52 Retos·Guille·Relatos

#41 Ceniza

Escribe una historia con lo que haría un personaje que sabe que le queda una semana de vida.

 

LUNES:

El cigarro le abrió los pulmones y el vaso de whisky le despertó la mente. No dejó de mirarse la mano izquierda en ese rato. Se guardó la pistola en el cinto, se aseguró de tener su placa a buen recaudo y fue a la habitación, donde tapó con la sábana a la mujer que dormía desnuda en la cama y se despidió en un susurro sin que ella se enterara.

Ya en el coche revisó el mensaje que había recibido de su compañera y se dirigió en dirección a la escena del crimen. Cuando llegó la zona ya estaba precintada y la multitud se agolpaba para ver algo. Qué iban a ver, si lo único que quedaba de la víctima era una mancha chamuscada en el suelo.

-Por fin te dignas a aparecer, compi -dijo Ariel, su compañera, que tenía una taza de café en la mano-.

-Se me han pegado las sábanas, no he dormido demasiado bien.

-¿Quieres que te dé algunas hierbas que pueden ayudarte con el insomnio?

-No. ¿Qué tenemos aquí?

-Varón caucásico de 13 años…

-Joder.

-Y que lo digas. Padre licántropo y madre mortal. La víctima aún no había presentado muestras de portar los genes licántropos. Estaba echando unas canastas solo cuando despareció. La madre estaba viendo la tele y dice que vio una extraña luz azul reflejada en la pantalla, pero eso es todo. El padre estaba en el sótano encadenado, anoche fue luna llena. Ya verás qué guapo es el padre.

Atravesaron el el jardín, que aún tenía el cartel de “Voten a Van Alucard”, y Ariel abrió la puerta. En el piso de arriba se oían pasos, que supuso que eran de los forenses en la habitación de la víctima. Después tendrían que pasarse. En el comedor estaban los padres, y por poco le entra una arcada al ver al marido. Tenía todo el cuerpo desfigurado: la mitad izquierda de la cabeza era una masa amorfa de carne y pelos, con unos colmillos prominentes se asomaban por su enorme boca. El brazo izquierdo descansaba en un cabestrillo y en el derecho se veía un atisbo de garras en la peluda mano. Estaba encorvado y aunque por culpa de los zapatos ortopédicos que llevaba no se veían sus pies, se intuían unas pezuñas. Ya había visto un par de veces a gente como él, pero solo por la televisión. En persona era más horroroso. Por lo que había entendido de ese documental, la malformación se debía al uso de cadenas de plata defectuosas, que paraban la metamorfosis a la mitad, dejándoles en ese estado. Y encima era irreversible.

-Hola, soy la inspectora Adriana Melas, encargada de este caso -dijo ella mientras le daba la mano al matrimonio-. Creo que ya conocen a mi compañera.

Ariel les sonrió y los padres asintieron con la cabeza. Melas se sentó en uno de los sillones, sacó su pequeña libreta y empezó a hacerles preguntas sobre su hijo. Se llamaba Bobby y era un chico normal (lo recalcaron varias veces). No tenía ningún enemigo que supieran, en el colegio se llevaba bien con todo el mundo. Melas les preguntó si alguna vez les habían echado algún mal de ojo a ellos o a algún antepasado.

-Se han dado casos de maldiciones incluso a la cuarta generación -aclaró ella-.

Los padres lo negaron. Siguieron así un rato sin sacar nada en claro, por lo que las inspectoras se levantaron, se despidieron por el momento y fueron al recibidor.

-¿Por qué le echas las culpas a la brujas? -preguntó Ariel, con la cara roja-.

-No le echo la culpa a nadie, solo quiero estar segura de todas las posibilidades.

-Pues para tu información no ha sido ninguna bruja, lo sé. Sé de lo que somos capaces y esto es otra cosa, no lo había visto nunca.

-Entonces tendremos que ponernos las pilas. Tú ves a la habitación de la víctima que yo iré a hablar con el forense.

-Está bien.

