta: el pasillo estaba vacío. Fue dar un paso fuera de la habitación y el mundo empezó a dar vueltas a su alrededor, tuvo que agarrarse a la pared como pudo. Avanzó a trompicones con los ojos cerrados, notando aún la sangre en su boca.

-Suicídate.

-No mereces vivir.

-Sé lo que hiciste el año pasado.

Germán abrió los ojos, pero no vio a nadie. Solo sombras que se arremolinaban a su alrededor y que hicieron que perdiera el equilibrio. En el suelo se tapó los oídos lo más fuerte que pudo, sin que el volumen disminuyera. “Al final la locura me ha atrapado” pensó. Se levantó y siguió caminando a pesar de aquellas desagradables voces. Cuando llegó a la esquina empezó a oír otro ruido, y este no parecía producto de su imaginación. Esperando que fuera algún doctor fue hacia allí corriendo. No era más que un cerdo enorme sentado al lado de las escaleras. El animal estaba roncando, Germán se extrañó de que nadie más hubiera aparecido para acallar ese horrible ruido.

-Hazlo.

-Acaba con él.

Se giró y entre las sombras le pareció ver algo. Una persona con máscara de cirujano y los ojos rojos. Incluso le pareció ver que estaba fumando.
Alguien o algo lo golpeó por detrás y acabó al lado del cerdo, sintiendo su aliento fétido en la cara. El ruido se había vuelto insoportable. Las piernas ya no le funcionaban. Así que no tenía otro remedio: empujó al animal por las escaleras. Vio cómo se desplomaba hacia la oscuridad que había abajo. Oyó su cuello romperse. Por fin pudo levantarse, sintiéndose el salvador de aquel manicomio, liberándolo de criaturas molestas.

 

La puerta eléctrica se abrió de nuevo, pero esta vez era para que los internos fueran a desayunar. Se desperezó mientras pensaba en la noche anterior, sin saber si era real. No recordaba cómo había vuelto a su habitación. Antes de salir escupió sangre en el retrete.
El desayuno fue tranquilo, lo que le dejó tiempo para pensar. Se centró en la imagen del doctor de los ojos rojos. Ahora pensaba que olía a azufre, pero ya no sabía si era verdad o el recuerdo ya se estaba degradando.

En la sala común todo seguía igual de tranquilo. Jugó al dominó con la señora Medina, una ancianita que seguía viendo a su hijo muerto (y al que culpaba cuando hacía trampas) y ganó las dos partidas. Cuando iban a empezar la tercera sonó una voz por megafonía avisándoles de que se presentaran todos en la sala común, que la doctora Iberu debía decirles algo.

-Tengo malas noticias -dijo la doctora cuando llegó, interrumpiendo la partida de dominó, y estaba mirando a Germán-. Esta mañana hemos encontrado el cuerpo de Abel. Muerto. -Germán giró la cabeza y vio que faltaba su silla de ruedas. Ahora entendía lo tranquilo que estaba siendo el día- Alguien lo ha empujado por las escaleras. Si habéis sido vosotros o sabéis quién ha sido, comunicádnoslo ya. No podemos dejar pasar una falta tan grave como esta.

Siguió un rato hablando de Abel y de lo horrible de ese acto, todo esto sin apartar la mirada de Germán. Cuando acabó Titre les repartió sus pastillas y los enviaron a sus habitaciones hasta la hora de comer, no les dejarían tiempo de ocio en una buena temporada.

Esta vez la locura le llegó mucho antes. Estirado en su cama, esperando que llegara la hora de comer el mundo se desmoronaba a su alrededor. Las paredes se agrietaban y el techo se elevaba hasta el infinito. Todo se volvió borroso, hasta que unos golpes lo devolvieron a la realidad. Pero ya no estaba en su habitación, sino en el juzgado. Se miró y vio que llevaba traje, y a su lado estaba su abogada. Estaba en su propio juicio.

Una testigo estaba hablando de cómo Germán había cambiado las vías de tren para que aquellos dos trenes chocaran, causando 235 muertos y 46 heridos de gravedad. Pero Germán no le estaba haciendo caso. Él se giró, intentando comprender qué estaba pasando. ¿Era un sueño? ¿Un recuerdo demasiado vívido? ¿O estaba en el infierno? Entre el público encontró dos caras conocidas: la doctora Iberu y el enfermero Titre. Estaban abrazados, llorando. Y tenían los ojos rojos.

Un psiquiatra pasó a ser el testigo y contó que lo que le pasaba a Germán era que estaba enfermo. Tras varias preguntas tanto del fiscal como de su abogada la jueza dio pasó al veredicto. Era culpable, pero en vez de ir a la cárcel iría a un psiquiátrico, donde quizá podrían curarle. Él sabía que no estaba loco. Vale, sí, había matado a todas esas personas. Pero no lo había hecho por locura, ninguna voz le había obligado ni nada por el estilo, él solo quería probar si sería capaz de hacerlo. Y lo había sido. Alguien, un alguacil supuso, lo cogió del brazo y lo levantó de la silla. Lo llevó por el pasillo del público, donde la doctora y el enfermero habían desaparecido, y lo sacó de la sala. Fuera miró a la cara a su acompañante. Era Abel. Se sacudió y consiguió liberarse de él. Salió corriendo por los pasillos del juzgado, esquivando a la gente. Se chocó contra una mujer y cayó al suelo. Al alzar la vista vio que no era más que un cadáver andante.

