52 Retos·Guille·Relatos

#31 Tour

Escribe una historia que incluya las palabras: “billete”, “magia” y “sordo”.

-Hola a todos y bienvenidos a esta nuestra nave. Antes de empezar me gustaría agradecerles que hayan contratado nuestros servicios y deseo que pasen una buena velada.

La sonriente mujer apretó un botón de su brazalete y las puertas que tenía detrás se abrieron. Los visitantes avanzaron hacia el pasillo que se abría ante ellos y muchos empezaron a tomar “fotografías” con sus distintos aparatos tecnológicos. Había seres de toda clase en ese grupo, desde los plutonianos con sus tentáculos a las nebulosas de gas del planeta Miuleh. Todos tenían sus chips traductores, que les permitía entender el perfecto inglés de la guía (excepto los gases, que no tenían forma sólida, lo que les hacía ser sordos, mudos, ciegos… pero con una capacidad telepática que hacía que no necesitaran nada más).
La guía les llevó hasta una sala de proyección, en la que cada uno de ellos se sentó en una butaca (a excepción de los tres seres gaseosos, que se limitaron a flotar por encima de todos ellos) y esperaron a que empezara el espectáculo.
Las luces se fueron apagando hasta que la sala quedó a oscuras, menos por una gran esfera que apareció de la nada delante de ellos.
-Esta es la Tierra -la guía estaba de pie al lado de la proyección, a la que ya empezaba a verse el color azul a medida que iba creciendo delante de los espectadores-. Nosotros la encontramos hace miles y miles de años, cuando no era más que un páramo desierto, a excepción de la vida marina.

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52 Retos·Guille·Relatos

#23 Aula

Comienza un relato con: “Nada, no le queda nada”.

Nada, no le queda nada. El padre vuelve a mirar el pequeño armario sin encontrar ningún antipirético, otra vez. Se maldice por no haber comprado desde la última vez y vuelve al comedor, donde el niño está estirado en el sofá, tiritando.

-Lo siento, Adel, no queda ningún medicamento. Ahora le enviaré un mensaje a tu madre, a ver si puede comprar algo de camino. Si llega pronto…
-Papá, no pienses esas cosas de mamá. Seguro que está trabajando.
-¿Qué?
-Nada, da igual…
La profesora había llamado a su padre por la tarde, cuando vio que el niño estaba tiritando aun con la chaqueta puesta. Temía que si se quedaba mucho rato allí los demás niños se contagiaran y acabaran todos con una pasa. Otra más. Dos semanas antes había habido gastroenteritis para todo el mundo, incluso para la profesora. Poco después el padre lo fue a buscar y se lo llevó a casa.
Adel está mirando los dibujos envuelto en su manta favorita cuando llega su madre, que sí ha traído los medicamentos. Parte una pastilla por la mitad y el niño se toma las dos con el vaso con sus dibujos favoritos estampados. Después de cenar un poco se va a la cama pronto, ya con mejor cara. Está esperando que al día siguiente pueda ir a clase, porque va a ir el papá de Lidia a hablarles de cómo es su trabajo de doctor.

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52 Retos·Guille·Relatos·Sin categoría

#23 Aula

Comienza un relato con: “Nada, no le queda nada”.


Nada, no le queda nada. El padre vuelve a mirar el pequeño armario sin encontrar ningún antipirético, otra vez. Se maldice por no haber comprado desde la última vez y vuelve al comedor, donde el niño está estirado en el sofá, tiritando.

-Lo siento, Adel, no queda ningún medicamento. Ahora le enviaré un mensaje a tu madre, a ver si puede comprar algo de camino. Si llega pronto…

-Papá, no pienses esas cosas de mamá. Seguro que está trabajando. 

-¿Qué?

-Nada, da igual…

La profesora había llamado a su padre por la tarde, cuando vio que el niño estaba tiritando aun con la chaqueta puesta. Temía que si se quedaba mucho rato allí los demás niños se contagiaran y acabaran todos con una pasa. Otra más. Dos semanas antes había habido gastroenteritis para todo el mundo, incluso para la profesora. Poco después el padre lo fue a buscar y se lo llevó a casa.

Adel está mirando los dibujos envuelto en su manta favorita cuando llega su madre, que sí ha traído los medicamentos. Parte una pastilla por la mitad y el niño se toma las dos con el vaso con sus dibujos favoritos estampados. Después de cenar un poco se va a la cama pronto, ya con mejor cara. Está esperando que al día siguiente pueda ir a clase, porque va a ir el papá de Lidia a hablarles de cómo es su trabajo de doctor.

Su padre le despierta y le toma la temperatura, esta vez dando uno valores normales. Le pregunta si se encuentra bien y el pequeño dice que sí, mostrándole todos los dientes (incluso los que ya le habían caído) en señal de buena fe.

La profesora mira el reloj embelesada, esperando a sus alumnos. Nada más llegar le ha llamado Marcos diciendo que no puede ir, que Lidia está con fiebre desde ayer por la noche. Pero eso ahora no es lo más importante… Esa mañana al mirar el calendario ha visto la fecha y se ha echado a llorar. Tras tomarse un antidepresivo se ha vestido y ha ido directa a la escuela.
-Vamos, profe, no estés triste. Seguro que él está en el cielo.
Ella se gira y ve a Alberto con cara triste, mirándola a los ojos. Siempre es el primero en llegar, vive a tan solo dos manzanas de las escuela y sus padres le tienen que dejar pronto antes de ir a trabajar.
-¿Qué has dicho, Alberto?
-Me ha oído bien, profe.
El niño se gira y se sienta en su pupitre, en la tercera fila. Poco a poco van entrando los demás niños, pero faltan muchos, la pasa ya se ha extendido. La profesora se queda mirando a Alberto, que está hablando con Adel, su compañero de pupitre, y se ríen de cosas que no puede oír bien. Está convencida que Marcos se ha ido de la lengua y le ha dicho a los demás padres lo de su marido. En cuanto acaben las clases va a tener una charla con él.
Espera un par de minutos más a ver si llega algún otro alumno, pero la puerta no se vuelve a abrir.
-Bueno, niños, como podéis ver Lidia no ha podido venir, está malita, así que su padre tampoco puede venir a darnos la charla. Esperemos que Lidia se cure pronto para que…
-¿Para que pueda volver a acostarse con su padre? Sigue leyendo “#23 Aula”

52 Retos·Guille·Relatos

#34 Turista

Escribe un relato de un animal como protagonista que actúa de narrador contando las costumbres raras que tienen los humanos.
Me parece que incluso puedo oler los astros. Mi nariz no deja de sentir cosas que no había percibido en mi vida. Incluso con esta correa en el cuello me siento más libre que nunca en esta tierra tan maravillosa. Aunque debo decir que la vista no es demasiado buena, todo está en blanco y negro, espero que mejoren la calidad con el tiempo.
Voy paseando junto al guía cuando uno de ellos se para delante de nosotros. Le da la mano a mi “amo” y empiezan a discutir sobre el tiempo y política. Yo le miro embelesado, viendo como mueve las manos caóticamente mientras suelta alguna que otra gota saliva de la boca de la emoción. El hombre agacha un momento la cabeza y me ve observándole.
-Qué perro tan bueno tienes. No sé cómo lo has hecho pero siempre te obedece. ¡Ojalá mis hijos fueran iguales!
Y empieza a soltar ruidos raros por la boca mientras cierra los ojos y parece que le dan espasmos. Cuando deja de hacer eso se agacha y acaricia mi pelaje, al que aún no me he acostumbrado.

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