Melas salió y se plantó al lado del forense, que estaba agachado y sacando muestras de la mancha del suelo. Esperó a que metiera el bastoncillo en la bolsa para preguntarle. Él dijo que no había visto nunca nada parecido, aunque quizá descubriera su origen tras analizarlo debidamente. La inspectora le preguntó en un susurro si había alguna posibilidad de que fuera alguna clase de brujería.

-He usado un detector mágico y ha salido negativo, pero eso no quiere decir que no hayan descubierto alguna manera de camuflar su magia o algo por el estilo -confesó el forense-. De momento no podemos descartar nada.

La inspectora interrogó a un par de vecinos curiosos que aún vigilaban la escena del crimen tras la cinta policial, pero ninguno tenía información relevante. La inspectora sacó un cigarro del paquete de su bolsillo, lo encendió y espero en el porche a que saliera Ariel. Durante ese rato mantuvo su mano izquierda bajo la pantorrilla, para no pensar todo el rato en ella. “Putas brujas” pensó, aun sabiendo que ese comentario era injusto.

Su compañera salió unos minutos más tarde y se sentó a su lado. Le dijo que la habitación era normal, no había nada fuera de lo normal para un adolescente, incluso le pillaron varias páginas porno en el portátil.

-Lo único raro era que la habitación entera olía a albahaca. Hemos preguntado a los padres y dicen que es normal, el niño siempre ha olido así.

-Qué curioso…

Subieron a sus coches y fueron a la comisaría, donde se pasaron la tarde entera tras sus escritorios rodeadas de papeleo y realizando diferentes llamadas. Concertaron una cita con la directora del instituto de la víctima para ir al día siguiente, querían hablar con sus profesores y revisar las cámaras. Cuando se hizo tarde Melas guardó los informes que aún le quedaban por rellenar en el escritorio, se despidió de Ariel y volvió a su casa. Allí se encontró con Vanessa en albornoz y una copa de vino en la mano. Le dio un beso en la boca.

-Acabo de llamar a un chino, no sabía si llegarías a tiempo -dijo Vanessa mientras le llenaba una copa a Ariadna-.

-Yo tampoco lo sabía… Pero tranquila, que mañana te prometo que cocino yo.

-¿Sí? Hace mucho que no preparas ninguno de tus platos estrella, ya lo echaba de menos.

Después de cenar se dieron un beso y se despidieron: mientras Adriana se iba a dormir para estar fresca por la mañana, Vanessa se encerró en su despacho para acabar de preparar el juicio del día siguiente. Ya en la cama, Adriana se quedó mirando el techo volviendo a repasar todo lo que había visto ese día. Se durmió con la imagen del asfalto quemado en su cabeza.

 

MARTES:
A la mañana siguiente se despertó sola en la cama, con una nota de Van en la mesilla deseándole buenos días. Sonrió y bajó a la cocina, donde había una cafetera hecha. Tras llenarse un vaso y mezclarlo con whisky desayunó en un suspiro y se metió en el coche. Esta vez ella fue la primera en llegar, por lo que se adelantó a Ariel y entró en el colegio. En secretaría le dijeron que la directora la estaba esperando.

Cuando entró en el despacho la directora la miró de arriba a abajo tras sus gafas y le estrechó la mano.

-Siéntese, inspectora. ¿No venía con usted su compañera?

-Se ha retrasado, lo siento. Y lamento lo de su alumno.

-Es una pérdida terrible. Por si se lo estaba preguntando: no, su comportamiento no había cambiado ni tenía ningún “enemigo” (normal a esa edad).

-¿Podría hablar con el profesorado y sus compañeros de clase?

-No creo que haga falta. Le he preparado las grabaciones de seguridad de las últimas semanas.

Desde la masacre del año pasado lo grabamos absolutamente todo.
Adriana se acordaba de ello. Un niño había entrado a su clase armado con estacas y un machete y había atacado a sus compañeros de clase, a los mágicos. Murieron dos vampiros, una bruja y un mortal. Tras el escándalo los políticos habían asegurado que se implantarían medidas de seguridad para que no pasara, esa había sido una de las principales promesas electorales de Van Alucard, “el primer presidente vampiro”.