-Tú me mataste.

Se levantó de un salto y volvió a la carrera. A los lados del pasillo los muertos se congregaban, culpándole de su muerte. Consiguió llegar a la puerta de salida, pero Abel estaba en medio, con orejas y hocico de cerdo, roncando como siempre. Detrás los muertos se habían amontonado, formando una barrera de cadáveres. Se lanzó hacia “Abel”, lo agarró del cuello y apretó con todas sus fuerzas. Los ronquidos fueron perdiendo fuerza hasta que aquel ser dejó de respirar. Entonces las puertas se abrieron y la luz iluminó su rostro.

Se despertó en su habitación, estrangulando al celador. Entraron por la puerta dos miembros de seguridad con porras y le golpearon la cabeza. Germán soltó al celador y fue a la esquina, poniéndose en posición fetal para que no volvieran a pegarle. Los agentes le agarraron por los brazos y lo arrastraron por los pasillos, a la vista de los demás pacientes. La señora Medina le dijo a su hijo que sospechaba de Germán, nunca le había gustado. Lo encerraron en Aislamiento. Lo ataron a la cama de pies y manos y mientras Titre le hacía tragar las pastillas la doctora Iberu le contó qué le pasaría a continuación. No volvería a salir de esa habitación hasta nuevo aviso, sería controlado las 24 horas. Antes de marcharse la doctora se acercó a su oreja y le roncó tan fuerte como pudo.

 

Los días pasaban sin que él se diera cuenta. La habitación no tenía ventanas, solo podía guiarse por las rutinas de doctores y celadores. No le soltaban las manos ni para comer, un celador le ponía la comida en la boca. La doctora Iberu iba cada tarde a hacer terapia con él, le preguntaba siempre por qué lo había hecho, qué había sentido al hacerlo… Y no volvió a roncarle. Germán no paraba de preguntarse si había sido imaginación suya. Tuvo más sueños extraños, pero ninguno como el del juicio. Un par de veces se levantó en plena noche y vio una sombra en la esquina, observándole. Con los ojos rojos. Y esa vez sí que pudo oler el azufre.

 

-¿Seguro que está bien atado?

Germán abrió los ojos y vio que ya no estaba en su habitación. Estaba en una especie de quirófano, sentado en una silla atado con correas, incluso la cabeza. Titre le estaba que tuviera las piernas seguras, y cuando hubo acabado le hizo un gesto afirmativo a alguien a su espalda.

-Perfecto, ya podemos empezar.

De detrás apareció la doctora Iberu, con una máscara de cirujano y una aguja enorme en la mano. El enfermero le metió unas pastillas en la boca y se apartó, sonriendo. Se colocó en la esquina de la habitación, sacó un móvil de su bolsillo y se puso a grabar.

-Te estarás preguntado qué haces aquí, ¿verdad? Bien, lo que está claro es que eres un criminal y mereces ser castigado. En eso estás de acuerdo, ¿o no? -Germán se quedó quieto, sin pestañear siquiera-. Puedes responder, que no te vamos a morder. De momento. A lo que íbamos, te hemos traído aquí para castigarte nosotros. El infierno es un sitio duro, pero creemos que no lo ha sido lo suficiente contigo.

En ese momento Germán notó como las paredes cambiaban de color y se volvían rojas, al igual que los ojos de la doctora y el enfermero. Volvió a oír las voces que lo culpaban. Intentó gritar, pero ningún sonido salió de su boca.

La doctora se acercó a él y le chupó la cara. Colocó la gran aguja sobre su párpado derecho, aún húmedo, y el enfermero le pasó un pequeño martillo.

-Tranquilo, no te va a doler.

Golpeó la aguja con el martillo y le atravesó la cuenca del ojo. Sí que dolió. Al menos esta vez pudo gritar. Notaba una gota de sangre que caía de la herida y se deslizaba hasta su boca. El enfermero estaba riendo y le gritaba a la doctora que continuara. La doctora volvió a tirar el martillo hacia atrás para coger impulso, pero en ese momento se oyeron golpes en la puerta.

-Mierda.

El enfermero soltó el móvil y sacó un bisturí de su bolsillo. La doctora se quedó detrás de la silla donde estaba Germán, con el martillo en las manos dispuesta a atacar. La puerta se vino abajo y un policía entró pistola en mano. Titre se lanzó contra él y le clavó el bisturí en la mejilla. Otro policía apareció tras el primero y abrió fuego contra el enfermero. Los demás agentes entraron en tromba, esposaron a la doctora después de que intentara estampar el martillo en sus cráneos y liberaron a Germán, que aún tenía la aguja atravesándole.

 

-Esos dos criminales no eran más que eso. Ni siquiera eran personal de este hospital, no sabemos aún cómo consiguieron colarse y que nadie les pillara. Hemos encontrado en su organismo trazas de una nueva droga, Novo. Creemos que se la llevan dando una temporada, de ahí el extraño comportamiento que ha tenido. ¿Me está oyendo?

Germán soltó un gruñido cuando la inspectora le tapó la televisión. Estaba viendo Peppa Pig, y le encantaba. La inspectora continuó hablándole, contándole cómo habían hecho lo mismo con otros pacientes, Abel entre ellos, pero al final dejó de intentarlo al ver que no reaccionaba. Lo dejó allí, en su silla de ruedas, viendo los dibujos y gruñendo hasta que se acabó el tiempo de ocio.

Guillermo Domínguez