La directora sacó de su cajón un USB y se lo entregó a la inspectora. Se despidieron y Adriana abandonó el despacho. En secretaría se encontró a Ariel, que estaba gritándole al secretario.

-¿Tanto costaba esperarme? Fui yo quien te llamó ayer -le decía Ariel, que en ese momento se giró y vio a su compañera-. Eso va sobre todo por tí. Joder, ni que hubiera tardado una hora.

-Tenía prisa.

-¿Prisa? -le preguntó mientras salían del edificio-. Estaba en la farmacia, necesitaba mis hormonas, ¿sabes? O lo sabrías si alguna vez preguntaras, pero no, a tí solo te importas tú misma.

-Eso es mentira. ¿Quieres saber por qué no podía esperar? Porque me estoy muriendo.

-¿Qué?

-Bueno, no está claro aún. El otro día una bruja me leyó la mano y me dijo que me quedaba solo una semana de vida.

-Joder -dijo Ariel cogiéndole la mano a su compañera-. ¿Estás segura de que dijo la verdad? No todas tenemos el poder de leer la mano.

-Ni idea Fui después de tomar unas copas, aún no sé ni por qué entré.

-¿Y cuándo fue esto?

-El jueves pasado…

-Mierda. Entonces, si suponemos que lo dijo es real, te quedan solo dos días.

-Lo sé.

-¿Y por qué no me lo habías dicho antes?

-No es personal, no se lo he dicho aún a Van.

-Joder, Adri, tienes que decírselo. Vete, anda. Yo te cubriré en la comisaría y revisaré todos estos videos.Pero por favor, no vuelvas a dejarme tirada otra vez.

-Gracias, te debo una. Aunque, quién sabe, quizá muero antes de poder devolverte el favor -le guiñó un ojo y se subió su coche-.

-¡No bromees con estas cosas, joder!

En vez de volver a casa, Adriana se fue al mercado. Después de hacer cola detrás de un golem verdaderamente lento, consiguió todo lo que necesitaba para la cena de esa noche.

Cuando Van entró en casa se encontró con que solo estaba iluminada por un par de velas sobre la mesa, en la que la estaba esperando Adriana con una botella de su vino favorito en las manos. Cenaron tranquilamente, Van le explicó que el caso había sido un éxito, la compañía petrolera tendría que pagar varios millones a las sirenas cuyos hogares habían sido destruidos tras el derrame. Van creía que después de esa victoria podría su nombre podría estar junto a los de los grandes jefes de su bufete.

-Imagínate, con ese ascenso podríamos plantearnos de verdad la adopción. Yo cobraría más y tendría más tiempo libre. ¿Te lo puedes creer? Después de tantos años…

-Pero aún no es seguro el ascenso, ¿no? Será mejor que no nos hagamos ilusiones, cariño.

-Supongo que tienes razón.

Dejaron los platos sin fregar sobre la pica y se pusieron a ver la tele abrazadas en el sofá. Al principio pusieron las noticias, pero al ver la cantidad de desgracias del mundo pasaron a una vieja comedia que ya habían visto mil veces. Necesitaban esos momentos de paz, sin pensar en muerte y destrucción. Al cabo del rato Van se quedó dormida y Adriana la cogió en brazos y la dejó en la cama. Antes de irse ella también a dormir revisó su móvil y vio que tenía varios mensajes de Ariel, que le decían que al día siguiente iría una médium a la escena del crimen. Adriana odiaba esas médiums, sobre todo después de la última adivina, pero no podía negar que conseguían resultados. Llegaría el día en el que los policías serían sustituidos por brujas, ya había empezado con Ariel, aunque ella no tenía demasiados poderes. ¿Sería por su cuerpo de hombre? Siempre se había creído que la magia de pasaba solo entre las mujeres, y ahora parecía que no estaba en los genes, sino en algo oculto. Pero no quería pensar más en eso. Adriana se metió en la cama, abrazó a Van por la espalda y se quedó dormida.

 

MIÉRCOLES:

-Por favor, aléjense un poco. Sí, así está bien.

La bruja se encontraba en un círculo de tiza, siendo la mancha del suelo el centro. Fuera había dibujado todo de símbolos que, según Ariel, conectaban este mundo con el de los espíritus, a la espera de que la víctima pudiera hablar con ellos. Aquella señora empezó a mover las manos llenas de anillos en el aire y a susurra en un idioma que Adriana jamás había oído. Poco a poco fue aumentando el volumen, hasta que de pronto cayó y se quedó mirando la mancha, inmóvil.

-Veo algo. No sé qué es, no parece del otro lado. Hay luces por todas partes. Espera, parece que hay alguien aquí.

Los padres de la víctima, que estaban observandolo todo desde el porche, se abrazaron.

-No, no es alguien. Algo. Veo un tentáculo. Y unos ojos amarillos que me miran. No sé qué es, pero tiene pinta de conocernos a nosotros. Me… me está viendo. Habla en un idioma extraño. No lo entiendo, pero no paran de repetir una palabra. Bo… No lo sé. Y huele raro, como a albahaca.

La madre soltó un respingo y se acercó al círculo, mientras Adriana grababa todo con su móvil.

-Me equivocaba, no me mira a mí -la médium se giró y se plantó ante Adriana, que le vio los ojos blancos que la miraban-. Te mira a tí. Puedo olerlo, sí, pero no está contigo. Alguien cercano a tí tiene la marca de la albahaca.

En ese momento la bruja cayó de rodillas y de sus ojos empezó a salir sangre. Adriana se lanzó a por ella pero Ariel la apartó.

-No puedes entrar en el círculo, déjame a mí.

Ariel cogió un pañuelo de su bolsillo y limpió lo más rápido que pudo algunos de los símbolos. Mientras la médium convulsionaba en el suelo sobre la mancha y gritaba sin parar.

-¡BODE!

 

JUEVES:

El día había llegado. Cuando Adriana se despertó ni siquiera le dio un beso a Van, como solía hacer. No podía tocarla sin saber si sería el último día que pasara junto a ella.
Después del fracaso sesión de espiritismo Adriana le había dicho a Ariel que se tomaría la mañana siguiente libre, necesitaba ir al médico. Ariel lo entendió y le dijo que no se preocupara, que seguramente se pasaría la mañana en el hospital junto a la médium, a ver si se despertaba del coma.

En la consulta, su doctora le preguntó a qué venía tanta preocupación por su salud cuando hacía años que no pasaba por allí, pero Adriana no pudo responder. Le hizo todo tipo de pruebas, sin encontrar nada extraño.

-Lo único es que tienes te tienes que cuidar más, tienes la tensión algo alta. Quizá reducir poco a poco el consumo de alcohol y tabaco funcionaria. Si quieres puedo ayudarte en eso, puedo darte unos trípticos y…

-Gracias, doctora, pero no hace falta.

Al salir de allí llamó a Ariel, que le dijo que acababa de salir de una reunión con la del Aquelarre de la ciudad para hablar sobre lo que había pasado el día anterior.

-Ninguna lo entiende. A veces hay problemas: el espíritu posee a la bruja o se escapa a nuestro mundo, cosas así. Pero es que ni siquiera entienden lo que significa Bode, y eso que hay algunas que solo se dedican a comprender el lenguaje del mundo. Por suerte han aportado algunas teorías. Hay una bruja que cree que se trata de dioses antiguos, aunque no ha sabido decirme nada más. En lo que han coincidido todas es de que vayamos con cuidado, tenemos algo muy chungo entre manos.

-Joder. Bueno, ahora iré a la comisaría y allí podremos discutir…

-No. Tú te quedas en casa. No sabemos si te pasará algo, pero hay menos oportunidades de que te pase si estás en casa. Como te ves por la comisaría te caerá una buena.

-Bueno, vale…

-Así me gusta. Y tranquila, que si descubro algo más te llamaré.

Adriana se metió en el coche y volvió a su casa. Se sorprendió a ver a Van en el porche, cuando debería estar en el bufete hasta tarde. Estaba mirando el cielo, moviendo la pierna con nerviosismo. Ni siquiera vio a Adriana hasta que la tenía delante.

-¡Cariño! Me has asustado. ¿Qué haces aquí?

-Lo mismo podría preguntarte a ti. Yo me he tomado la tarde libre. ¿Y tú? -dijo Adriana mientras subía al porche y abría la puerta. Al pasar al lado de su pareja se dio cuenta de que olía a albahaca.-.

-Lo mismo. Y me quedo aquí un rato, cariño, entra tú.

-¿Y eso?

-No sé, me apetece. Ahora en nada entraré.

Del cielo surgieron unas luces azules entre las nubes. Van bajó del porche y se plantó en el jardín, donde una de las luces descendió y la envolvió por completo.

-¡Vanessa!

Adriana la siguió y se lanzó a por ella, pero una extraña fuerza absorbió a Van. Solo quedó una mancha donde antes había estado ella. Adriana se quedó mirando al cielo y gritando su nombre, respirando agitadamente, hasta que el brazo izquierdo le empezó a doler. Se llevó una mano al pecho y cayó de rodillas. Lo último que vio fue su mano izquierda.

Guillermo Domínguez

 

52 Retos·Guille·Relatos

#9 Consulta

Escribe un relato que integre las palabras ‘luz’ y ‘cuadro’ como elementos relevantes del argumento.

 

(Consulta de una psicóloga. Está sentada en una butaca con un bloc de notas en la mano. La paciente está estirada en el diván, entre ellas hay una mesa con varias varas de incienso. Detrás de la psicóloga hay un cuadro de un prado con un carnero en él.)

PACIENTE: La verdad es que no sé cómo empezar. Es mi primera vez, ¿sabes? Mi hermana me recomendó que viniera a su consulta después de… Y aquí estoy. Me gusta el toque del incienso, por cierto. ¿Debo empezar por mi infancia? ¿O prefiere que me centre en por qué estoy aquí?

PSICÓLOGA: Usted es quién decide. Hableme de lo que quiera, sin miedo. No voy a juzgarla, ese no es mi trabajo.

PACIENTE: Está bien. Bueno, empezaré por cuando era pequeña, me será más fácil. Yo siempre fui una niña bastante inteligente, pero a mis padres nunca les parecía suficiente. Ellos solo tenían ojos para mi hermana. Hiciera lo que hiciera nunca era suficiente para ellos. Su hijita pequeña era lo único en sus vidas. Esto se queda entre nosotras, ¿verdad? No quisiera que ella se enterara… Sigue leyendo “#9 Consulta”

Marina·Relatos

Un pequeño error

Una escuela cualquiera en la Tierra

Miércoles 08:55

Marta saludó con alegría a sus compañeros. Tenían un nuevo juego: no hablaban en voz alta y se comunicaban en secreto. Era muy divertido. Sabían todo lo que pensaban los profes y podían usarlo en su favor. Como con Claudia, la aburrida profe de historia. Había sido mala con la mamá de Lidia, así que la habían castigado y no había vuelto al cole. Ahora planeaban castigar a Marcos, el profe de gimnasia, por haberse reído de la barriga de Leo la semana anterior. Ese nuevo juego era genial.

Una de las salas de control en Bode

Trijornada 45.67

Z14 observó la pantalla con asombro y abrió ligeramente la boca, casi como si pretendiera soltar una exclamación sin atreverse a llevarla a cabo. Volvió a cerrar la boca y se puso a teclear con locura. Dos minutos más tarde su miedo se confirmaba y se pasó el tentáculo derecho por el rostro. Cogió la pantalla de desacoblación con la información y sin decir nada se la entregó a su superior. Las ventosas de este se contrayeron y sus cuatro ojos amarillentos lo fulminaron.
-¡Z14, esto es intolerable! -profirió sin ningú disimulo. El resto del equipo se giraron ipso facto con sorpresa -¡Intolerable! -repitió.
-No sé… No sé cómo ha podido pasar -la voz apenas le salía en un hilillo. Algunos compañeros se dirigieron una mueca de burla al verlo meter la pata de nuevo -. Por lo visto no revisaron el historial médico.
-¿Y cómo pudo pasar por el escáner?
-No… No lo sé… Sigue leyendo “Un pequeño error”

52 Retos·Guille·Relatos

#31 Tour

Escribe una historia que incluya las palabras: “billete”, “magia” y “sordo”.

-Hola a todos y bienvenidos a esta nuestra nave. Antes de empezar me gustaría agradecerles que hayan contratado nuestros servicios y deseo que pasen una buena velada.

La sonriente mujer apretó un botón de su brazalete y las puertas que tenía detrás se abrieron. Los visitantes avanzaron hacia el pasillo que se abría ante ellos y muchos empezaron a tomar “fotografías” con sus distintos aparatos tecnológicos. Había seres de toda clase en ese grupo, desde los plutonianos con sus tentáculos a las nebulosas de gas del planeta Miuleh. Todos tenían sus chips traductores, que les permitía entender el perfecto inglés de la guía (excepto los gases, que no tenían forma sólida, lo que les hacía ser sordos, mudos, ciegos… pero con una capacidad telepática que hacía que no necesitaran nada más).
La guía les llevó hasta una sala de proyección, en la que cada uno de ellos se sentó en una butaca (a excepción de los tres seres gaseosos, que se limitaron a flotar por encima de todos ellos) y esperaron a que empezara el espectáculo.
Las luces se fueron apagando hasta que la sala quedó a oscuras, menos por una gran esfera que apareció de la nada delante de ellos.
-Esta es la Tierra -la guía estaba de pie al lado de la proyección, a la que ya empezaba a verse el color azul a medida que iba creciendo delante de los espectadores-. Nosotros la encontramos hace miles y miles de años, cuando no era más que un páramo desierto, a excepción de la vida marina.

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#23 Aula

Comienza un relato con: “Nada, no le queda nada”.

Nada, no le queda nada. El padre vuelve a mirar el pequeño armario sin encontrar ningún antipirético, otra vez. Se maldice por no haber comprado desde la última vez y vuelve al comedor, donde el niño está estirado en el sofá, tiritando.

-Lo siento, Adel, no queda ningún medicamento. Ahora le enviaré un mensaje a tu madre, a ver si puede comprar algo de camino. Si llega pronto…
-Papá, no pienses esas cosas de mamá. Seguro que está trabajando.
-¿Qué?
-Nada, da igual…
La profesora había llamado a su padre por la tarde, cuando vio que el niño estaba tiritando aun con la chaqueta puesta. Temía que si se quedaba mucho rato allí los demás niños se contagiaran y acabaran todos con una pasa. Otra más. Dos semanas antes había habido gastroenteritis para todo el mundo, incluso para la profesora. Poco después el padre lo fue a buscar y se lo llevó a casa.
Adel está mirando los dibujos envuelto en su manta favorita cuando llega su madre, que sí ha traído los medicamentos. Parte una pastilla por la mitad y el niño se toma las dos con el vaso con sus dibujos favoritos estampados. Después de cenar un poco se va a la cama pronto, ya con mejor cara. Está esperando que al día siguiente pueda ir a clase, porque va a ir el papá de Lidia a hablarles de cómo es su trabajo de doctor.

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#23 Aula

Comienza un relato con: “Nada, no le queda nada”.


Nada, no le queda nada. El padre vuelve a mirar el pequeño armario sin encontrar ningún antipirético, otra vez. Se maldice por no haber comprado desde la última vez y vuelve al comedor, donde el niño está estirado en el sofá, tiritando.

-Lo siento, Adel, no queda ningún medicamento. Ahora le enviaré un mensaje a tu madre, a ver si puede comprar algo de camino. Si llega pronto…

-Papá, no pienses esas cosas de mamá. Seguro que está trabajando. 

-¿Qué?

-Nada, da igual…

La profesora había llamado a su padre por la tarde, cuando vio que el niño estaba tiritando aun con la chaqueta puesta. Temía que si se quedaba mucho rato allí los demás niños se contagiaran y acabaran todos con una pasa. Otra más. Dos semanas antes había habido gastroenteritis para todo el mundo, incluso para la profesora. Poco después el padre lo fue a buscar y se lo llevó a casa.

Adel está mirando los dibujos envuelto en su manta favorita cuando llega su madre, que sí ha traído los medicamentos. Parte una pastilla por la mitad y el niño se toma las dos con el vaso con sus dibujos favoritos estampados. Después de cenar un poco se va a la cama pronto, ya con mejor cara. Está esperando que al día siguiente pueda ir a clase, porque va a ir el papá de Lidia a hablarles de cómo es su trabajo de doctor.

Su padre le despierta y le toma la temperatura, esta vez dando uno valores normales. Le pregunta si se encuentra bien y el pequeño dice que sí, mostrándole todos los dientes (incluso los que ya le habían caído) en señal de buena fe.

La profesora mira el reloj embelesada, esperando a sus alumnos. Nada más llegar le ha llamado Marcos diciendo que no puede ir, que Lidia está con fiebre desde ayer por la noche. Pero eso ahora no es lo más importante… Esa mañana al mirar el calendario ha visto la fecha y se ha echado a llorar. Tras tomarse un antidepresivo se ha vestido y ha ido directa a la escuela.
-Vamos, profe, no estés triste. Seguro que él está en el cielo.
Ella se gira y ve a Alberto con cara triste, mirándola a los ojos. Siempre es el primero en llegar, vive a tan solo dos manzanas de las escuela y sus padres le tienen que dejar pronto antes de ir a trabajar.
-¿Qué has dicho, Alberto?
-Me ha oído bien, profe.
El niño se gira y se sienta en su pupitre, en la tercera fila. Poco a poco van entrando los demás niños, pero faltan muchos, la pasa ya se ha extendido. La profesora se queda mirando a Alberto, que está hablando con Adel, su compañero de pupitre, y se ríen de cosas que no puede oír bien. Está convencida que Marcos se ha ido de la lengua y le ha dicho a los demás padres lo de su marido. En cuanto acaben las clases va a tener una charla con él.
Espera un par de minutos más a ver si llega algún otro alumno, pero la puerta no se vuelve a abrir.
-Bueno, niños, como podéis ver Lidia no ha podido venir, está malita, así que su padre tampoco puede venir a darnos la charla. Esperemos que Lidia se cure pronto para que…
-¿Para que pueda volver a acostarse con su padre? Sigue leyendo “#23 Aula”

52 Retos·Guille·Relatos

#34 Turista

Escribe un relato de un animal como protagonista que actúa de narrador contando las costumbres raras que tienen los humanos.
Me parece que incluso puedo oler los astros. Mi nariz no deja de sentir cosas que no había percibido en mi vida. Incluso con esta correa en el cuello me siento más libre que nunca en esta tierra tan maravillosa. Aunque debo decir que la vista no es demasiado buena, todo está en blanco y negro, espero que mejoren la calidad con el tiempo.
Voy paseando junto al guía cuando uno de ellos se para delante de nosotros. Le da la mano a mi “amo” y empiezan a discutir sobre el tiempo y política. Yo le miro embelesado, viendo como mueve las manos caóticamente mientras suelta alguna que otra gota saliva de la boca de la emoción. El hombre agacha un momento la cabeza y me ve observándole.
-Qué perro tan bueno tienes. No sé cómo lo has hecho pero siempre te obedece. ¡Ojalá mis hijos fueran iguales!
Y empieza a soltar ruidos raros por la boca mientras cierra los ojos y parece que le dan espasmos. Cuando deja de hacer eso se agacha y acaricia mi pelaje, al que aún no me he acostumbrado.

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